martes, 15 de enero de 2013

FRAGMENTO DE "LA REGENTA" EN ESTE BLOG

Hoy, quisiera dedicar el día a una de mis novelas favoritas, La Regenta.
He colgado un fragmento de esta inmortal novela en mi blog Un blog de época y he decidido aprovechar la ocasión para subir en este blog otro fragmento.
Éste se encuentra muy cerca del final. Ya ha quedado al descubierto la aventura que mantenían Ana Ozores, la protagonista con el autoproclamado Tenorio vetustiano Álvaro Mesía. El marido de Ana, Víctor Quintanar, reta a duelo a Mesía más para lavar su honor que por otra cosa. Mesía lo mata y huye a Madrid, dejando a Ana a mercerd de las críticas de los buitres carroñeros de la ciudad. Tras caer gravemente enferma y recuperarse gracias a los cuidados de su buen amigo Frígilis, Ana decide visitar la catedral, donde está El Magistral, su antiguo amigo Fermín De Pas, que siempre la ha deseado de manera carnal. La aventura de Ana con Mesía le ha vuelto también en contra de ella.
Veremos en este fragmento el tensísimo encuentro de Ana con De Pas en la catedral.

La Regenta, que estaba de rodillas, se puso de pie con un valor nervioso que en las grandes crisis le acudía y se atrevió a dar un paso hacia el confesionario.
Entonces crujió con fuerza el cajón sombrío,y brotó de su centro una figura negra,larga.Ana vio a la luz de la lámpara un rostro pálido, unos ojos que le pinchaban como fuego, fijos, atónitos como los del Jesús del altar.
El Magistral extendió un brazo, dio un paso de asesino hacia la Regenta, que horrorizada retrocedió hasta tropezar con la tarima. Ana quiso gritar, pedir socoro y no pudo, cayó sentada en la madera,abierta la boca,los ojos espantados, las manos extendidas hacia el enemigo, que el terror le decía que iba a asesinarla.
El Magistral se detuvo, cruzó los brazos sobre el vientre. No podía hablar, ni quería. Temblábale todo el cuerpo: volvió a extender los brazos hacia Ana ,dio otro paso adelante y después, clavándose las uñas en el cuello, dio media vuelta, como si fuera a caer desplomado, y con piernas débiles y temblonas salió de la capilla. Cuando estuvo en el trascoro, sacó fuerzas de flaqueza, y aunque iba ciego,procuró no tropezar con los pilares y llegó a la sacristía sin caer ni vacilar siquiera.
Ana, vencida por el terror, cayó de bruces sobre el pavimento de mármos blanco y negro; cayó sin sentido.

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