sábado, 28 de septiembre de 2013

SEGUNDA PARTE DEL PRÓLOGO DE "DARTMOOR HALL"

Hola a todos.
Sé que debía de haber subido ayer la última parte de mi relato corto Noche de bodas en Marshall Abbey. Pero se me complicaron las cosas y no pude subirlo.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros un nuevo trocito de mi otro relato anunciado: Dartmoor Hall. 
A través de los recuerdos de Melanie, iremos conociendo un poco mejor a su amiga Alexandra.

                          A solas en su habitación, Melanie releía las cartas que Alexandra le enviaba desde el convento. Le parecía que era todo mentira porque la Alexandra que Melanie recordaba no tenía nada que ver con aquella joven postulante.

                         Por primera vez en mi vida, me siento feliz. Se respira entre estos muros una tranquilidad desconocida para mí, Melly. Puedo caminar por sus corredores y me siento en paz conmigo misma. 

                      Melanie y Alexandra se conocían desde que ambas eran unas niñas y siempre habían estado muy unidas. Melanie era hija única y los dos hermanos mayores de Alexandra, Tyler y Nicholas, se convirtieron en una especie de hermanos mayores también suyos. Alexandra adoraba la magnífica mansión en la que vivían: Dartmoor Hall.

                     Me gusta fregar los corredores de rodillas. Mi madre dice que estoy loca cuando viene a verme. Hablamos en el locutorio. Apenas puedo verle la cara. Pero quiero pensar que ella está contenta porque me ve feliz. Soy feliz, Melly. 

                   Melanie se preguntó si Alexandra era sincera con ella en las cartas que le escribía. Como amiga suya que era, Melanie había pasado largas temporadas en Dartmoor Hall. Había llegado a sentir que aquel lugar era como una especie de segundo hogar para ella. Pensó en Alexandra. ¡Cuántos planes habían hecho! Dormían juntas en la misma habitación. Pasaban gran parte de la noche intercambiando confidencias. Haciendo planes de futuro. Serían presentadas en sociedad.
                  Melanie se dijo así misma que la vocación religiosa de Alexandra debía de ser sincera cuando había decidido ingresar en el convento. Melanie nunca había tenido vocación religiosa, pero sí era muy creyente.

                    Voy mucho a la capilla. Rezo mucho por mis padres. Le pido a Dios que los cuide. Y rezo también por mis hermanos. Tyler necesita que aparezca en su vida una buena mujer que le guíe y le cuide. Pienso que esa mujer podrías ser tú, Melly. Tyler te tiene mucho cariño. Aunque pueda parecerte un poco hosco, me consta que es un buen hombre. 

                   

                   Melanie suspiró.
                   Alexandra soñaba con verla casada con Tyler.
                  Pero Melanie sabía que eso era un imposible. Tyler era todo lo contrario que ella buscaba en un hombre. Tenía fama de ser un libertino. Y eso era algo que a ella no le gustaba nada.
                   Sólo la había besado en las mejillas. Pero ella no había sentido nada cuando él la besaba.
                   Tyler le había hablado no hacía mucho acerca de la posibilidad de casarse, pero Melanie se había negado en redondo. No quería casarse con él. Sabía que Tyler nunca le sería fiel.
                  Al llegar a la adolescencia, Alexandra quiso ser ella misma. Le gustaba ponerse los pantalones de sus hermanos y trataba de ayudar en lo que podía en las caballerizas de Dartmoor Hall. Su madre la regañaba por ello.
                   Alexandra siempre había sido diferente del resto de las chicas a las que Melanie conocía de la Escuela Para Señoritas. Siempre había sido franca en su manera de ser. Era sencilla. Igual que la tierra...Era ella misma. Y eso era algo que le gustaba mucho a Melanie. Las normas sociales no estaban hechas para ella. Melanie la admiraba porque deseaba ser igual que Alexandra. No lo era. ¿Qué había pasado?, se preguntaba Melanie. ¿Qué le había hecho tomar los hábitos?
                  Alexandra le hablaba de su vocación.

                  Me gusta pasar el día en el huerto trabajando. No me canso de agacharme a arrancar las malas hierbas. No me canso cuando tengo que arar la tierra. No me canso cuando tengo que agacharme a recoger la cosecha. A veces, me sorprendo a mí misma canturreando mientras arranco las malas hierbas. 
-Se la ve de buen humor, hermana-me dicen. 
                 Yo sonrío. 
                Siento los rayos de Sol dándome de lleno en la cara. 
-Dios hará que la cosecha de este año sea buena-aseguro-Ha llovido lo suficiente. No ha caído granizo. 
-Las temperaturas están siendo buenas-me dice una novicia. 
                


                      Mi querida Melly...
                      Como puedes ver, soy feliz. 
                      Me siento a descansar en una roca. Me seco el sudor que resbala por mi cara con un pañuelo. 
-¿En qué está pensando, hermana?-me pregunta una compañera mía. Es postulante. Igual que yo...- La veo pensativa. 
-Estaba pensando en la tranquilidad que se respira aquí-respondo. 
                    Esbozo una sonrisa. 
-¿No echa de menos a su familia?-me pregunta mi compañera-¿No piensa en sus padres? 
-Pienso mucho en mis padres-respondo-Pienso en mis hermanos. Los echo mucho de menos. 
                  La postulante deja de arar. 
                 Se sienta a mi lado a descansar. 
-A veces, pienso que es una suerte el no tener familia-me asegura-No tengo a nadie a quien echar de menos. 
                      Creo que tiene razón, Melly. 

                     Melanie dejó de leer. Le parecía imposible pensar que Alexandra era monja. ¡La loca de Alex! La recordaba correteando por el jardín en compañía de su hermano Tyler. Subiéndose a los árboles. Gritando mientras entraba corriendo en casa. No te conocía tanto como pensaba, se dijo Melanie. Alexandra había cambiado.
                      Pero no Melanie...
                      Seguía siendo igual. En su fuero interno, prefería no ser presentada nunca en sociedad. Le gustaba llevar una vida tranquila. Por supuesto, tenía sus sueños. Quería enamorarse. Quería casarse por amor.

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