miércoles, 14 de mayo de 2014

EL ÁNIMA

Hola a todos.
Queda muy poquito para finalizar El ánima. 
Si Dios quiere, espero terminarla esta semana.
En este fragmento, vemos cómo sigue la vida después del arresto de Anne.

                       A raíz de los comentarios agradables que le hacía, Anne comenzó a fijarse en Tristán. Era como si se hubiese enamorado de manera repentina de él, o quisiera pensar que estaba enamorada.
                      Todo esto lo pensó mientras la doncella que compartía con Ellen la ayudaba a vestirse. Anne era consciente de lo que le esperaba. 
-Tenga fuerza, señorita-la instó la doncella. 
                       Pero hacía mucho que las fuerzas habían abandonado a Anne. Su herida se estaba curando, pero debía de pagar un precio demasiado elevado por haber amado a Tristán. ¿En serio lo había amado de verdad? 
                      Lo cierto era que no soportaba haber perdido la admiración de Tristán. Y mucho menos por una muchachita como Ellen. Las mujeres como ella no podían despertar la pasión en los hombres. Y las mujeres como Anne habían nacido para ser deseadas.
            Pero tenía que reconocer Anne que en algunos aspectos no podía competir con Ellen. Ellen tenía quince dieciocho años. Poseía la frescura de la juventud. La inocencia que aún no se ha marchitado. Anne nunca fue una joven ingenua en muchos aspectos. Tuvo que sobrevivir. Un padre maltratador…Una madre débil…Y la amenaza constante de la ruina…Todo eso pendía sobre ella. Tuvo que espabilarse rápidamente. 
-Annie...-dijo Lucy, entrando en la habitación de su sobrina-Han venido a buscarte. 
-Déjame el pelo suelto-le pidió la aludida a su doncella-No quiero llevar moño. Quiero llevarlo suelto. 
-Sí, señorita-asintió la doncella. 
                       La frialdad de Anne en aquellos momentos destrozó a Lucy. Su sobrina parecía vivir ajena a todo lo que estaba pasando. Ésta no es mi Anne, pensó Lucy con dolor. Un dolor que compartía con su marido y con su hija. 

                       Desde el embarcadero, Ellen contempló cómo la barca se alejaba.
                       Dos detectives habían llegado procedentes de Kirkcaldy para llevarse consigo a Anne.
                       Desde el día en el que confesó que había asesinado a Déborah, Anne no había vuelto a abrir la boca. Ya había pasado una semana desde aquel día.
                       Anne tampoco articuló palabra en el momento en el que se presentaron los dos detectives en la casa para llevársela. Fue Thomas el que tuvo que realizar el viaje más duro de su vida al ir a Kirkcaldy con Gilbert y con lord Spencer para denunciar a su sobrina. Tanto Lucy como Ellen habían seguido cuidándola, incapaces de creerse todavía todo lo que había pasado. Pero, a pesar de que el cuerpo de Anne acabó sanando, su mente parecía estar destrozada.
                       Ellen la abrazó cuando los dos detectives se la llevaron esposada. Le dio un beso  en la mejilla. Entonces, creyó reconocer a su querida prima.
-¿Cómo te encuentras?-le preguntó Gilbert a Ellen cuando se acercó a ella en la playa.
-Todavía no me puedo creer todo lo que ha pasado-respondió la joven-No quiero ni pensar que mi querida prima Annie sea una asesina. Pero así es.
-Lo siento mucho. Yo lo único que deseaba era ayudar.
-No te preocupes. La verdad siempre acaba saliendo a la luz. Sólo siento que tenemos que convivir con este dolor durante el resto de nuestras vidas. Annie irá a parar a la cárcel. Eso será peor para ella.
-Lord Spencer no me ha dirigido la palabra desde que supo que fue tu prima quien mató a Déborah. Ya no me mira con tanto odio. El odio que albergaba hacia Tristán por a causa de Déborah.
-¿Era cierto que ella estaba embarazada?
-No lo sé. Tengo que enterarme. Su alma se encuentra en el Purgatorio. Y es muy raro. Las mujeres que mueren con sus hijos en su vientre no van nunca al Purgatorio. Por lo general, se quedan vagando cerca del lugar donde los dos murieron. Llevan a sus bebés en brazos. Posiblemente, Déborah nunca estuvo embarazada y sólo quiso el dinero de Tristán.
-Pero eso no justifica las numerosas canalladas que él cometió.
-En mi opinión, ese hombre no debería de estar en el Purgatorio, sino pudriéndose en el Infierno. Tanto Déborah como Annie fueron víctimas indirectas suyas. Las volvió locas.
-Y las dos lo han pagado demasiado caro. ¿Qué vas a hacer ahora?
                       Gilbert lo había tenido claro desde hacía mucho tiempo.
-Quedarme-contestó.
                        Su alma había encontrado un cuerpo en el que habitar. Ya no volvería a estar nunca más separado de Ellen.
                         Llenó de besos el rostro de la joven. Los dos se fundieron en un largo y cálido beso, intentando olvidar todo lo ocurrido durante los días pasados.



                      Al separarse, Ellen tuvo la sensación de que Gilbert y ella estarían siempre juntos.
-Todavía tengo que hablar con tus padres-dijo el joven-Y hablar con lord Spencer.
-No creo que lo entiendan-admitió Ellen-Aún es un poco pronto.
-Dentro de unos días, hablaré con ellos. Pero no puedo posponer mi charla con lord Spencer.
-¿Le vas a decir que no eres realmente Tristán?
-Es una historia demasiado disparatada. No creo que la entienda nunca. Pero él nota que Tristán está muy cambiado. No puede saber el qué es. No lo entendería nunca. Lord Spencer sólo cree en aquello que sus ojos ven. Pero le cegó el odio que le tenía a Tristán. 

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