sábado, 21 de junio de 2014

UN SABOR AGRIDULCE

Hola a todos.
Me he animado a escribir un nuevo trozo de Un sabor agridulce. Y también me he animado a subirlo a este blog.
Espero que os guste.

                              María Catalina acudió a la habitación de María Elena.
                              La joven se había acostado ya, pese a que eran las nueve de la noche, alegando que le dolía la cabeza y que prefería retirarse. La fiel Rosario se había sentado en una silla, junto a la cama de María Elena. Había preocupación en los ojos de la mujer. Una preocupación que no pasó inadvertida para María Catalina.
                           María Elena sentía que lo único que estaba causando era quebraderos de cabeza para su familia. Sus tíos ya habían ido a verla en dos ocasiones desde que se retiró a su habitación. Su tío habló de ir a buscar él mismo a un médico. María Elena alegó que su dolor de cabeza se le iría durmiendo. Quería pensar que estaba bien.
-¿Has pensado ya en lo que vas a hacer con Lorenzo?-le preguntó a María Catalina, recordando la conversación que habían mantenido el día antes.
                           El rostro de María Elena estaba muy pálido. Al mirar a su prima, María Catalina estuvo a punto de ahogar un grito. Se sentó en la cama, a su lado.
-No sé si debo de darle una oportunidad-respondió María Catalina-También me acuerdo de ti. De lo que sufriste al lado de Santiago.
-Lorenzo es el hermano menor de Santiago-admitió María Elena-Pero no se parece en nada a mi marido. Lorenzo es un buen muchacho y te quiere bien.
                         Rosario y María Catalina intercambiaron una mirada cargada de angustia.
-Lo único que deseo en estos momentos es que no sufras una recaída-dijo María Catalina-Hasta ayer mismo, te encontrabas bien. Ya salías a dar paseos conmigo. Quiero que estés bien para que puedas volver a montar a caballo.
                           María Elena sujetó las delicadas y delgadas manos de María Catalina.
                          La muchacha todavía llevaba puesto el mismo vestido de color blanco que había llevado puesto durante la cena.
-Las dos sabemos que eso no va a volver a pasar-se lamentó María Elena.
                         Se llevó a los labios las manos de su prima.
                        María Catalina se inclinó y besó a su prima en la frente. Se dio cuenta de que María Elena tenía algo de fiebre.
                         Se apartó de ella. Se puso de pie y se acercó a Rosario.
-Me temo que la enfermedad está volviendo a causar estragos en mi pobre niña-se lamentó la mujer.
-¡Por favor, no diga eso ni en broma!-le pidió María Catalina, alarmada.



                          María Catalina abandonó la habitación de María Elena.
                          Sentía que las fuerzas estaban a punto de fallarle. Se sujetó como pudo a la pared y se dijo así misma que lo que tenía María Elena era un simple dolor de cabeza. Con un poco de suerte, una noche de sueño reparador le haría mucho.
                          A la mañana siguiente, volvería a ser la misma María Elena activa que siempre había sido. Todo iría bien.
                            Lorenzo se dirigió a su habitación. Vio a María Catalina.
                           No hacía otra cosa más que pensar en lo bella que era. El moño en el que llevaba recogido su cabello negro estaba a punto de soltarse. Y sus ojos oscuros brillaban con honda preocupación.
-¿Te encuentras bien?-le preguntó, acercándose a ella.
                         María Catalina le miró sobresaltada.
-Tengo la sensación de que todo son problemas para mi pobre Cati-respondió la muchacha-Ella está enferma de nuevo.
-Sólo tiene un dolor de cabeza-le aseguró Lorenzo-No volverá a caer enferma de nuevo. Ya lo verás.
                       Le dio un beso en la mejilla para tranquilizarla.

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