martes, 16 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, vamos a continuar con otro fragmento de Berkley Manor. Este fragmento nos mostrará a lady Christine, la madrastra del pequeño Toby, que está destrozada por su pérdida.

                      Lady Christine permanecía acostada en la cama. Tenía la sensación de que estaba viviendo una pesadilla. En cualquier momento, se despertaría. Escucharía los gritos alegres de Toby mientras correteaba por el jardín.
-¡Chrissy!-la llamaba-¡Ven!
                  Siempre la había llamado Chrissy.
                   Toby tenía cuatro años cuando lady Christine se casó con lord Duncan. Fue una boda un tanto alocada, como decían sus hermanas.
                   Pero no se arrepentía de haber cometido aquella locura.
                   Era consciente de que lord Duncan tenía un pasado escandaloso. Se había fugado con una mujer casada. Había dejado plantada a otra mujer a pocos días de su boda. El divorcio de lady Daphne fue uno de los más escandalosos que jamás se habían dado en el país. A los ojos de la sociedad, Toby siempre sería un bastardo, aún llevando el apellido Pennyworthy. Lady Christine se removió en su cama. Sentía que algo se le estaba clavando en su pecho. Ese algo le impedía respirar. Le estaba haciendo mucho daño. Le dolía.
                   Oía cómo la gente estaba abandonando poco a poco Berkley Manor.
-Milady...-dijo su doncella personal-¿No quiere desayunar? Lleva tres días sin comer. Eso es muy malo para usted.
-No tengo hambre-se limitó a decir lady Christine.
               
                    

                    Nunca más volvería a comer, pensó. Nunca más volvería a levantarse de la cama. La vida carecía de sentido para ella.
-Ha venido el vicario-le comentó su doncella.
-Dile que se vaya-le pidió lady Christine-No quiero ver a nadie.
 -Opino que sería una buena idea que hablara con él, milady. Se sentiría mejor.
-No hay nada en este mundo que me haga sentir mejor. Dile que no me moleste.
-Milady...Por favor...
-¿No me has oído? ¡No quiero ver a nadie! ¡A nadie!
-Milady...Se lo ruego. No puede seguir así. Va a enfermar de verdad.
                   ¿Y eso qué importa?, se preguntó lady Christine. Ya nada importa.
                   Ella no había llevado durante nueve meses a Toby en sus entrañas. Ella no había soportado los rigores de un parto para traerlo al mundo. Pero adoraba a aquel niño.
-Toby...-susurró.
                   Para ella, era su hijo. Lo quería como si fuera su hijo. Lady Christine recordaba su primer matrimonio. Simon había sido un buen marido. No había tenido hijos con él. Daba por sentado que era estéril. Simon, en cambio, sí tuvo un hijo ilegítimo. Eso era algo que lady Christine supo después de morir su esposo. No llegó a conocer al hijo de éste. Pero eso ya no importaba demasiado. Nunca amó a Simon. Al menos...No como amaba a lord Duncan. Se entregó a él con toda la pasión del mundo. Al menos...Fuera de la cama...
                    Su esterilidad le importó a lord Duncan cuando se conocieron. Él estaba necesitado de una esposa. Ya tenía a Toby. Ante los ojos de la sociedad, era su heredero. Después, empezaron a circular aquellos malditos chismes. Lord Duncan había intentado mantenerlos en secreto. Pero algún miembro de la servidumbre se había ido de la lengua. O, quizás, había sido algún amigo de lord Duncan. Lady Christine sabía que había gente que te traicionaba. Por eso, siempre había sido muy desconfiada. Y se había vuelto más desconfiada desde la muerte de su primer marido.
                  Para disgusto de lady Christine, el vicario entró en su habitación.
-¡Váyase!-le pidió-¡No quiero escuchar sus sermones!
-He venido para solidarizarme con usted, Excelencia-le aseguró Chris-Comparto su dolor.
-¡Eso es mentira! ¡No sabe lo que es perder a un hijo!
-Sé lo que es perder a unos padres. El dolor es el mismo. No desaparece así como así. Milady...Yo...En lo más profundo de mi corazón, lamento su pérdida. Porque sé lo que es ver morir a unos padres.
                  Aquella confesión hizo callar a lady Christine.
-Tenía la misma edad que Toby cuando mis padres murieron-prosiguió Chris-A veces, pienso que vuestro hijo está con mis padres. Y que ellos le están cuidando.
                  Lady Christine negó con la cabeza.
                  La madre de Toby había muerto al poco de nacer él.
                  Todo el mundo llevaba sus pérdidas como podía.
-No lo sabía-dijo lady Christine.
-Milady, yo la entiendo-afirmó Chris-Me pongo en su situación. Y creo que me moriría si viera morir a mi hijo. Yo era un crío cuando murieron mis padres. Y pensé que yo les seguiría a la tumba. Por suerte, eso no pasó. Estoy aquí.
                  Chris se sentó en la cama al lado de lady Christine. La duquesa de Berkley le escuchó mientras hablaba. No le estaba hablando como un vicario. Le estaba hablando como alguien que había perdido a un ser querido. Le estaba hablando como alguien cuyo dolor sí se podía equiparar al dolor que ella estaba sintiendo en aquel momento.
-¿Por qué me está pasando esto?-se preguntó lady Christine en voz alta.
-No conocemos lo que Dios tiene preparado para nosotros-respondió Chris-No sabemos en qué momento va a ponernos a prueba. Sólo sé que tenemos que estar preparados para poder superarla. Y que cuesta trabajo.
-¡Pero Toby era tan sólo un niño! ¡Tenía toda una vida por delante!
-A lo mejor, los planes de Dios no eran los mismos que los suyos, milady. Nadie sabe en qué momento va a morir. Yo me consuelo pensando que mis padres están con Dios. Y que su hijo está con ellos. Toby era un ángel. Los ángeles cuidan de nosotros.
-Eso no me consuela.
-Más adelante, verá las cosas de otra manera. El dolor irá mitigando con el paso de los días. Pero la herida permanece siempre ahí.
                     Lady Christine dejó escapar un sollozo. Se preguntó tontamente si lord Duncan querría tener un hijo con ella. Lady Christine pensó que su vida íntima con su marido nunca había sido satisfactoria.
                     Lord Duncan no sabía nunca dónde acariciarla. Era muy torpe a la hora de besarla. Y, además, entre sus brazos, lady Christine no sentía nada. Por no hablar de que todo terminaba muy rápido. Afortunadamente...
                   Tenía la mente hecha un caos.
                   No era capaz de ordenar sus pensamientos de manera coherente.
                   Se tapó el rostro con las manos.
                   Tenía la sensación de que el vicario podía leerle el pensamiento. Deseaba estar sola. ¿Por qué aquel vicario quería hablar con ella?
                   Lady Christine pensó en morirse.
                   ¿Quién la iba a echar de menos? Lord Duncan, antes o después, volvería a casarse.
                   Ella no servía de mucho. Sería una pobre mujer sin hijos.
                   Chris le quitó las manos del rostro.
-No deje que el Diablo la tiente, milady-la exhortó.
                    Lady Christine le miró con los ojos fuera de sus órbitas. Aquel joven parecía leerle el pensamiento.
                     Cerró los ojos. Quería quedarse dormida. No quería despertar de nuevo. Pensaba que el mundo se había vuelto loco. Y que ella no era capaz de despertar de aquella pesadilla. Todo...Todo lo que estaba pasando estaba mal.

lunes, 15 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, vamos a seguir con un nuevo capítulo de Berkley Manor. 
Las cosas han cambiado entre Chris y Melanie. Nada volverá a ser igual.

                 Las voces de personas que estaban en el primer piso les hizo separarse.
                 Melanie se apartó de Chris, roja de vergüenza. Sentía los labios hinchados por el beso que se habían dado.
                 Casi todos los invitados se estaban marchando.
-¿Qué vamos a hacer aquí?-se preguntaban en voz alta.
                 Los criados bajaban por la escalera cargados con baúles y con maletas.
                Melanie contempló la escena con estupor y con rabia. Durante algo más de media hora, vio a gente bajando por la escalera.
                Oyó cómo se cerraban las portezuelas de los carruajes. Aquellas personas se decían los unos a los otros que no pintaban ya nada en Berkley Manor. No había diversiones porque todas se habían cancelado. De modo que regresaban a sus casas. Tenían la sensación de haber ido a perder el tiempo.
                Eleanor bajó la escalera cuando toda aquella riada de gente se marchó.
-¿Has visto?-le increpó Melanie.
-Que se vayan-contestó Eleanor.
                 Se acercó a Melanie. En su opinión, creía que la reacción de su amiga era un tanto exagerada.
-De todos modos, lady Christine no va a salir de su habitación-le contó-Su doncella me ha contado que tiene un poco de fiebre.
-Habrá que avisar al médico-sugirió Chris.
                   Eleanor negó con la cabeza. La causa de la enfermedad de lady Christine tenía más que ver con el dolor que con otra cosa.
                    Percibió que algo raro había pasado entre Melanie y el joven vicario. Melanie estaba toda ruborizada. Y Christopher Christian Pemberton estaba algo nervioso.
-¿Va todo bien?-inquirió.
-¿Eh?-se sobresaltó Chris-Sí...
-¿He interrumpido algo?
-No...-susurró Melanie-No...No...
                  Eleanor tenía alguna experiencia en las relaciones amorosas secretas.
-Bueno...-se limitó a contestar.
                  Se sintió como una estúpida. Percibía que había algo entre Melanie y el vicario. Lo veía en los gestos de ambos. Sin embargo, no sabía cómo abordar el tema con Melanie. Eran amigas. Pero no se habían hecho nunca confidencias.
                 Eleanor tenía cierta experiencia en asuntos amorosos. Todavía era virgen. Pero era virgen porque tenía miedo al acto en sí. Sin embargo...Deseaba tener un hijo. Un hijo...Engendrado por el hombre que ella amaba. Eleanor se ruborizó con aquel pensamiento. Sabía lo que era recibir un beso largo y apasionado del hombre del que estaba enamorada.
-Voy al comedor-decidió-Te espero allí.
-¿Va a bajar Su Excelencia?-inquirió Melanie.
-Está descansando. Le dolía un poco la cabeza. Me lo ha comentado su ayudante de cámara.
-Voy enseguida contigo. ¿Dónde está Victoria?
-Ha pasado mala noche. Bajará dentro de un rato.
               


                         Eleanor se retiró al comedor. Dejó a Melanie y a Chris solos en el recibidor. Él no sabía cómo comportarse delante de aquella chica. De pronto, para su sorpresa, Melanie le echó los brazos alrededor del cuello. Le estampó un beso en la boca que le dejó de piedra.
                      Luego, Melanie echó a correr en dirección al comedor. Su comportamiento de los últimos días la estaba asustando. ¡Ella no era así! ¡Nunca había hecho esas cosas!
                      Un rato después, Melanie sintió cómo le temblaba la mano cuando vertió la leche caliente en una taza de porcelana. Eleanor le dio un mordisco a su tostada untada con mantequilla. Se puso a hablar con Melanie de temas intranscendentales. Parecía que no quería mencionar lo que había visto. O lo que estaba pasando.
-Te noto rara-observó Eleanor.
-¿Por qué lo dices?-le preguntó Melanie.
                   Bebió un sorbo de su taza de leche.
-Esta casa acabará convirtiéndose en un mausoleo-auguró Eleanor.
-El golpe que han recibido los duques ha sido durísimo-le recordó Melanie-La gente escapa del dolor. No quieren estar con gente que está sufriendo. Los que se han ido son unos egoístas.
                 Eleanor pensó que su amiga tenía razón. El dolor repelía a la gente.
                 Ella no habría querido ir al entierro del pequeño Toby.
                 Le habría gustado ir de cacería. Le habría gustado estar preparándose para asistir a un baile. Pero había acabado yendo a la Iglesia de Saint Agnes para decirle adiós a un niño. A un niño que estaba empezando a vivir.
-¿Y qué te ocurre?-volvió a la carga-He visto algo raro esta mañana. Entre el vicario y tú...
                  Melanie le dio un mordisco a su tostada untada con mantequilla. Estuvo a punto de atragantarse cuando escuchó hablar a Eleanor. ¿Qué había visto su amiga? ¿Qué estaría pensando?
-¡Te lo habrás imaginado!-mintió.
                   Pocas eran las veces que Melanie había mentido.
-No soy ciega-insistió Eleanor-Y el vicario es un joven muy apuesto.
-Me gusta hablar con él-admitió Melanie.
-¿Sólo te gusta hablar con él?
-¿Acaso he hecho algo más?
-No sé nada. Y tú eres libre de contarme lo que quieras.
-Exacto...Soy libre de contarte lo que quiera.
                 Melanie y Eleanor siguieron desayunando en silencio. Todo les parecía raro. Estaban desayunando las dos solas en una casa que no era la suya. De vez en cuando, escuchaban los sollozos lastimeros de alguna criada. El fantasma del pequeño Toby estaba en todas partes. Nunca se iría del todo de aquella mansión.

domingo, 14 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, vamos a continuar con Berkley Manor. 
¿Qué va a pasar entre Chris y Melanie?

                   Grace tenía la piel morena de estar al Sol.
                   Chris la encontró barriendo la puerta de su casa.
                   Deseó poder sentir algo por ella. Escuchar los latidos acelerados de su corazón al verla. Ponerse contento de oír su voz. Pero no sentía nada. Y eso era lo que más le angustiaba. Iba a casarse con aquella joven. Y no sentía nada por ella.
-Hola, Gracie-la saludó.
                   Ella le devolvió el saludo casi sin ganas.
-¿Cómo fue todo?-le preguntó.
-Los duques están destrozados-respondió Chris-Es duro perder a un hijo. Sobre todo, cuando no se tiene más que ese hijo.
-Me lo imagino.
-¡No, no te lo puedes imaginar! No se sabe lo que se siente cuando se pierde a un hijo. Es lo peor que le puede pasar a una madre.
-Ya...
                  Grace no estaba mirando a Chris. Él se sintió ignorado por su novia. Grace llevaba su cabello de color castaño rojizo recogido en una trenza. Sus ojos oscuros parecían mirar el vacío.
-Lo siento-se disculpó Chris-El día de ayer fue muy duro.
                 Se acercó a Grace y le dio un beso en la mejilla. Ella no reaccionó. Chris tenía la sospecha de que Grace no estaba enamorada de él. Pero nunca se había atrevido a abordar aquella cuestión. Grace le dijo a su novio que tenía muchas cosas que hacer. Se metió dentro de casa.
-Vendré a verte esta tarde-le dijo Chris.
                 Grace no le escuchó. O fingió que no le escuchaba.
                 La imagen de Melanie había torturado a Chris durante toda la noche. Sus ojos azules se le aparecían en cualquier parte. Veía aquel rostro adorable que le miraba casi con reproche. Podía sentir sobre sus dedos el tacto de su piel. Era una piel suave. Veía suelto su cabello rubio. Se moría de ganas de acariciar aquel pelo. La había besado. La había besado como jamás había besado a Grace.

                 Escuchar la voz de Chris en el recibidor puso nerviosa a Melanie. Lo ocurrido entre ellos había sido un error. Tenía que hablar con él. La noche antes, Melanie se metió corriendo dentro de casa. Se encerró en su habitación. Y permaneció el resto de la noche sentada en la cama intentando no pensar lo que había ocurrido.
                 Y allí estaba ella. Con su piel blanca...Con su pelo rubio...Lo llevaba recogido en un moño. Podía ver su pelo. No lo llevaba suelto. Lo cubría con una cofia de color blanco. Con sus ojos azules...Le miraba con timidez.
-Buenos días...-le saludó.
-Tenemos que hablar sobre lo que pasó anoche-le indicó Chris.
-Será mejor que lo olvidemos.
              Melanie hizo ademán de dirigirse hacia el comedor. Pero Chris le sujetó el brazo suavemente. Aquel contacto puso tensa a Melanie. No se atrevía a mirar al joven vicario a la cara. Con dulzura, Chris la hizo girarse para que lo mirara. Tenían que hablar de lo ocurrido antes o después.



-Lo que ocurrió anoche fue un error-comenzó a decir Melanie.
-Estoy de acuerdo con usted-admitió Chris-Me comporté como un salvaje.
-Yo no diría eso.
-¿Cómo dice?
                Melanie sonrió con una mezcla de timidez y de picardía que le resultaron irresistibles a Chris.
-Pero sí diría que fue una locura-prosiguió la chica-Nos dejamos llevar. Ayer fue un día muy duro para los dos. Y la luz de la Luna llena nos influyó. Pero no puede volver a pasar.
-¿Lo cree de veras?-indagó Chris.
-Sí...
                  Chris intentó pensar en Grace en aquellos momentos. Pero era incapaz de centrarse en ella. Sólo podía pensar en la criatura que tenía delante de sí. Aquel ángel...
                  Tocó delicadamente con su mano la mejilla de Melanie. Para su sorpresa, la joven le cogió la mano y le besó la palma. Apretó la mejilla contra la palma de la mano de Chris. Él acarició su cabello. Se maravilló ante la suavidad de su tacto. Pero Chris quería ver aquel pelo suelto. Como lo había visto la noche anterior. Y quería besar a Melanie como la había besado la noche anterior.
                Se acercó más a ella y empezó a depositar besos pequeños por toda su cara.
                Finalmente, los labios de ambos se encontraron.
                Se fundieron en un beso. Fue un beso muy distinto del que habían compartido la noche antes. Fue un beso cargado de pasión. Chris quería volver a saborear la dulzura de los labios de Melanie. Recorrió con su lengua cada rincón de su boca. Al sentir la invasión de la lengua del joven, ella se pegó contra su cuerpo. Rodeó con sus brazos el cuello de Chris. Sentía sus manos alrededor de la cintura. La estaba abrazando.
                  Correspondió a aquel beso cargado de intensidad. No había besado nunca antes así a nadie.
                   Actuó movida por inercia.
                  Abrió la boca para facilitar el acceso de la lengua de Chris.
                  Se inundó del sabor de la boca del joven.
                  Chris perdió la noción del tiempo. Sólo era consciente de la suavidad de los labios de Melanie. De la dulzura y de la pasión con la que la estaba besando. De que ya no podía concebir la vida sin ella. Le pareció un disparate. Pero había descubierto en los últimos días cuán disparatada podía llegar a ser la vida. Y no le importaba.

sábado, 13 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Después de dos días de sequía, hoy toca un nuevo fragmento de Berkley Manor. 
Este fragmento lo protagonizan nuestros queridos Chris y Melanie. Asistiremos a un momento muy romántico entre ellos.

                    Melanie pasó la noche en Berkley Manor.
                    Tanto lord Duncan como lady Christine se habían recluido en sus respectivas habitaciones nada más regresar del cementerio. Los dos preferían estar a solas. Algunos invitados también se retiraron a sus habitaciones. Querían hacer el equipaje.
                    Pensaban abandonar la mansión al día siguiente.
                    Melanie, en cambio, decidió quedarse. Sabía que no estaba haciendo nada. Que no podía hacer nada por los duques. Aún así, no quería abandonarles en aquellos momentos tan dolorosos. No les conocía de nada. Pero empatizaba con ellos.
                     Eleanor y Victoria decidieron quedarse con ella. En el fondo, Victoria agradecía el no entablar relación con ningún buen partido. No se sentía preparada para el matrimonio. Aún así, le asustaba la idea de tener que viajar a Londres.
                      Melanie pasó el resto de la tarde sola. Le escribió una larga carta dirigida a su madre y a su tía abuela. En ella, le contaba la tragedia que estaban viviendo los duques de Berkley. Pedía que cuidaran de Anne. Su hermana era un auténtico diablillo. En aquel aspecto, se parecía al desventurado Toby. Al menos, no tuvo que escuchar los repugnantes rumores que corrían acerca del pequeño. Le asqueaba escucharlos. No tenían sentido. Era una vida la que se había truncado de manera trágica y cruel.
                  Le mandó muchos abrazos a Anne. Se preguntó si su hermana estaría bien. La echaba de menos.
                  Le gustaba la habitación que le habían asignado. Tenía un armario. La habitación era muy grande. Las sábanas de su cama eran blancas. Y frescas...Se fijó en aquel detalle. Las cortinas eran de color blanco y eran pesadas. Le recordaron mucho a las cortinas de su habitación. Su ropa ya estaba guardada dentro del armario.
                    Tenía un tocador con algunos frascos de perfume. Había también un pequeño diván. Y el espejo tenía forma ovalada, si bien no era de pie. Tenía su escritorio. Podía escribir cartas a su familia. Era una habitación mucho más grande que la suya. Demasiado grande, pensó.
                    Esa noche, Melanie no pudo conciliar el sueño. Permaneció acostada en la cama durante un largo rato.
                   Muchas ideas pasaron por su cabeza. Creyó estar escuchando el llanto desgarrador de lady Christine. Oía los sollozos suaves de las criadas. Los sirvientes iban cabizbajos. El mayordomo tenía el rostro descompuesto. Dos criadas habían regresado del cementerio abrazadas. Se apoyaban la una en la otra. Después...Vino el silencio. Y fue todavía peor para Melanie.
                    Se cansó de estar dando vueltas de un sitio a otro. Se puso de pie. Se puso la bata encima del camisón. Se calzó las zapatillas. Y abandonó su cuarto.
                    No había tenido tiempo de ver el jardín que rodeaba la mansión y Melanie tuvo la sensación de encontrarse en mitad de un bosque. En mitad del jardín, se encontraba una fuente de piedra. El pececillo que la coronaba escupía agua. Había unos cuantos bancos de piedra diseminados por el jardín. Melanie sintió la brisa de la noche que agitaba su cabello rubio, que lo llevaba suelto. Y se sintió muy desdichada. Imaginó a Toby correteando por aquel jardín.
                    Chris tampoco podía conciliar el sueño aquella noche. Ni siquiera llegó a desvestirse. No pudo probar bocado a la hora de la cena. Decidió que un paseo le ayudaría a relajarse y le despejaría la mente.
                     Sus pasos le llevaron hasta Berkley Manor.
                     De noche, la mansión le parecía más siniestra que con la luz del día. De alguna manera, la fachada estaba también de luto. El día había sido muy largo y muy duro para todos. Cada vez que Chris cerraba los ojos, veía el rostro sereno de Toby. Y veía también otro rostro. El de Melanie Livingston...
                     Intentaba conjurar el recuerdo de su querida Grace. Pero no podía.
                     La verja del jardín estaba abierta. Chris entró.
                     Vio una figura vestida de blanco que se paseaba por el jardín. Durante unos instantes, Chris contuvo el aliento. Pensó que estaba viendo una visión. Era un hada. O un ángel...
                     La figura se detuvo delante un seto que crecía a un lado del jardín. Chris se dio cuenta de que no se trataba de una visión. Al menos, no era la visión de un ángel del Cielo. Era la visión de un ángel terrenal. Que estaba empezando a colarse en su mente. Se acercó y carraspeó con fuerza.
-¿Quién anda ahí?-preguntó Melanie.
                  Se sobresaltó al darse cuenta de que no estaba sola.
-No se asuste-respondió Chris-Dispénseme. No quería asustarla.



                 Melanie se ruborizó al sentir la cercanía de Chris.
                 El joven se acercó a ella y se sintió igual que un colegial ante una chica que le gustaba. Aquel pensamiento le asustó.
                  Los dos comenzaron a pasear lentamente por el jardín. Durante unos instantes, no pronunciaron palabra alguna. Sin embargo, el uno agradecía tener al otro cerca. De aquella manera, no se sentían tan solos en aquella noche de tristeza y de dolor. Pasaron por delante del lugar donde crecían las violetas. Y Chris pensó que Melanie olía exactamente igual que las violetas. Le turbó aquel pensamiento. Nunca antes le había pasado algo parecido. Ni siquiera con Grace...
-Creía que estaba durmiendo-comentó Chris.
-No podía conciliar el sueño-admitió Melanie-Me he bajado al jardín a dar un paseo. ¿Cree que ha sido una temeridad?
-La verja del jardín estaba abierta. Creo que sí ha sido una temeridad por su parte haber salido sola. Imagine que no soy yo el que entra. Imagine que se trata de otra persona.
-Créame cuando le digo que la temeridad no está ni entre mis virtudes ni entre mis defectos. Pero me encuentro en una situación desconocida para mí. Y me temo que no estoy actuando como debería.
-¿Nunca antes ha perdido a un ser querido?
-Toda mi familia vive conmigo en mi casa. Mi madre, mi tía abuela y mi hermana Annie.
                   Chris percibió que Melanie quería añadir algo más, pero que no se atrevía a hacerlo.
                   Tomaron asiento en uno de los bancos de piedra que había allí.
-¿Y su padre?-acabó preguntando Chris. Vio que Melanie se ponía rígida-Lo siento. No pretendía incomodarla.
-No tiene importancia-se sinceró la chica-Mi padre se fue hace diez años. Nos abandonó. Annie era todavía un bebé. Y, a decir verdad, antes tampoco se preocupaba mucho por nosotras. No sé si está vivo o si está muerto. A decir verdad, tampoco me importa. Nunca me ha escrito. Para ser sincera. Mi padre nos ha hecho la vida imposible. No le deseo lo peor. Simplemente...Le detesto.
-Lo siento mucho-se excusó Chris-Me he enfrentado antes a la muerte. Cuando tenía cinco años, perdí a mis padres.
-¡Oh!
                 Melanie pensó que debió de haber sido muy duro para Chris enfrentarse a la pérdida de sus progenitores a tan corta edad.
                  Las ramas de uno de los robles que crecían en el jardín cubrían el banco. De aquella manera, Chris y Melanie se sintieron un poco más aislados del mundo. Los ojos azules de la muchacha estaban llenos de piedad cuando se posaron sobre Chris. Piedad...Y un fuerte sentimiento de unión...De complicidad con aquel chico...
-¿Y qué pasó?-se atrevió a preguntar.
-Mis familiares se turnaron para cuidarme-respondió Chris-No querían que acabara en un orfanato. De todas maneras, fue casi peor. Porque, aunque recibía cariño, yo estaba en su casa en calidad de invitado. Me lo recordaban casi sin querer. Y yo lo notaba. Además...Estaba haciendo las maletas constantemente. Luego, ingresé en el seminario. Una tía mía que es monja tuvo la idea.
-¿Le gusta ser vicario?
-Intento ayudar a la gente. Pero...Hoy...
                  La Luna llena brillaba en lo alto del cielo.
                  Chris alzó la vista para mirarla en busca de una respuesta. Había rezado mucho buscando un porqué para aquella situación. Pero no había encontrado respuesta. Todas las palabras que había aprendido a lo largo de su formación se le antojaron huecas. Su guía espiritual le habría dicho que estaba viviendo una crisis de fe. Y habría tenido razón.
                 Melanie sorprendió a Chris dándole dos besos en la mejilla.
-Creo que hoy lo ha hecho muy bien-le aseguró.
-He hecho el ridículo-se lamentó él-No he sabido hacerlo bien. ¡Jamás pensé que llegaría este día! Nunca...
-Ha sido muy valiente. Le admiro.
-He deseado salir corriendo.
-No lo he percibido.
              Chris se acercó a Melanie. La joven se envaró.
-Huí-se lamentó él. 
-Tenía que desahogarse-afirmó Melanie. 
-Jamás debí de hacerlo. 
-No se puede dar marcha atrás. Ya se siente mejor. 
                 Movido por un impulso, Chris besó a Melanie. Fue un beso suave. Ella se puso rígida.
 -¡No ha debido de hacer eso!-se inquietó la joven. 
           Se puso de pie. Empezó a caminar con nerviosismo. 
           Chris se acercó a Melanie y le cogió las manos. Se las besó con suavidad.
-Le ruego que me perdone-le pidió. 
-¿Por qué lo ha hecho?-quiso saber Melanie. 
-No lo sé. Simplemente...Lo he deseado. Y lo he hecho. 
-A mí...Nunca...
                Las mejillas de Melanie se encendieron al pensarlo. Su primer beso había sido en mitad de aquel jardín. A la luz de la Luna...Era el sueño de cualquier jovencita romántica, pero, desde luego, no pensó que eso iba a pasarle.
-No lo sabía-dijo Chris. 
               Acunó entre sus manos el rostro de la joven. Admiró su hermosura trágica.
 -Mi experiencia con las mujeres no ha sido muy extensa-se sinceró. 
                 No quería pensar en Grace. Una parte de él le echaba en cara su comportamiento licencioso. Nada propio de él...¿Qué le estaba pasando? No se reconocía. 
                 Se acercó aún más a ella y le cogió los brazos con suavidad. Sus labios se posaron sobre los labios de Melanie. La besó. Fue un beso cargado de pasión, pero también de dulzura, sin rabia y sin deseo. 
                Melanie se entregó a aquel beso. Tenía la sensación de que estaba en un sueño. Chris besaba movido por instinto. Jamás había dado un beso como aquel a Grace. Ni a ninguna...Necesitaba conocer el sabor de Melanie. Quería beber de la dulzura de sus labios. Quería olvidar. Y los labios de Melanie eran su asidero. 

              La muchacha volvió a apartarse de él. Le quemaban los labios ante el contacto de la boca de Chris. Había tenido la sensación de que estaba bebiendo de él mientras se besaban. No quería repetir aquel beso. Porque estaba mal. 
             Chris le cogió las manos. Melanie tenía la vista baja y estaba visiblemente ruborizada. Le pareció la imagen más adorable que jamás había visto. 
-Esto no debe de volver a pasar-le pidió en un susurro. 
-No volverá a pasar-le aseguró Chris-Y le ruego que me perdone. 
              Melanie no podía articular palabra. Creía que estaba soñando.
              Regresó a su habitación. Caminaba perpleja. No tiene sentido, pensó. Nada de lo que estaba pasando en aquel lugar tenía sentido. Toby había muerto. Los duques estaban destrozados. Y ella...Había recibido su primer beso de parte de un vicario. Se detuvo en mitad de la escalera. Sentía que la cabeza le daba vueltas. 
                    

jueves, 11 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Berkley Manor puede despertar sentimientos contradictorio. Por un lado, veremos el adiós definitivo al pequeño Toby. Por el otro lado, seremos testigos de un momento especialmente emotivo entre Melanie y Chris.

                     Melanie, Victoria y Eleanor subieron a uno de los carruajes de color negro que estaban esperando a la salida de la Iglesia de Saint Agnes.
-¡Es muy deprimente!-exclamó Victoria nada más acomodarse en el interior del carruaje.
-Se trata de un entierro-le recordó Eleanor-No se trata de una fiesta.
-Me ha gustado el sermón que ha dado el vicario-comentó Melanie-No ha sido un sermón. Ha demostrado ser un buen hombre.
                   Lord Duncan seguía sin reaccionar. Pero lady Christine parecía haber vuelto a la vida. Aún estaba medio ida. Pero era consciente de lo que estaba pasando. El cochero la ayudó a meterse en el interior del carruaje. Se la oía decir que quería ir al cementerio.
-Quiero estar con él-dijo-Quiero decirle lo mucho que le quiero.
                  El trayecto hasta el cementerio fue largo. Al menos, Melanie pensó que era demasiado largo. Todavía no había sido capaz de escribirle a su madre. No sabía qué escribirle. Acabaría preguntando si Anne estaba muerta. Todo habría terminado en cuestión de momentos.
-Regresaré a casa-anunció Victoria-¡No puedo seguir en Berkley Manor por más tiempo!
-Yo me quedo-decidió Melanie.
-No vas a hacer nada quedándote. Los duques están destrozados.
                  Melanie estaba dispuesta a quedarse.
-Además, todas las actividades se han suspendido-añadió Eleanor.
-Vosotras podéis hacer lo que queráis-dijo Melanie-Pero yo me quedo.
-De acuerdo...-cedieron Eleanor y Victoria.
                   Ellas también se quedarían.
                  Melanie no estaba pensando en bailes. Lo único que quería era estar cerca de los padres del pequeño Toby. Había oído toda clase de chismorreos en el salón el día antes. Por la noche, Melanie no había logrado conciliar el sueño. Pensaba una y otra vez en el niño que acababa de morir. Y no pensaba en su origen. Llevaba el apellido Pennyworthy. Era el heredero de lord Duncan. A los ojos del mundo, era el hijo de lord Duncan.
-Estás pensando en Annie-observó Eleanor-¿No es así?
-Mamá y la tía Regina están cuidando de ella-dijo Melanie-Pero...Estoy muy preocupada. Porque Annie es una niña. Y Toby...
                  Melanie no pudo seguir hablando. Miraba con aire distraído por la ventanilla del carruaje. La comitiva que había salido de la Iglesia le recordaba a una pesadilla. Gente vestida de negro que iba subida en carruajes negros. Y los carruajes eran tirados por caballos negros. El mundo entero era de color negro. Un luto permanente...Y un niño muerto en el carruaje principal...Melanie sintió cómo su estómago se revolvía.
-Acabaré vomitando-pensó.
                 Victoria y Eleanor guardaban silencio. Victoria no sabía cómo actuar. También ella había estado muy sobreprotegida.
                   Y Eleanor estaba pensando en la fugacidad de la vida.
                    Había creído que sólo los ancianos se morían. También había oído casos de gente que moría joven. Pero pensaba que eran personas que tenían alguna enfermedad. O algún loco que se suicidaba por amor.
                    Toby tenía tan sólo cinco años. Y había gozado de una excelente salud. ¿Qué había pasado? ¿Por qué un niño tan lleno de vida estaba ahora en un ataúd? ¿Por qué, de pronto, nada tenía sentido?
-Te ha afectado mucho la muerte de Toby-observó Eleanor.
                    Se estaba dirigiendo a Melanie.
-Tú tienes hermanos-le recordó la muchacha-¡Piensa un poco!
-No quiero que les pase nada malo a ninguno-admitió Eleanor-Puedo discutir con ellos. Puedo llevarme mal con ellos. Pero no podría perderlos.
-Y Victoria y tú tenéis a vuestro padre con vosotras.
-¡Oh, Melly!-intervino Victoria-No hables de ese tema. Sabemos que te hace daño. ¡Olvídalo!
                    Una hija no puede olvidar nunca a un padre, pensó Melanie. Aunque ese padre pueda llegar a olvidar a su hija.



                       Era el primer entierro al que Melanie acudía. Le sorprendió ver la cantidad de gente que estaba allí, en el cementerio.
                       Habían venido para darle el último adiós a Toby. Sin embargo, poca gente podía hablar de él.
-Era un niñito adorable-decían-Muy bueno...
                       La señora Harry no podía parar de llorar. Sus sollozos lastimeros se escuchaban en toda la isla. Ella sí podía hablar de Toby. Lo había arropado muchas noches cuando se acostaba a dormir. Le gustaban los animales. Hablaba de tener un perro. Le gustaba esconderse cuando la señora Harry quería lavarle. Era como un hijo para ella.
-¡Ay, mi niño!-sollozó la pobre mujer.
-Cálmese-le exhortó la institutriz de Toby.
-¿Cómo quiere que me calme? ¡A mi niño no le gustaban los sitios cerrados! ¡Se estará asfixiando metido ahí dentro!
-Toby...-susurró lord Duncan.
                     Por su mente pasaron muchas imágenes.
                     Recordaba el temor de lady Daphne cuando supo que estaba encinta. Cómo la ayudó a escapar de la mansión de su marido. Los rumores que circularon los meses siguientes.
                     Y era consciente de que la muerte de Toby volvía a disparar aquellos rumores.
                     Su mente se había nublado cuando vio al niño expirar.
                     No había sido consciente de nada. Hasta aquel momento...
                     Chris miró el ataúd. Había sido cerrado cuando llegó el momento de trasladar a Toby a la Iglesia. Había visto por última vez el rostro del niño.
                     Tragó saliva. ¿Por qué no terminaba ya aquel entierro?, se preguntó. No servía para ser vicario.
-La Tierra a la Tierra-recitó-Las cenizas a las cenizas.
                     Eran las palabras que había aprendido. El ritual para despedir a un muerto. Un muerto...De pronto, Chris se calló.
                     Permaneció parado durante unos segundos.
                     Miraba, sin ver, el ataúd donde yacía en su interior el cuerpecito de Toby. Lord Duncan estaba con la mirada vacía. Lady Christine se apoyaba en su doncella.
                       Chris tuvo la sensación de que nada de lo que estaba pasando era real. Cerró el libro que llevaba en las manos.
                       No podía seguir.
                       No era capaz de seguir. Una lágrima rodó por su mejilla. Tenía la garganta seca.
-Porque ciertamente polvo eres y en polvo te convertirás-recitó-Pero no debería de ser así. Esto no tendría que estar pasando. Este niño tendría que estar jugando en el jardín de su casa. No tendría que estar en este lugar.
                     Dicho esto, Chris dio media vuelta y se alejó de allí. Todos contemplaron la escena con estupefacción. Melanie no lo dudó. Fue detrás de él. Victoria y Eleanor contemplaron la escena escandalizadas. Melanie no pensó en que estaría enviando al Infierno su reputación. También Chris necesitaba ser consolado. Y ella intentaría hacerlo lo mejor posible.
                     No era la primera vez que Melanie pisaba un cementerio. No la asustó verse rodeada de tumbas.
                     Pensaba en el sufrimiento de aquellas personas que yacían bajo tierra. Cada uno tenía una historia que habría valido la pena escuchar. Todos habrían tenido una razón por la que vivir. Pero ya no estaban. Melanie encontró a Chris con la espalda apoyada en la fachada de un mausoleo. Alzó la vista al notar que no estaba solo. Melanie se asustó al ver que Chris estaba llorando. Se acercó con paso titubeante a él.
-¿Qué está haciendo aquí?-le preguntó Chris.
-He venido para ver si estaba bien-respondió Melanie-Pero veo que no es así.
-He fracasado como vicario.
-¡Eso no es verdad! He visto lo que ha hecho en la Iglesia. Ha consolado a los duques.
-¿Ha servido para algo?
-Se sienten consolados. En estos momentos, es difícil hacerles sentir bien. Están destrozados. Pero no están solos. Usted comparte su dolor con ellos.
                    Chris se estaba cuestionando muchas cosas.
                    Se preguntaba si lo estaba haciendo bien. Si podía acercarse de verdad a sus feligreses.
-¡Esto ha podido conmigo!-se lamentó.
                   Un sollozo se escapó de su garganta. Melanie no se contuvo. Se acercó aún más a Chris y lo abrazó con fuerza. Recordaba cómo consoló a lady Christine en la Iglesia. Tan sólo la abrazó. Le hizo ver que estaba con ella. Que no se sentía sola.
                  Chris apoyó la cabeza en el hombro de Melanie. Permaneció así durante unos instantes.
                   Al volver a alzar la cabeza, se sintió mejor. Le dio un beso a Melanie en la mejilla.



              Se sentía en deuda con ella. Por haberle entendido. Por haberle consolado. Una desconocida...
-Gracias...-le dijo.
-No hay de qué-le aseguró Melanie.
-Es usted muy buena, Melanie. ¿Me permite que la llame así?
-Sí...Si quiere. Y yo le llamaré Christopher. ¿Le parece bien?
                Se sentía unida a aquel hombre. Más unida de lo que había estado unida a cualquier otra persona.

martes, 9 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, por desgracia, toca uno de los fragmentos más tristes de Berkley Manor: el entierro del pequeño Toby.
Chris y Melanie se enfrentan a este momento como pueden. Él, en calidad de vicario. Ella, como una joven que no ha visto la muerte de cerca.
Espero que os guste.

                     El entierro de Toby se celebró al día siguiente.
                     Melanie, Eleanor y Victoria se sentaron en uno de los últimos bancos de la Iglesia de Saint Agnes. Estaba a rebosar de gente. Lord Duncan y lady Christine estaban sentados en el primer banco. Lord Duncan estaba como ido. Y su esposa yacía casi desmayada sobre el asiento. Su doncella personal la asistía.
-¡Pobre lady Berkley!-le susurró Eleanor a Melanie-¿Te has fijado? Parece un fantasma.
-Acaba de perder a su hijo-le recordó la chica-No creo que le importe mucho su aspecto.
-Toby no era hijo suyo, sino de lady Daphne. Y, además, hay quien dice que ni siquiera era hijo de lord Berkley. ¿Conoces la historia? La he oído en estos días. Apenas susurrada...
-¡Eleanor!
-Lo siento, Melly. Me aburro. Y los criados hablan mucho. Sobre todo...En un caso como éste.
-¿Y eso qué importa ahora?
-Hace un par de años que conozco a lady Berkley. Cuando todavía no se había casado con el duque. ¡Tenías que haberla visto, Melly! Era la mujer más bella que jamás había visto. Siempre se ha rumoreado que era estéril. Eso se debe a que estuvo casada en primeras nupcias durante ocho años. Y no tuvo hijos con su marido. Pero eso no pareció importarle al duque. Tenía a su hijo. No es el primer caso de un aristócrata que da su apellido a un niño que no ha engendrado. ¡Qué te voy a contar! Lady Berkley es muy inteligente. Y muy culta...
                Los ojos de color azul cielo de Melanie centellearon de impaciencia. Posó la vista en el cielo de paja de la Iglesia. Dame paciencia, Dios mío, rezó en silencio. Era el primer entierro al que asistía. Y su familia no estaba con ella.



                        Oía los comentarios que los asistentes estaban haciendo.
                        ¿Cómo se les ocurría a los duques celebrar el entierro de su heredero en una Iglesia tan humilde como la Iglesia de Saint Agnes?
                        En el interior de la sacristía, Chris se preparaba para encarar su reto más difícil: enterrar al pequeño Toby. Aferrado a su Biblia, recordaba lo que le había escuchado decir a Melanie el día antes. Toby era un ángel. Oía los susurros de los asistentes al entierro. ¡Malditos cotillas!, pensó con rabia. ¡No eran capaces de respetar un lugar Sagrado. Y tampoco eran capaces de respetar el dolor de unos padres. Hablan de nuevo de que, a lo mejor, Toby no era hijo de lord Duncan. ¿Y eso a cuento de qué venía? ¿Acaso importaba?
                      Salió de la sacristía y se dirigió al Altar. Se le cayó el alma a los pies al ver a la pobre lady Christine. Parecía que ella también había muertos.
-Hermanos...-empezó a decir-Nos encontramos aquí reunidos por un motivo muy triste. Despedir al pequeño lord Tobías Pennyworthy, heredero del ducado de Berkley. Y muy amado hijo de lord Duncan y lady Christine Margaret Pennyworthy...Un ángel que Dios envió a La Tierra durante un tiempo. Un ser que llenó de luz y de felicidad las vidas de cuántas personas estaban a su alrededor. Un niño bueno...Travieso...
Pero afectuoso...
                   Buscó con la mirada a Melanie.
-Toby no nos pertenecía-prosiguió.
                   Finalmente, encontró a Melanie. Estaba sentada en uno de los últimos bancos. Estaba acompañada por dos jóvenes a las que Chris veía en la Iglesia todos los domingos. No había tenido la ocasión de hablar con ellas. Se sintió mejor cuando sus ojos se encontraron con los ojos de Melanie.
-Dios ha tenido que reclamarlo a Su Lado-continuó Chris-Él ha subido al Cielo. Es un ángel. Y, desde la Gloria, nos está mirando. Es consciente de lo mucho que lo querían sus padres. Del amor que le profesarán siempre. Porque es imposible dejar de amar a un hijo.
                Los ojos de Melanie se llenaron de lágrimas. Una lágrima resbaló por su mejilla.
                Pensó en su padre. ¿Acaso aquel hombre la había querido a ella o había querido a Anne? ¿Estaría pensando en ellas en aquel momento?
-Soy consciente de que todas las palabras que pueda pronunciar están vacías-admitió Chris-No hay nada que pueda hacer en estos momentos que pueda mitigar el dolor que puedan sentir los padres de Toby. No los veo como los duques de algo. No...Son un matrimonio que acaba de perder a su único hijo. Y mi corazón está con ellos. Porque me siento incapaz de hacer algo por ellos. Por ayudarles.
                   No estaba usando las palabras que le habían enseñado a decir. Estaba hablando de corazón. Durante unos segundos, lady Christine pareció reaccionar. Clavó sus ojos en el joven vicario.
-Señora, lo siento mucho-se lamentó Chris-No debería de haber pasado esto. Una madre no tiene que enterrar a un hijo. Ninguna madre debería de estar viviendo este calvario. Lo siento.



                      Chris bajó del Altar. Se acercó al primer banco, donde estaban sentados los duques. Lord Duncan no era consciente de nada de lo que estaba pasando a su alrededor. Y, durante unos instantes, lady Christine pareció volver a la realidad.
-¿Qué va a hacer?-se inquietó Victoria.
                   Se oyó un gemido ahogado en toda la Iglesia.
                   Chris abrazó con cariño a lady Christine. La duquesa lloró durante un rato en el hombro del joven vicario. Éste le acariciaba el cabello. Le murmuraba palabras de consuelo en el oído.
-¿Lo que está haciendo es normal?-inquirió Eleanor.
                    No se dirigía a nadie en concreto.
                    Melanie tenía el rostro bañado en lágrimas.
                    Chris no se había parapetado tras el Altar. Había actuado conforme a lo que estaba pensando y a lo que estaba sintiendo. Tenía que consolar a aquella pobre mujer. Y eso era lo que estaba haciendo. Pero parecía que nadie lo entendía.
-A mí me parece lo más normal del mundo-contestó Melanie.
-¡Es escandaloso!-casi gritó una mujer.
-Más escandaloso sería que no lo hiciera-intervino Melanie.
                   Victoria le dio un codazo. ¿Cómo podía su amiga pensar de aquella manera? Melanie tenía sus propias opiniones sobre la vida. En su opinión, Chris había obrado como tenía que hacerlo un buen vicario. Acercándose a sus feligreses.
                   Vio cómo apoyaba sus manos sobre los hombros de lord Duncan. Le oyó hablarle. De alguna manera, le estaba consolando. Una lágrima solitaria resbaló por la mejilla del duque.

lunes, 8 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, si me lo permitís, me gustaría dedicar este fragmento de Berkley Manor a dos buenas amigas. Se tratan de Anna y de Aglaia Callia, dos personas maravillosas a las que deseo desde este humilde blog lo mejor porque se lo merecen.
A vosotras, que habéis sido mi paño de lágrimas, mis consejeras más sabias, amigas maravillosas, os dedico este fragmento.
Un fuerte abrazo a las dos. Os quiero mucho.

-¿A qué hemos venido?-se quejó una dama-¡Se han suspendido todos los bailes! ¿Qué estamos haciendo aquí?
                 Melanie estaba entrando en el salón.
                 De pronto, se quedó de piedra al escuchar aquella queja. Sintió cómo la bilis subía por su garganta.
                  ¿Cómo podía ser la gente tan egoísta?, se preguntó. Apretó los puños con rabia.
                  Eleanor se acercó a ella. Sabía que Melanie estaba a punto de estallar.
-Vamos a salir al jardín-le sugirió-Demos un paseo.
-¡Como quieras!-casi gritó Melanie.
                  Las dos chicas salieron al jardín. No se habían fijado antes en él porque estaba lloviendo cuando llegaron. El día había amanecido soleado. El jardín era inmenso. A Melanie le recordó a un bosque.
-¿Has oído a esa zorra?-escupió la muchacha.
-Todo el mundo estaba ilusionado con venir a Berkley Manor-se lamentó Eleanor-Es normal que se quejen.
-¿Es que nadie piensa en el pobre Toby? ¿Nadie piensa en sus padres ni en el dolor que están sintiendo?
-La gente no sabe cómo reaccionar en una situación así. Hay quien piensa que su dinero o sus títulos les protegen de estos trances. Se equivocan. Vicky tiene razón. La Muerte no respeta a nadie.
-Ni siquiera a los niños...
                   Los ojos de Melanie se llenaron de lágrimas.
-Te ha afectado la muerte del heredero-observó Eleanor-¡Pero no lo conocías de nada!
-Mi hermana Annie tiene diez años-le recordó Melanie. No se sintió capaz de hablar de Peter-Es tan sólo cinco años mayor que Toby. ¡Podría pasarle algo también a ella!
                    Eleanor guardó silencio.
-Tengo hermanos-se limitó a decir al cabo de un rato-Me moriría si les pasara algo.
                    Podía entender los sentimientos de Melanie.
                    En aquel momento, se cruzaron con Christopher Christian Pemberton.
-Buenos días...-lo saludó Melanie.
-Buenos días, señorita Livingston-le devolvió el saludo Chris.
-¿Cómo se encuentra?
-Mal...Dispense.
                 Siguió caminando.
                Melanie le vio alejarse.
                Había visto a Chris muy alterado.
                 Eleanor contempló la escena sin decir nada. De igual manera que ella tenía sus secretos, Melanie tenía derecho a tener sus propios secretos. No era quién para inmiscuirse en la vida de la muchacha. Había preocupación en el gesto de Melanie mientras veía cómo Chris se alejaba. Le había visto muy preocupado aquella mañana.
                Intuía la razón de su angustia.
-Lleva poco tiempo ejerciendo como vicario en la isla-le comentó a Eleanor-Es la primera vez que tiene que enterrar a un niño.
-No querría estar en su lugar-admitió su amiga-Es demasiado duro. Muy doloroso...



                     Melanie ahogó un grito cuando ella y Eleanor regresaron al salón.
-¡Cielo Santo!-exclamó.
                    Habían colocado un ataúd hecho con madera de roble en el centro del salón. Había algunas personas rodeando el ataúd. Los criados iban colocando coronas de flores a su alrededor.
                    Melanie sintió que se iba a desmayar.
                    Que le iban a fallar las fuerzas.
                     Una anciana matrona se abanicaba con ímpetu. Tenía más de sesenta años y era conocida en todo el país por sus fiestas.
                      Habían colocado al pequeño Toby en el interior del ataúd. La tapa estaba abierta. Todo el mundo podía acercarse a contemplar su rostro. Tenía los ojos cerrados porque se los había cerrado el médico. Alguien había colocado una moneda en cada párpado para que tuviera los ojos cerrados.
-No miréis-le susurró una voz a Melanie.
                    Era Chris.
                    El joven la vio ponerse blanca como un cadáver. Se apresuró a cogerla del brazo.



                  Todo el mundo estaba hablando en voz baja del pequeño. Recordaban lo travieso que había sido y cómo volvía loca a su niñera, que lo perseguía por toda la mansión. A los cuatro años, descubrió que era capaz de subirse a los árboles.
-Era la alegría de la casa-se lamentó un criado.
-¡Está con Dios!-se lamentó la anciana matrona.
-¡Es una tragedia!-exclamó un petimetre-¡Pero no puedo perder el tiempo aquí! ¡He venido a buscar una heredera!
-¡Cállese!-le espetó Melanie-Váyase si quiere. ¡Pero que Dios tenga piedad de su podrida alma!
                  La niñera del niño cogió unas tijeras. Se acercó al ataúd. Y cortó un mechón de su pelo rizado. La mujer había querido al pequeño desde que nació. Lo tuvo en sus brazos cuando apenas tenía horas de nacido. Se la conocía como la señora Harry. Era una mujer alta y de aspecto un tanto rústico. Pero había demostrado tener una paciencia infinita con Toby.
                Hasta aquel día...
-¡Mi niño!-sollozaba quedamente-¿Qué voy a hacer sin ti, mi angelito?
                 Toby había sido una bendición para todos los habitantes de la mansión. Había servido de consuelo a la pobre señora Harry, que estaba sola. Había curado las heridas de los duques. La casa se quedaba vacía sin él.
                  Con su cabello rubio, parecía un angelito. Quizás, sea un ángel, pensó Melanie. Tan pequeñito...
                   Se envaró. Estaba oyendo los rumores que corrían acerca del verdadero origen de Toby y pensó que era desagradable escucharlos. Toby había sido un niño inocente. Siempre andaba metiéndose en líos. Siempre queriendo ver el mundo. Siempre haciendo reír a los demás.
-Los ángeles no viven muchos años-suspiró Melanie.
                  La señora Harry habló de la vitalidad que desprendía el niño. Ocupaba todas sus fuerzas en tratar de que obedeciera. Por supuesto, nunca lo conseguía.
-¿Dónde ha aprendido eso?-le preguntó Chris a Melanie.
-¿A qué se refiere?-quiso saber la muchacha.
-Se ha referido al niño como un ángel.
-¿Acaso no es un ángel? Todos los niños del mundo son ángeles. Viven ajenos a la maldad. Sin embargo, esos ángeles no siempre permanecen en La Tierra.
-Su sitio está en El Cielo. Con Dios...
-Así es.
                 Pequeño...Delicado...Sin la suficiente fuerza como para luchar por su vida. ¡Dios mío!, pensó Chris. ¡Ayúdame!
                 El entierro se celebraría al día siguiente. Un caballero aspiró rapé con energía. Se sentía visiblemente nervioso. No estaba acostumbrado a tratar con niños. Y le asustaba ver el rostro de un niño muerto. Abandonó el salón con gesto precipitado.
                Tres meses después, Toby habría cumplido seis años.
                 Melanie fue conducida por Chris hasta un sillón. Él la ayudó a sentarse con delicadeza. Durante muchos años, Melanie había vivido protegida por su madre y por su tía abuela de todo lo malo del mundo. A pesar de que ella tenía una idea ligera de cómo funcionaba el mundo.
                 Esto estaba siendo demasiado para ella. Pero no quería abandonar Berkley Manor.
-¿Se encuentra bien?-le preguntó Chris.
                  Melanie asintió de manera débil.
-Me quedaré con usted-decidió Chris.