jueves, 11 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Berkley Manor puede despertar sentimientos contradictorio. Por un lado, veremos el adiós definitivo al pequeño Toby. Por el otro lado, seremos testigos de un momento especialmente emotivo entre Melanie y Chris.

                     Melanie, Victoria y Eleanor subieron a uno de los carruajes de color negro que estaban esperando a la salida de la Iglesia de Saint Agnes.
-¡Es muy deprimente!-exclamó Victoria nada más acomodarse en el interior del carruaje.
-Se trata de un entierro-le recordó Eleanor-No se trata de una fiesta.
-Me ha gustado el sermón que ha dado el vicario-comentó Melanie-No ha sido un sermón. Ha demostrado ser un buen hombre.
                   Lord Duncan seguía sin reaccionar. Pero lady Christine parecía haber vuelto a la vida. Aún estaba medio ida. Pero era consciente de lo que estaba pasando. El cochero la ayudó a meterse en el interior del carruaje. Se la oía decir que quería ir al cementerio.
-Quiero estar con él-dijo-Quiero decirle lo mucho que le quiero.
                  El trayecto hasta el cementerio fue largo. Al menos, Melanie pensó que era demasiado largo. Todavía no había sido capaz de escribirle a su madre. No sabía qué escribirle. Acabaría preguntando si Anne estaba muerta. Todo habría terminado en cuestión de momentos.
-Regresaré a casa-anunció Victoria-¡No puedo seguir en Berkley Manor por más tiempo!
-Yo me quedo-decidió Melanie.
-No vas a hacer nada quedándote. Los duques están destrozados.
                  Melanie estaba dispuesta a quedarse.
-Además, todas las actividades se han suspendido-añadió Eleanor.
-Vosotras podéis hacer lo que queráis-dijo Melanie-Pero yo me quedo.
-De acuerdo...-cedieron Eleanor y Victoria.
                   Ellas también se quedarían.
                  Melanie no estaba pensando en bailes. Lo único que quería era estar cerca de los padres del pequeño Toby. Había oído toda clase de chismorreos en el salón el día antes. Por la noche, Melanie no había logrado conciliar el sueño. Pensaba una y otra vez en el niño que acababa de morir. Y no pensaba en su origen. Llevaba el apellido Pennyworthy. Era el heredero de lord Duncan. A los ojos del mundo, era el hijo de lord Duncan.
-Estás pensando en Annie-observó Eleanor-¿No es así?
-Mamá y la tía Regina están cuidando de ella-dijo Melanie-Pero...Estoy muy preocupada. Porque Annie es una niña. Y Toby...
                  Melanie no pudo seguir hablando. Miraba con aire distraído por la ventanilla del carruaje. La comitiva que había salido de la Iglesia le recordaba a una pesadilla. Gente vestida de negro que iba subida en carruajes negros. Y los carruajes eran tirados por caballos negros. El mundo entero era de color negro. Un luto permanente...Y un niño muerto en el carruaje principal...Melanie sintió cómo su estómago se revolvía.
-Acabaré vomitando-pensó.
                 Victoria y Eleanor guardaban silencio. Victoria no sabía cómo actuar. También ella había estado muy sobreprotegida.
                   Y Eleanor estaba pensando en la fugacidad de la vida.
                    Había creído que sólo los ancianos se morían. También había oído casos de gente que moría joven. Pero pensaba que eran personas que tenían alguna enfermedad. O algún loco que se suicidaba por amor.
                    Toby tenía tan sólo cinco años. Y había gozado de una excelente salud. ¿Qué había pasado? ¿Por qué un niño tan lleno de vida estaba ahora en un ataúd? ¿Por qué, de pronto, nada tenía sentido?
-Te ha afectado mucho la muerte de Toby-observó Eleanor.
                    Se estaba dirigiendo a Melanie.
-Tú tienes hermanos-le recordó la muchacha-¡Piensa un poco!
-No quiero que les pase nada malo a ninguno-admitió Eleanor-Puedo discutir con ellos. Puedo llevarme mal con ellos. Pero no podría perderlos.
-Y Victoria y tú tenéis a vuestro padre con vosotras.
-¡Oh, Melly!-intervino Victoria-No hables de ese tema. Sabemos que te hace daño. ¡Olvídalo!
                    Una hija no puede olvidar nunca a un padre, pensó Melanie. Aunque ese padre pueda llegar a olvidar a su hija.



                       Era el primer entierro al que Melanie acudía. Le sorprendió ver la cantidad de gente que estaba allí, en el cementerio.
                       Habían venido para darle el último adiós a Toby. Sin embargo, poca gente podía hablar de él.
-Era un niñito adorable-decían-Muy bueno...
                       La señora Harry no podía parar de llorar. Sus sollozos lastimeros se escuchaban en toda la isla. Ella sí podía hablar de Toby. Lo había arropado muchas noches cuando se acostaba a dormir. Le gustaban los animales. Hablaba de tener un perro. Le gustaba esconderse cuando la señora Harry quería lavarle. Era como un hijo para ella.
-¡Ay, mi niño!-sollozó la pobre mujer.
-Cálmese-le exhortó la institutriz de Toby.
-¿Cómo quiere que me calme? ¡A mi niño no le gustaban los sitios cerrados! ¡Se estará asfixiando metido ahí dentro!
-Toby...-susurró lord Duncan.
                     Por su mente pasaron muchas imágenes.
                     Recordaba el temor de lady Daphne cuando supo que estaba encinta. Cómo la ayudó a escapar de la mansión de su marido. Los rumores que circularon los meses siguientes.
                     Y era consciente de que la muerte de Toby volvía a disparar aquellos rumores.
                     Su mente se había nublado cuando vio al niño expirar.
                     No había sido consciente de nada. Hasta aquel momento...
                     Chris miró el ataúd. Había sido cerrado cuando llegó el momento de trasladar a Toby a la Iglesia. Había visto por última vez el rostro del niño.
                     Tragó saliva. ¿Por qué no terminaba ya aquel entierro?, se preguntó. No servía para ser vicario.
-La Tierra a la Tierra-recitó-Las cenizas a las cenizas.
                     Eran las palabras que había aprendido. El ritual para despedir a un muerto. Un muerto...De pronto, Chris se calló.
                     Permaneció parado durante unos segundos.
                     Miraba, sin ver, el ataúd donde yacía en su interior el cuerpecito de Toby. Lord Duncan estaba con la mirada vacía. Lady Christine se apoyaba en su doncella.
                       Chris tuvo la sensación de que nada de lo que estaba pasando era real. Cerró el libro que llevaba en las manos.
                       No podía seguir.
                       No era capaz de seguir. Una lágrima rodó por su mejilla. Tenía la garganta seca.
-Porque ciertamente polvo eres y en polvo te convertirás-recitó-Pero no debería de ser así. Esto no tendría que estar pasando. Este niño tendría que estar jugando en el jardín de su casa. No tendría que estar en este lugar.
                     Dicho esto, Chris dio media vuelta y se alejó de allí. Todos contemplaron la escena con estupefacción. Melanie no lo dudó. Fue detrás de él. Victoria y Eleanor contemplaron la escena escandalizadas. Melanie no pensó en que estaría enviando al Infierno su reputación. También Chris necesitaba ser consolado. Y ella intentaría hacerlo lo mejor posible.
                     No era la primera vez que Melanie pisaba un cementerio. No la asustó verse rodeada de tumbas.
                     Pensaba en el sufrimiento de aquellas personas que yacían bajo tierra. Cada uno tenía una historia que habría valido la pena escuchar. Todos habrían tenido una razón por la que vivir. Pero ya no estaban. Melanie encontró a Chris con la espalda apoyada en la fachada de un mausoleo. Alzó la vista al notar que no estaba solo. Melanie se asustó al ver que Chris estaba llorando. Se acercó con paso titubeante a él.
-¿Qué está haciendo aquí?-le preguntó Chris.
-He venido para ver si estaba bien-respondió Melanie-Pero veo que no es así.
-He fracasado como vicario.
-¡Eso no es verdad! He visto lo que ha hecho en la Iglesia. Ha consolado a los duques.
-¿Ha servido para algo?
-Se sienten consolados. En estos momentos, es difícil hacerles sentir bien. Están destrozados. Pero no están solos. Usted comparte su dolor con ellos.
                    Chris se estaba cuestionando muchas cosas.
                    Se preguntaba si lo estaba haciendo bien. Si podía acercarse de verdad a sus feligreses.
-¡Esto ha podido conmigo!-se lamentó.
                   Un sollozo se escapó de su garganta. Melanie no se contuvo. Se acercó aún más a Chris y lo abrazó con fuerza. Recordaba cómo consoló a lady Christine en la Iglesia. Tan sólo la abrazó. Le hizo ver que estaba con ella. Que no se sentía sola.
                  Chris apoyó la cabeza en el hombro de Melanie. Permaneció así durante unos instantes.
                   Al volver a alzar la cabeza, se sintió mejor. Le dio un beso a Melanie en la mejilla.



              Se sentía en deuda con ella. Por haberle entendido. Por haberle consolado. Una desconocida...
-Gracias...-le dijo.
-No hay de qué-le aseguró Melanie.
-Es usted muy buena, Melanie. ¿Me permite que la llame así?
-Sí...Si quiere. Y yo le llamaré Christopher. ¿Le parece bien?
                Se sentía unida a aquel hombre. Más unida de lo que había estado unida a cualquier otra persona.

martes, 9 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, por desgracia, toca uno de los fragmentos más tristes de Berkley Manor: el entierro del pequeño Toby.
Chris y Melanie se enfrentan a este momento como pueden. Él, en calidad de vicario. Ella, como una joven que no ha visto la muerte de cerca.
Espero que os guste.

                     El entierro de Toby se celebró al día siguiente.
                     Melanie, Eleanor y Victoria se sentaron en uno de los últimos bancos de la Iglesia de Saint Agnes. Estaba a rebosar de gente. Lord Duncan y lady Christine estaban sentados en el primer banco. Lord Duncan estaba como ido. Y su esposa yacía casi desmayada sobre el asiento. Su doncella personal la asistía.
-¡Pobre lady Berkley!-le susurró Eleanor a Melanie-¿Te has fijado? Parece un fantasma.
-Acaba de perder a su hijo-le recordó la chica-No creo que le importe mucho su aspecto.
-Toby no era hijo suyo, sino de lady Daphne. Y, además, hay quien dice que ni siquiera era hijo de lord Berkley. ¿Conoces la historia? La he oído en estos días. Apenas susurrada...
-¡Eleanor!
-Lo siento, Melly. Me aburro. Y los criados hablan mucho. Sobre todo...En un caso como éste.
-¿Y eso qué importa ahora?
-Hace un par de años que conozco a lady Berkley. Cuando todavía no se había casado con el duque. ¡Tenías que haberla visto, Melly! Era la mujer más bella que jamás había visto. Siempre se ha rumoreado que era estéril. Eso se debe a que estuvo casada en primeras nupcias durante ocho años. Y no tuvo hijos con su marido. Pero eso no pareció importarle al duque. Tenía a su hijo. No es el primer caso de un aristócrata que da su apellido a un niño que no ha engendrado. ¡Qué te voy a contar! Lady Berkley es muy inteligente. Y muy culta...
                Los ojos de color azul cielo de Melanie centellearon de impaciencia. Posó la vista en el cielo de paja de la Iglesia. Dame paciencia, Dios mío, rezó en silencio. Era el primer entierro al que asistía. Y su familia no estaba con ella.



                        Oía los comentarios que los asistentes estaban haciendo.
                        ¿Cómo se les ocurría a los duques celebrar el entierro de su heredero en una Iglesia tan humilde como la Iglesia de Saint Agnes?
                        En el interior de la sacristía, Chris se preparaba para encarar su reto más difícil: enterrar al pequeño Toby. Aferrado a su Biblia, recordaba lo que le había escuchado decir a Melanie el día antes. Toby era un ángel. Oía los susurros de los asistentes al entierro. ¡Malditos cotillas!, pensó con rabia. ¡No eran capaces de respetar un lugar Sagrado. Y tampoco eran capaces de respetar el dolor de unos padres. Hablan de nuevo de que, a lo mejor, Toby no era hijo de lord Duncan. ¿Y eso a cuento de qué venía? ¿Acaso importaba?
                      Salió de la sacristía y se dirigió al Altar. Se le cayó el alma a los pies al ver a la pobre lady Christine. Parecía que ella también había muertos.
-Hermanos...-empezó a decir-Nos encontramos aquí reunidos por un motivo muy triste. Despedir al pequeño lord Tobías Pennyworthy, heredero del ducado de Berkley. Y muy amado hijo de lord Duncan y lady Christine Margaret Pennyworthy...Un ángel que Dios envió a La Tierra durante un tiempo. Un ser que llenó de luz y de felicidad las vidas de cuántas personas estaban a su alrededor. Un niño bueno...Travieso...
Pero afectuoso...
                   Buscó con la mirada a Melanie.
-Toby no nos pertenecía-prosiguió.
                   Finalmente, encontró a Melanie. Estaba sentada en uno de los últimos bancos. Estaba acompañada por dos jóvenes a las que Chris veía en la Iglesia todos los domingos. No había tenido la ocasión de hablar con ellas. Se sintió mejor cuando sus ojos se encontraron con los ojos de Melanie.
-Dios ha tenido que reclamarlo a Su Lado-continuó Chris-Él ha subido al Cielo. Es un ángel. Y, desde la Gloria, nos está mirando. Es consciente de lo mucho que lo querían sus padres. Del amor que le profesarán siempre. Porque es imposible dejar de amar a un hijo.
                Los ojos de Melanie se llenaron de lágrimas. Una lágrima resbaló por su mejilla.
                Pensó en su padre. ¿Acaso aquel hombre la había querido a ella o había querido a Anne? ¿Estaría pensando en ellas en aquel momento?
-Soy consciente de que todas las palabras que pueda pronunciar están vacías-admitió Chris-No hay nada que pueda hacer en estos momentos que pueda mitigar el dolor que puedan sentir los padres de Toby. No los veo como los duques de algo. No...Son un matrimonio que acaba de perder a su único hijo. Y mi corazón está con ellos. Porque me siento incapaz de hacer algo por ellos. Por ayudarles.
                   No estaba usando las palabras que le habían enseñado a decir. Estaba hablando de corazón. Durante unos segundos, lady Christine pareció reaccionar. Clavó sus ojos en el joven vicario.
-Señora, lo siento mucho-se lamentó Chris-No debería de haber pasado esto. Una madre no tiene que enterrar a un hijo. Ninguna madre debería de estar viviendo este calvario. Lo siento.



                      Chris bajó del Altar. Se acercó al primer banco, donde estaban sentados los duques. Lord Duncan no era consciente de nada de lo que estaba pasando a su alrededor. Y, durante unos instantes, lady Christine pareció volver a la realidad.
-¿Qué va a hacer?-se inquietó Victoria.
                   Se oyó un gemido ahogado en toda la Iglesia.
                   Chris abrazó con cariño a lady Christine. La duquesa lloró durante un rato en el hombro del joven vicario. Éste le acariciaba el cabello. Le murmuraba palabras de consuelo en el oído.
-¿Lo que está haciendo es normal?-inquirió Eleanor.
                    No se dirigía a nadie en concreto.
                    Melanie tenía el rostro bañado en lágrimas.
                    Chris no se había parapetado tras el Altar. Había actuado conforme a lo que estaba pensando y a lo que estaba sintiendo. Tenía que consolar a aquella pobre mujer. Y eso era lo que estaba haciendo. Pero parecía que nadie lo entendía.
-A mí me parece lo más normal del mundo-contestó Melanie.
-¡Es escandaloso!-casi gritó una mujer.
-Más escandaloso sería que no lo hiciera-intervino Melanie.
                   Victoria le dio un codazo. ¿Cómo podía su amiga pensar de aquella manera? Melanie tenía sus propias opiniones sobre la vida. En su opinión, Chris había obrado como tenía que hacerlo un buen vicario. Acercándose a sus feligreses.
                   Vio cómo apoyaba sus manos sobre los hombros de lord Duncan. Le oyó hablarle. De alguna manera, le estaba consolando. Una lágrima solitaria resbaló por la mejilla del duque.

lunes, 8 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, si me lo permitís, me gustaría dedicar este fragmento de Berkley Manor a dos buenas amigas. Se tratan de Anna y de Aglaia Callia, dos personas maravillosas a las que deseo desde este humilde blog lo mejor porque se lo merecen.
A vosotras, que habéis sido mi paño de lágrimas, mis consejeras más sabias, amigas maravillosas, os dedico este fragmento.
Un fuerte abrazo a las dos. Os quiero mucho.

-¿A qué hemos venido?-se quejó una dama-¡Se han suspendido todos los bailes! ¿Qué estamos haciendo aquí?
                 Melanie estaba entrando en el salón.
                 De pronto, se quedó de piedra al escuchar aquella queja. Sintió cómo la bilis subía por su garganta.
                  ¿Cómo podía ser la gente tan egoísta?, se preguntó. Apretó los puños con rabia.
                  Eleanor se acercó a ella. Sabía que Melanie estaba a punto de estallar.
-Vamos a salir al jardín-le sugirió-Demos un paseo.
-¡Como quieras!-casi gritó Melanie.
                  Las dos chicas salieron al jardín. No se habían fijado antes en él porque estaba lloviendo cuando llegaron. El día había amanecido soleado. El jardín era inmenso. A Melanie le recordó a un bosque.
-¿Has oído a esa zorra?-escupió la muchacha.
-Todo el mundo estaba ilusionado con venir a Berkley Manor-se lamentó Eleanor-Es normal que se quejen.
-¿Es que nadie piensa en el pobre Toby? ¿Nadie piensa en sus padres ni en el dolor que están sintiendo?
-La gente no sabe cómo reaccionar en una situación así. Hay quien piensa que su dinero o sus títulos les protegen de estos trances. Se equivocan. Vicky tiene razón. La Muerte no respeta a nadie.
-Ni siquiera a los niños...
                   Los ojos de Melanie se llenaron de lágrimas.
-Te ha afectado la muerte del heredero-observó Eleanor-¡Pero no lo conocías de nada!
-Mi hermana Annie tiene diez años-le recordó Melanie. No se sintió capaz de hablar de Peter-Es tan sólo cinco años mayor que Toby. ¡Podría pasarle algo también a ella!
                    Eleanor guardó silencio.
-Tengo hermanos-se limitó a decir al cabo de un rato-Me moriría si les pasara algo.
                    Podía entender los sentimientos de Melanie.
                    En aquel momento, se cruzaron con Christopher Christian Pemberton.
-Buenos días...-lo saludó Melanie.
-Buenos días, señorita Livingston-le devolvió el saludo Chris.
-¿Cómo se encuentra?
-Mal...Dispense.
                 Siguió caminando.
                Melanie le vio alejarse.
                Había visto a Chris muy alterado.
                 Eleanor contempló la escena sin decir nada. De igual manera que ella tenía sus secretos, Melanie tenía derecho a tener sus propios secretos. No era quién para inmiscuirse en la vida de la muchacha. Había preocupación en el gesto de Melanie mientras veía cómo Chris se alejaba. Le había visto muy preocupado aquella mañana.
                Intuía la razón de su angustia.
-Lleva poco tiempo ejerciendo como vicario en la isla-le comentó a Eleanor-Es la primera vez que tiene que enterrar a un niño.
-No querría estar en su lugar-admitió su amiga-Es demasiado duro. Muy doloroso...



                     Melanie ahogó un grito cuando ella y Eleanor regresaron al salón.
-¡Cielo Santo!-exclamó.
                    Habían colocado un ataúd hecho con madera de roble en el centro del salón. Había algunas personas rodeando el ataúd. Los criados iban colocando coronas de flores a su alrededor.
                    Melanie sintió que se iba a desmayar.
                    Que le iban a fallar las fuerzas.
                     Una anciana matrona se abanicaba con ímpetu. Tenía más de sesenta años y era conocida en todo el país por sus fiestas.
                      Habían colocado al pequeño Toby en el interior del ataúd. La tapa estaba abierta. Todo el mundo podía acercarse a contemplar su rostro. Tenía los ojos cerrados porque se los había cerrado el médico. Alguien había colocado una moneda en cada párpado para que tuviera los ojos cerrados.
-No miréis-le susurró una voz a Melanie.
                    Era Chris.
                    El joven la vio ponerse blanca como un cadáver. Se apresuró a cogerla del brazo.



                  Todo el mundo estaba hablando en voz baja del pequeño. Recordaban lo travieso que había sido y cómo volvía loca a su niñera, que lo perseguía por toda la mansión. A los cuatro años, descubrió que era capaz de subirse a los árboles.
-Era la alegría de la casa-se lamentó un criado.
-¡Está con Dios!-se lamentó la anciana matrona.
-¡Es una tragedia!-exclamó un petimetre-¡Pero no puedo perder el tiempo aquí! ¡He venido a buscar una heredera!
-¡Cállese!-le espetó Melanie-Váyase si quiere. ¡Pero que Dios tenga piedad de su podrida alma!
                  La niñera del niño cogió unas tijeras. Se acercó al ataúd. Y cortó un mechón de su pelo rizado. La mujer había querido al pequeño desde que nació. Lo tuvo en sus brazos cuando apenas tenía horas de nacido. Se la conocía como la señora Harry. Era una mujer alta y de aspecto un tanto rústico. Pero había demostrado tener una paciencia infinita con Toby.
                Hasta aquel día...
-¡Mi niño!-sollozaba quedamente-¿Qué voy a hacer sin ti, mi angelito?
                 Toby había sido una bendición para todos los habitantes de la mansión. Había servido de consuelo a la pobre señora Harry, que estaba sola. Había curado las heridas de los duques. La casa se quedaba vacía sin él.
                  Con su cabello rubio, parecía un angelito. Quizás, sea un ángel, pensó Melanie. Tan pequeñito...
                   Se envaró. Estaba oyendo los rumores que corrían acerca del verdadero origen de Toby y pensó que era desagradable escucharlos. Toby había sido un niño inocente. Siempre andaba metiéndose en líos. Siempre queriendo ver el mundo. Siempre haciendo reír a los demás.
-Los ángeles no viven muchos años-suspiró Melanie.
                  La señora Harry habló de la vitalidad que desprendía el niño. Ocupaba todas sus fuerzas en tratar de que obedeciera. Por supuesto, nunca lo conseguía.
-¿Dónde ha aprendido eso?-le preguntó Chris a Melanie.
-¿A qué se refiere?-quiso saber la muchacha.
-Se ha referido al niño como un ángel.
-¿Acaso no es un ángel? Todos los niños del mundo son ángeles. Viven ajenos a la maldad. Sin embargo, esos ángeles no siempre permanecen en La Tierra.
-Su sitio está en El Cielo. Con Dios...
-Así es.
                 Pequeño...Delicado...Sin la suficiente fuerza como para luchar por su vida. ¡Dios mío!, pensó Chris. ¡Ayúdame!
                 El entierro se celebraría al día siguiente. Un caballero aspiró rapé con energía. Se sentía visiblemente nervioso. No estaba acostumbrado a tratar con niños. Y le asustaba ver el rostro de un niño muerto. Abandonó el salón con gesto precipitado.
                Tres meses después, Toby habría cumplido seis años.
                 Melanie fue conducida por Chris hasta un sillón. Él la ayudó a sentarse con delicadeza. Durante muchos años, Melanie había vivido protegida por su madre y por su tía abuela de todo lo malo del mundo. A pesar de que ella tenía una idea ligera de cómo funcionaba el mundo.
                 Esto estaba siendo demasiado para ella. Pero no quería abandonar Berkley Manor.
-¿Se encuentra bien?-le preguntó Chris.
                  Melanie asintió de manera débil.
-Me quedaré con usted-decidió Chris.

sábado, 6 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Aquí, tras un par de días de sequía, traigo un nuevo fragmento de Berkley Manor. 
Espero que os guste.

                    Chris se dirigió a lomos de su caballo a Berkley Manor. No sabía cómo podía ayudar a los duques a superar tan terrible pérdida.
                   En el interior de la mansión, Melanie se reunió con Victoria. La joven permanecía todavía en su habitación. Le contó que Eleanor había salido temprano. No le había dicho adonde iba.
-Puede que haya vuelto a casa-dijo Victoria.
-Habría avisado-le recordó Melanie.
                  Melanie se asomó a la ventana para ver si veía a Eleanor.
                  Vio los árboles. Estaban secos. Todo lo que la rodeaba era dolor y muerte.
                   ¿Acaso podía culpar a Eleanor de querer huir?
                   Pero Melanie no podía salir corriendo de aquella mansión. Pensaba en Anne. Toby había muerto con sólo cinco años. La Parca ya ni respetaba a los niños. La realidad que estaba descubriendo le parecía monstruosa. Nunca antes había estado en un velatorio. No había tenido que lamentar nunca la muerte de un ser querido. Su tía abuela...Su madre...Su hermana...Si moría su padre, Melanie no habría podido reaccionar. No había tenido apenas trato con él. Para ella, sir Marcus Livingston era una especie de sombra. Un hombre que le estaba haciendo mucho daño a su madre.
                  Sin embargo, a quien vio llegar montado a caballo fue al vicario. Los ojos de Melanie se iluminaron de un brillo que no pasó inadvertido para Victoria. Sin embargo, la chica prefirió guardar silencio. No existía entre ella y Melanie la confianza suficiente como para hablar de ciertos temas.
-Siempre pensé que mi entrada en la vida social sería de otra manera-se sinceró Melanie-Iría a la Casa Carlton. Y conocería al Príncipe George en un baile.
-Es el sueño de toda muchacha-suspiró Victoria-Pero rara vez se hace realidad.
-Mi madre estuvo en la Casa Carlton. Fue hace muchos años. Dice que conoció a los Reyes.
-¿Tú quieres conocer al Príncipe?
-No lo sé. Nunca he querido marcharme de la isla.
-Tendrás que abandonarla. Sobre todo, si vas a tener tu puesta de largo.
                Puesta de largo, pensó Melanie.
                ¿Quién puede pensar en bailes en aquellos momentos? A escasos centímetros de la habitación de Victoria estaba la habitación de Toby. Y Toby...
-He oído que hay gente que quiere irse-le comentó Victoria-Dicen que han venido aquí a divertirse. No han venido a llorar a un niño.
-¡Son unos egoístas!-exclamó Melanie mientras se giraba para encararse con Victoria-No sienten el menor respeto por nadie.
-Tal vez...
-¿No piensan en los duques?
-La gente habla y yo he escuchado algunas cosas en el tiempo que llevo aquí.
                  Melanie frunció el ceño.
                  Los invitados debían de pensar que lady Christine no debía de estar destrozada por la muerte de Toby. Después de todo, ella no era su verdadera madre. En cuanto a lord Duncan...Melanie contuvo las ganas que tenía de ponerse a gritar.
                  Salió de la habitación de Victoria. Vio cómo Chris subía por la amplia escalera.
                  El joven estaba preocupado. Era la primera vez que se enfrentaba a un caso como aquél. La muerte de un niño...
                 Se preguntaba qué era lo que le iba a decir a los padres de Toby. No sabía cómo consolarles. Toda palabra que saliera de su boca sonaría vacía.
                  Entonces, vio a Melanie Livingston. La imagen de aquella chica se le había colado durante la noche, cuando intentaba conciliar el sueño en vano. Es una prueba que ha puesto Dios en mi camino, pensó.
-Buenos días, señorita Livingston-le saludó-¿Cómo está?
-No estoy muy bien que digamos-contestó Melanie.



-Quiero saber una cosa. ¿Conocía a los duques de Berkley? Ya sé que no es normal que conociera a su hijo. Después de todo, los niños son excluidos de las reuniones sociales.
-Sólo de oídas...Mi tía abuela Regina tenía amistad con el anterior duque. Yo acabo de llegar. Es mi primera visita a Berkley Manor. No tengo el gusto de conocerles personalmente.
-Es libre de irse, si así lo quiere.
-No podría irme. Siento que me necesitan aquí.
-¿Para qué?
-Para consolarles. Para estar con ellos.
-Una buena obra de caridad...Necesitarán todo el apoyo del mundo para superar esta tragedia, señorita Livingston.
                  Movida por un impulso, Melanie cogió la mano de Chris y se la besó. Luego, salió corriendo en dirección a su habitación. Aún llevaba el pelo suelto y pensó que el vicario creería que era una cualquiera. No se dio cuenta de que Chris la estaba mirando con fascinación.
                  Minutos después, el joven vicario intentaba hablar con lady Christine. La duquesa permanecía acostada en su amplia cama adoselada. No era capaz de atender a razones.
-¡Mi hijo no está muerto!-le gritó a Chris nada más entrar él en su alcoba.
                   El joven se fijó en lord Duncan.
                  El duque no había variado su postura. Permanecía sentado en la misma silla en la que se había sentado la noche antes.
                  Miraba sin ver nada de lo que pasaba a su alrededor.
                  Parecía no escuchar a su mujer. No se había percatado de la presencia de Chris en la habitación.
-Excelencia, he venido para hablar con vos-dijo el joven vicario con suavidad-Soy el primero en sentir vuestra pérdida. La muerte de un niño siempre es una tragedia. Pero quiero que me escuchéis con atención. Nada de lo que yo os diga os devolverá a Toby. Pero tenéis que pensar que ya no sufre. Está en un lugar mejor. Está con Dios.
-¡Toby tendría que estar con nosotros!-le espetó lady Christine-¡Tiene que estar con Duncan y conmigo!
                   La doncella personal de lady Christine pasaba un paño empapado en agua fría por su cara.
                    Cruzó una mirada cargada de ansiedad con Chris. El vicario se sentía impotente. ¿Qué le puedo decir a esta pobre mujer, Dios mío?, se preguntó. ¿Cómo puedo consolarla? Lady Christine lloraba con desesperación.
-Toby era un niño sano-se lamentó la mujer-Siempre estaba riendo. Yo no lo parí. Pero eso no me importó. Era mi hijo. ¡Es mi hijo! ¡No debería de estar muerto!
-Excelencia, os lo ruego-le pidió Chris-Lo ocurrido ha sido una desgracia. Aún así...
-¡Marchaos! ¡No quiero ver a nadie! ¡A nadie! ¡Quiero estar sola!
-Milady...
-¡Marchaos!
                   Chris tuvo que abandonar la habitación, sintiéndose un inútil. ¿Qué clase de vicario era que no podía consolar a una feligresa? ¿Cómo podía afrontar el duro día que tenía por delante? Hablar de la Vida Eterna. De la resurrección de los muertos...¡No era capaz de hacer eso!
                  Apoyó la espalda contra la madera de la puerta.
                  Se sentía impotente.
                  Oía los sollozos lastimeros de lady Christine.
                  Lord Duncan no había abierto la boca en ningún momento.

jueves, 4 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, vamos a seguir con un nuevo fragmento de Berkley Manor. 
Los fragmentos que van a venir a partir de ahora no van a ser muy alegres. Pero sí nos van a permitir ver cómo florece el amor entre los protagonistas, Chris y Melanie.

                     La habitación del pequeño Toby estaba llena de juguetes. Juguetes que nunca más serían usados. Ya no volvería a montarse en su caballito de madera. Ya no volvería a coger sus muñecos. Ya no volvería a llenar la habitación con sus risas.
                      Cuando el niño exhaló su último suspiro, lord Duncan cayó en una especie de estupor. Era incapaz de salir de aquel estado. Sólo podía oír a su hijo exhalando su último aliento.
                      No escuchó los gritos de lady Christine. No escuchó los sollozos de la institutriz de Toby. Miraba sin ver dónde estaba.
                      Tenía la sensación de que estaba soñando. Alguien fue a buscar al carpintero. Éste, un hombre ya anciano, se presentó en la mansión. Dijo que iba a tomarle medidas a Toby.
-El niño tendrá el mejor ataúd del mundo, Excelencia-le aseguró a lord Duncan-Se lo puedo asegurar. Hecho con madera de roble...Un ataúd digno de un Príncipe...¡Os lo garantizo!
                    Ataúd...
                    Lady Christinte lloraba presa de un fuerte ataque de histeria. Ella no había parido a Toby. No lo había llevado durante nueve meses en sus entrañas. Aún así, era como su hijo. Lo quería como si fuera su hijo. ¡Y aquel viejo hablaba de hacerle un ataúd!
                    La niñera y la nodriza de Toby fueron las encargadas de amortajarlo. La nodriza lloraba mientras lavaba el cuerpecito sin vida del niño.
                     Lord Duncan estaba muy quieto. La niñera buscó en el armario de Toby la mejor ropa que éste tenía.
                      Los duques estaban completamente volcados en el niño.
-Va a parecer un ángel, Excelencia-le dijo la niñera a lord Duncan-Pero él siempre ha sido un ángel. Dios lo ha reclamado a su lado.
                     Se preguntó si estaba siendo sincera en sus palabras. ¿En serio aquella mujer quería de verdad a Toby? ¿O estaba triste porque iban a prescindir de sus servicios? Ya no había un niño al que cuidar en la mansión. Nunca más habría un niño al que cuidar.
-¡Toby!-gritaba lady Christine, desgarrada por el dolor-¡Toby!
-Cálmese, Excelencia-le dijo su doncella personal-No grite.
                    La niñera fue la encargada de vestir a Toby. Incluso, cepilló su rubio cabello por última vez. Se atrevió a cortarle un mechón de pelo.
                    El niño yacía acostado en su camita. Tenía los ojos cerrados. Le habían cerrado la boca. Su antigua nodriza cruzó sus manos a la altura del pecho. Y pensó que Toby parecía, de verdad, un ángel. Que estaba dormido. Y que estaba a punto de despertarse. Pero eso nunca pasó. La nodriza rompió a llorar desconsoladamente. Toby se había ido. Todavía lo recordaba como un niño de ojos muy vivos. Muy glotón...

 No he sido capaz de ilustrar este fragmento con la imagen de un niño amortajado. ¡No podía! Me pareció demasiado macabro. Por eso, lo ilustro con la imagen de este angelito. El pequeño Toby ya es un ángel.

                    Melanie no había podido conciliar el sueño durante toda la noche. Dio muchas vueltas en la cama. No estaba acostumbrada a dormir fuera de su casa. Pero el ambiente triste que se respiraba en la mansión le impedía conciliar el sueño.
                    Cada vez que cerraba los ojos, veía rostros desencajados por el dolor.
                    Oía los lamentos de las mujeres, damas y criadas, que estaban en la mansión.
                    El amanecer la sorprendió sentada en la cama. Sentía un agudo dolor dentro del pecho que le impedía respirar. Y su pensamiento volaba en tres direcciones. Toby, Peter y Anne.
                     Se preguntó si su hermana estaría bien.
                     No recordaba cómo fue el funeral de su hermano.
                    Intentó evocar su imagen. Pero no pudo. Ella tenía dos años cuando Peter murió.
                    No quiso llorar. A Peter no le habría gustado verla llorar. Pero rompió a llorar. No podía imaginar el rostro de su hermano. No podía imaginar a Peter.
                    Se puso de pie y empezó a pasearse de un lado a otro de la habitación. El día de hoy se presentaba triste y duro. Muy largo...El velatorio de un niño, pensó. Sus ojos se llenaron otra vez de lágrimas. Nunca pensó que su primer acto social sería aquel. Uno triste...Doloroso...No puedo pensar en mí misma, se dijo Melanie. Tengo que pensar en los duques.

                  Chris había empezado a cortejar hacía unas semanas a una joven llamada Grace Ruston.
                  Le decían que era la mejor candidata para convertirse en su esposa. Se trataba de una joven tranquila y sin grandes ambiciones. La mujer digna de un vicario...Se lo habían dicho sus tíos. Y se lo habían dicho también los padres de Grace.
                   Al menos, eso era lo que Grace le había hecho creer a todo el mundo. En el pasado, había fantaseado con la idea de unirse a algún aristócrata. Pero sus padres le habían quitado aquella idea de la cabeza. A lo máximo que podía aspirar una muchacha como ella era a ser la esposa del vicario.
                  Aquella mañana, antes de dirigirse a la mansión, Chris acudió a visitar a Grace. La encontró desgranando guisantes junto con la mujer que ayudaba a su madre a limpiar la casa.
-Buenos días, Gracie-la saludó.
-Buenos días, Christopher-le devolvió el saludo la joven-¿Cómo están los duques?
-Están destrozados.
-No me extraña. Debe de ser muy duro para ellos perder a su único hijo. ¡A su heredero!
-No sé qué haré mañana cuando tenga que oficiar su entierro.
-¡Lo harás bien!
                   Los granos de los guisantes iban cayendo sobre un plato que estaba colocado encima de la mesa. La mujer acabó primero de desgranar los guisantes. Se puso de pie. Chris vio cómo echaba carbón en la lumbre.
-Es nuestra comida-le comentó Grace a Chris.
-No tengo mucha hambre-admitió el muchacho.
-Estás haciendo una maravillosa labor. Eres un buen vicario. Te preocupas por los demás. No tienes porqué flaquear mañana.
                  La mujer llenó de agua una olla de barro.
-Lo intentaré-suspiró Chris.
                    En alguna que otra ocasión, se había preguntado qué sentiría al dormir abrazado a Grace.
                    Aprovechando el descuido de la mujer que estaba con ellos, Chris le dio un beso a Grace.
                    La joven se puso rígida. Le dijo que aquel comportamiento era poco decoroso.
-¡No es el apropiado en un vicario!-le regañó.
-Lo siento-se excusó Chris-Pero nos queremos, Gracie. ¿Verdad?
                      El comportamiento de la joven le parecía extraño. Grace se limitaba a dejarse cortejar. Había pensado que se trataba de pudor. Pero empezaba a preguntarse si Grace se estaba mostrando fría con él.
-Te quiero mucho-le aseguró la chica.
-Dios bendice nuestro amor si es sincero-afirmó Chris-Pero este amor tiene que ser verdadero. No puedo casarme contigo si no nos amamos. Estaríamos cometiendo blasfemia.
                     Grace guardó silencio. Tenía que admitir que no estaba enamorada de Chris.
-Te has quedado callada-observó el joven.
                       Grace pensó en que debía de dejarlo correr.
                     

         
                               El silencio de Grace inquietó a Chris.
                              ¿Por qué no decía nada?, se preguntó. ¿Por qué se callaba? ¿Acaso no estaba enamorada de él?
                              Se habían besado en otras ocasiones. Los besos eran algo normal en una pareja, se decían. Pero Grace se limitaba a dejarse besar.
-Tengo que irme-anunció Chris.
                            Tomó el rostro de Grace entre sus manos. Le dio un beso suave. Tenía que respetarla, porque aún no era su esposa.
                           Salió de la cocina. Se preguntó si Grace quería realmente casarse con él. A veces, Chris dudaba de si realmente estaba enamorado de ella. Le habían dicho que sería la mejor esposa que pudiera tener. Pero Chris no quería actuar movido por la voluntad de sus feligreses. También tenía que pensar por sí mismo. Y sospechaba que no quería casarse con Grace Ruston. Porque no sentía nada por ella. Excepto una buena amistad...Pero eso no era amor.
                 Si nos casamos, sería un desastre, pensó Chris. No había amor entre él y Grace. Harían un juramento de amor eterno ante el Altar cuando se casaran. Ante Dios...Y estarían blasfemando.

miércoles, 3 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Berkley Manor es un poco más largo de lo habitual.
Espero que os guste.

                         Melanie fue conducida a su habitación. Eleanor y Victoria iban a compartir habitación. En cambio, ella dormiría sola. Una criada de mediana edad se encargó de deshacer su equipaje. Melanie decidió ayudarla a guardar los vestidos que había traído consigo dentro del armario.
-Casi hubiese preferido no haberlos traído-se lamentó Melanie-Son todos de colores claros. Y no está la ocasión como para lucirlos.
                      Se sentía impotente. Nunca se le había muerto nadie en su familia. Pero sabía que la desgracia podía golpearla en cualquier momento. Antes de dirigirse a su habitación, Eleanor le dio un abrazo. Al igual que Melanie, estaba casi en shock. No sabía qué hacer.
-Ha sido una desgracia terrible, señorita-se lamentó la criada mientras sacaba de la maleta un vestido-El señorito Toby era un niñito precioso.
-¿Cómo está el duque?-inquirió Melanie.
-El duque está casi catatónico. No habla. No se mueve.
-¿Y cómo está la duquesa?
                    La criada suspiró hondo. Melanie vio que no se movía. Sacó su camisón de la maleta. La criada empezó a llorar de un modo suave. No se podía creer nada de lo que estaba pasando. Hacía tan sólo unos días, Toby correteaba por el jardín y volvía loca a su institutriz. Ahora, el pequeño yacía en su camita sin vida. La institutriz no paraba de gritar de puro dolor.
-No haga más preguntas, señorita-le pidió a Melanie-Se lo ruego.
-Lo siento mucho-se excusó la chica.
-Usted no tiene la culpa. Nadie tiene la culpa de lo que ha ocurrido. Yo...
-Si quiere, puede retirarse.
               La criada salió a toda prisa de la habitación.
               Melanie se quedó sola, sumida en sus propios pensamientos. En su interior, una voz le decía que no debía de abandonar a los duques en su desgracia. No pensaba en la muerte del pequeño Toby. Pensaba que algo así también podía ocurrirle a Anne. Los ojos de Melanie se llenaron de lágrimas. Se sentó en la cama con gesto cansado y triste. Se quedaría en Berkley Manor para consolar a los duques. Era lo menos que podía hacer por ellos.

                Melanie no se reunió con los demás en el salón.
                Prefería quedarse sola y pensar.
                 Una criada fue a verla a su habitación. La ayudó a desvestirse. A pesar de que estaba anocheciendo, Melanie decidió acostarse. La criada la ayudó a ponerse un camisón de color blanco. Le soltó el cabello.
-Están amortajando al señorito Toby-le comentó a Melanie-Parece un angelito. ¡Yo diría que está dormido y que podría despertar de un momento a otro!
                 Le cepilló el cabello a Melanie. La muchacha parecía no escucharla. Tenía la mente puesta en otra parte. La criada le comentó que se velaría el cadáver de Toby durante todo el día siguiente. Acudiría mucha gente importante al entierro.
-Ese niño nació con mala estrella-afirmó la criada.
-¿Qué quiere decir?-inquirió Melanie.
-No sé si sabrá que el duque estuvo casado en primeras nupcias. Se fugó hace algunos años con lady Daphne, que era prima de la joven con la que iba a casarse. Estaba casada con un conde. Fue un divorcio muy sonado en toda Inglaterra. Se dice que el señorito Toby nació de aquella unión. Porque el duque se casó con lady Daphne después de que ésta se divorciara.
-Hay algo más. Lo noto en el timbre de su voz. ¿Verdad?
-Cuentan la gente que el señorito no es hijo del duque. ¡Pobrecito mío! Hay quien dice que tampoco era hijo del conde. Se cuentan muchas historias acerca del conde. Y le puedo asegurar que ninguna de esas historias es buena. Una muchacha como usted no debería de escucharlas.



                        ¿Y eso qué importa?, pensó Melanie. No pensaba en el origen de Toby. Pensaba en la pequeña vida que se había truncado. Pensaba que era injusto que unos padres tuvieran que enterrar a su hijo.
-Puede retirarse-le dijo a la criada.
-No he querido hablar más de la cuenta-se excusó la mujer-¡Es tan joven! No sabe nada de cómo funciona la sociedad.
-Casi prefiero vivir en la inopia. Es lo mejor. Ver. Oír. Y callar. Eso es algo que me han enseñado en la escuela. ¿Y sabe qué pienso? Que es mejor no enterarse de nada de lo que pasa en el mundo. Se sufre menos.
-Con su permiso...
                 La criada se retiró discretamente. Cerró la puerta sin hacer ruido. Melanie agradeció el poder quedarse sola. Así, podría pensar con más calma.

                    Christopher Christian Pemberton había nacido en el seno de una familia muy humilde.
                    Sus primeros años de vida habían sido muy felices.
                    Recordaba que sus padres se habían querido muchísimo. La madre de Christopher, Cintia, había llegado con sus padres siendo una adolescente a la isla en busca de una vida mejor. Entonces, conoció al que sería su marido. Era un año mayor que ella. Tras la muerte de sus padres, siendo todavía un adolescente, el padre de Christopher, Gerry, se fue a vivir con su tía solterona. Cintia quería aprender a leer. Gerry sabía leer. Decidió que enseñaría a Cintia a leer.
                  La joven era una auténtica belleza. Gerry se quedó sin aliento al contemplar aquella piel suave. Aquellos ojos de forma almendrada y de color ámbar...Aquellos labios carnosos...Aquel cuerpo escultural... No sólo se propuso enseñar a Cintia a leer, sino que, además, decidió cortejarla. Pronto, Cintia dio muestras de sentir algo más por Gerry. Habían sido amigos al principio. Después, se celebró una fiesta y acudieron juntos. Gerry fue a visitar a los padres de Cintia. Les dijo que quería casarse con ella. Al cabo de algún tiempo, se casaron.
               El propio Gerry construyó la casa en la que vivió durante ocho años con su mujer. Ahorraban lo poco que ganaban, ya que Gerry se dedicaba a dar clases a los niños. Le gustaba enseñar a los demás. Era un profesor muy raro. Nunca golpeaba a los alumnos.
                Y estaba perdidamente enamorado de Cintia. Se trataba de una joven llena de vida. Era inteligente. Era comprensiva. Siempre se estaba preocupando por los vecinos cuando éstos lo pasaban mal.
Quería mucho a sus padres y a sus hermanos.
                 Los Pemberton fueron un matrimonio realmente feliz. El amor que se profesaban era mutuo. Cintia también quería enseñar a los niños a leer. Hacía reír a Gerry con sus ocurrencias. Se preocupaba por él. Era su roca en la que podía apoyarse en los momentos más difíciles. Querían tener hijos.
                 En la cama, podían disfrutar de una gran pasión. Cintia disfrutaba entre los amorosos brazos de Gerry. Le devolvía cada uno de los besos que su marido le daba.
                Tres años después de casarse, nació su único hijo, Christopher.
                Pero la felicidad de la pareja duró poco.
                Una epidemia de viruela asoló la isla.
                Christopher tenía tan sólo cinco años.
                Sus padres fueron los primeros que sucumbieron a la epidemia. De pronto, se vio solo. El hogar feliz en el que había crecido desapareció.
                Por suerte, tenía numerosos parientes. Decidieron hacerse cargo de él.
                Durante los años siguientes, Chris estuvo yendo de un hogar a otro.
                Llegó a pensar que estaba de paso. Su familia tenía otras cosas de las que ocuparse. No es que lo ignoraran.
               Pero cada uno tenía una responsabilidad.
               Eso sí, intentaban volcarse en Chris.
               Aún así, el muchacho creció sintiendo un gran vacío en su interior. Un vacío que le resultaba muy difícil de llenar. Tenía ya veinticuatro años. Y seguía sintiendo aquel vacío.
               Siempre había sido muy religioso. Se preocupaba por los demás.
               La idea la tuvo una tía suya por parte de madre, su tía Sophie, que había tomado los hábitos. Se contaba que la mujer no tenía una auténtica vocación religiosa. Se decía que su familia la había enviado al convento tras haber sido deshonrada por un noble libidinoso. Por supuesto, Sophie no había querido nunca hablar de aquel tema. Ni siquiera con su sobrino...Todo lo que Chris sabía sobre aquel asunto era por los comentarios que había escuchado entre los vecinos. En su opinión, la vida de su tía Sophie le correspondía sólo a ella.
                Ésta le dijo que podía hacerse vicario y, de esta forma, poder ayudar a los vecinos a nivel espiritual. Los vicarios podían casarse y tener hijos. En su fuero interno, le habría gustado ver a su sobrino convertido en fraile. Pero el chico no servía para vivir entre los muros de un monasterio.
               Christopher abandonó la isla para formarse como vicario. Había regresado apenas unos meses antes.
               Oficiaba Misa todos los domingos. Había casado a unas cuantas parejas. Había celebrado unos pocos bautizos. Y había enterrado a varias personas.
               Pero era la primera vez que tenía que oficiar el entierro de un niño.
                Se sentía impotente.
              No había conseguido hablar con el duque.
               Y hablar con la duquesa había supuesto un martirio. Lady Christine no hacía otra cosa más que gritar. Se negó a escuchar lo que le decía el joven vicario. Unos días antes, lady Christine estaba enfrascada en los preparativos de la fiesta que quería celebrar el domingo por la noche. Ahora, acostada en su cama, se negaba a asimilar la muerte de su hijo. De aquel niño al que había llegado a querer como si fuera su hijo. Y lord Duncan, sentado en una silla, se dedicaba a mirar al vacío.
-Será mejor que se marche-le pidió la doncella personal de lady Christine a Chris-No lo va a escuchar. Tiene que sacar fuera todo el dolor que lleva dentro. Vuelva mañana.
-Tiene razón-suspiró Chris-Será mejor que me marche.
-Descanse. Todos necesitamos descansar. Mañana...Será un día terrible.


                        Al salir de la habitación, Chris se dio de bruces con Melanie. La chica no podía seguir por más tiempo en su habitación. Se asfixiaba y tuvo que salir de la habitación porque sentía que se ahogaba.
-Disculpe, señorita-se excusó Chris.
-Lo siento-se disculpó Melanie-No le he visto. Yo...
                  Se sintió estúpida.
                  Se había puesto encima del camisón la bata.
-No pasa nada-le dijo Chris.
                  Se quedó sin aliento al ver a Melanie.
-¿Cómo está Su Excelencia?-le preguntó Melanie.
-Está muy mal-respondió Chris-No es capaz de reaccionar. Sólo grita y llora.
                Melanie sintió pena por lady Christine.
               Chris la miró más detenidamente.
-Lo siento mucho-se lamentó Melanie.
                  Chris pensó que la vida era injusta. Él tenía la misma edad que tenía Toby al morir cuando perdió a sus padres. Y he aquí que me encuentro con un matrimonio que ha perdido a su hijo, pensó el joven.
-¿Piensa quedarse aquí?-preguntó Chris.
-Quiero consolar a los duques-respondió Melanie-Me ha afectado la muerte de Toby.
-¿Lo conocía personalmente?
-No...Nunca le he visto. Pero tengo una hermana de diez años. Annie...Y pienso en ella.
               Chris era hijo único. Veía verdadera angustia en los ojos de Melanie. Le hizo una reverencia a modo de despedida.
-Volveré mañana por la mañana-le informó a Melanie.
-Señor...-titubeó Melanie-Me gustaría hacerle una pregunta.
-Sé qué es lo que me quiere preguntar. La respuesta es no. No he enterrado nunca a un niño-Su voz sonó triste-Es la primera vez para mí. Y...Me habría gustado no tener que hacerlo-Melanie sintió compasión de él-Buenas noches...
-Buenas noches...-se despidió Melanie.
                  Chris empezó a bajar por la escalera.
                Melanie le vio alejarse. Le habría gustado hablar un rato más con él.
                 Le habría gustado conocerle mejor.

lunes, 1 de abril de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Después de un pequeño paréntesis (ayer fue Domingo de Resurrección y es tradición irse al campo a comerse la mona, aunque yo, más bien, me comí la mona en mi casa porque ayer estuvo lloviendo), retornamos hoy con Berkley Manor. 
Veamos qué es lo que le va a pasar a Melanie a su llegada a la mansión.

                Un criado estaba esperando a Melanie y a Eleanor en la puerta.
                 Las hizo pasar muy deprisa al interior de la mansión.
                 Al entrar en el recibidor, Melanie sintió cómo un escalofrío recorría su columna vertebral. La mansión estaba demasiado callada. No le parecía un lugar animado, como le habían descrito que sería. No escuchaba risas. No oía voces hablando de forma animada.
               Se cogió del brazo de Eleanor.
               Su amiga buscó con la mirada a Victoria.
               Por suerte, el cochero iba detrás de ellas. Eleanor lo agradeció. El saber que Justin estaba cerca de ella la consoló.
                ¿Qué habrá pasado?, se preguntó. ¿Y la gente? ¿Y las fiestas? ¿Y la animación?
-¿Dónde están los duques?-le preguntó Eleanor.
-Deberían de estar aquí para recibirnos-respondió Melanie-Supongo que sí...Aunque...No sé mucho de estas cosas.
-¡Esto no me gusta nada!
-Estarán en el salón.
                  El criado tenía el rostro compungido. La mansión estaba sumida en un silencio casi sepulcral. De vez en cuando, Melanie oía algo parecido a unos sollozos. Había esperado encontrar un ambiente distinto a aquel.
-Han llegado en el peor momento, señoritas-les dijo el criado-Casi sería mejor que se fueran. Muchos invitados van a hacer eso mismo. Irse.
-¿Qué ha pasado?-quiso saber Melanie.
-Una tragedia, señorita. Una gran tragedia...
-¿Les ha ocurrido algo a lord y a lady Berkley?
                  Eleanor dio un respingo.
                  El criado las condujo hasta el salón.
                  Otro criado se había hecho cargo de las maletas de las dos jóvenes.
                   Melanie y Eleanor se miraban sin entender nada. Eleanor se preguntaba dónde estaba Victoria.
                   Entraron en el salón. Melanie vio a un nutrido grupo de gente que estaba allí reunida. Vio que los hombres tenían los rostros serios. Todas las mujeres que estaban allí iban vestidas de negro. En un rincón, estaba una criada de mediana edad llorando. Otras mujeres también estaban llorando.
-¡Eleanor!-oyó exclamar a una voz femenina y juvenil.
                  Era Victoria.
                  Eleanor suspiró aliviada al ver a su hermana.
                  Victoria Samantha Derrick se parecía mucho a Eleanor. Tenía su mismo cabello de color rojo. Su misma piel blanca...Sus mismos ojos verdes coronados por espesas pestañas...Quizás, la piel de Victoria era un poquito más morena que la piel de Eleanor. Pero era porque Victoria nunca salía de casa con sombrilla. O llevando su sombrero. No le gustaba llevar sombrero. Sin embargo, en otros aspectos, Victoria era la perfecta dama. Le preocupaba mucho la reputación de su familia. Creía que sólo sería feliz si hacía un buen matrimonio. Se comportaba con mucho recato. Y se le podía perdonar algunas faltas leves, como el salir a la calle sin llevar su sombrilla. O sin llevar su sombrero.
                 Victoria se acercó a Eleanor y le dio un abrazo. La joven se dio cuenta de que Victoria estaba temblando. La vio muy pálida cuando se separaron.
-¡Es horrible!-se lamentó la joven.
-¿Qué ha pasado?-quiso saber Eleanor-Parece esto un funeral.
-Y es un funeral.
                   Victoria le dio un beso en la mejilla a Melanie a modo de saludo.
                  La hermana menor de Eleanor llevaba puesto un vestido de color negro. Su rostro estaba contraído en un rictus de dolor. Tenía los ojos hinchados. Melanie pensó que había estado llorando durante horas. Victoria cogió de la mano a su hermana y la llevó a ella y a Melanie hasta un rincón del salón.
-¿Quién se ha muerto?-indagó Eleanor.
-Toby...-contestó Victoria.
-¿Toby?-se extrañó Melanie.
-Sí...-volvió a contestar Victoria.
-¿Toby? ¿El hijo de los duques? ¡Pero si sólo tiene cinco años! ¿Cómo puede estar muerto?
-La Parca no respeta a nadie, Melly. Ni siquiera respeta a los niños.
-¡Oh, Dios mío!
                 Eleanor se puso pálida.
                 Melanie sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Pensó que Toby apenas era cinco años menor que su hermana Anne. No le conocía, pero le parecía horrible lo que le había pasado. No pensaba en el pequeño Toby. Pensaba más en Anne. Si Toby había muerto, también podía morir Anne. Toby apenas era un año mayor que Peter. El recuerdo de su hermano prematuramente muerto asaltó la mente de Melanie. Peter también habría sido un niño lleno de vida. Hasta que murió.
-¡Dios mío!-sollozó Eleanor.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Melanie, casi a gritos-¿Cómo ha podido morir un niño tan pequeño?
-No sé gran cosa-respondió Victoria. Estaba cansada-Sólo sé lo que he oído. Y lo que me han contado.
                Melanie se dejó caer en una silla porque sentía que las piernas se resistían a seguir sosteniendo el peso de su cuerpo. Eleanor puso una mano sobre su hombro.
-¡Pobre pequeñín!-se lamentó la joven.
-No le conocía-afirmó Melanie-Pero sólo tenía cinco años. ¡Mi hermana tiene diez años! ¡También le puede pasar eso!
              Un grito desgarrador se oyó en el piso de arriba. Era la duquesa de Berkley que gritaba presa del dolor más absoluto.
-¡Toby!-chillaba.
                Lady Christine Margaret Pennyworthy estaba acostada en su cama. Su doncella personal la estaba asistiendo. La duquesa de Berkley estaba viviendo la peor de sus pesadillas.
                Lord Duncan Pennyworthy estaba sentado en una silla en un rincón de la habitación. No era capaz de acercarse a su esposa.
                También él estaba viviendo una pesadilla. Hacía tan sólo una semana, Toby era un niño lleno de vida. Y hoy estaba muerto.
                Melanie se puso de pie. Pensó en subir a ver a la duquesa.
                 De pronto, chocó con alguien que entraba de la calle. Christopher Christian Pemberton había sido avisado de lo que había ocurrido en Berkley Manor. Como vicario, tenía que ser él el encargado de darle el último adiós al pequeño Toby.
                 Christopher Christian Pemberton tenía veinticuatro y era considerado como uno de los jóvenes más apuestos del lugar. Muy a pesar de su condición de vicario...Pero él no le hacía caso de aquellos comentarios. Vivía en un mundo sin espejos. No existía la vanidad en él. Se mantenía en forma a pesar de la la vida tan sencilla que llevaba, con un cuerpo esbelto y bien formado. Era virgen. Se trataba de un joven con el cabello de color negro, como el azabache. Lo llevaba largo, según la moda. Largo hasta los hombros...Se lo recogía en una sencilla coleta. También como marcaba la moda. Pero seguía la moda de un modo que se podría definir como inconsciente. Su pelo era liso de manera natural,pero se lo cortaba frecuentemente con un cuchillo. Su rostro tenía la forma perfecta de un cuadrado y sus
facciones eran amables y encantadoras. Le habría gustado ser como su antecesor. El vicario Hawkins era un hombre alegre y extrovertido. Le gustaba hacer bromas sobre todo el mundo. Sus sermones estaban cargados de mucho humor. Incluso, se reía de sí mismo. Sobre todo de las arrugas que surcaban su cara.
                 En el seminario, los compañeros de Chris hacían bromas
sobre su tono de voz, ya que su voz era muy cálida y muy suave. Tenía los ojos de color gris claro y de mirada afable.
                 Había cumplido los deseos de su tía Sophie. Ya era un religioso.
                  Sin embargo, sentía que no sería capaz de dar aquel paso. Llevaba poco tiempo ejerciendo como vicario.
                 Y era la primera vez que tenía que oficiar el funeral de un niño.
-Disculpe, señor-se excusó la chica con la que había tropezado-No le había visto.
                 Chris se fijó en ella.
                Tenía las mejillas encendidas por el rubor. Se quedó sin aliento al verla, pues pensó que estaba delante de un ángel.
                Se dijo así mismo que no tenía que pensar en aquellas cosas.
-No tiene importancia-le sonrió-No la había visto antes por esta zona. ¿Es pariente de los duques de Berkley? Me imagino que ya sabrá lo que ha ocurrido. Dios obra, en ocasiones, de un modo demasiado extraño. No consigo entenderlo. Lo que ha ocurrido es la peor de las tragedias. No puede salir nada bueno de la muerte de una criatura. Es demasiado doloroso para un padre enterrar a un hijo.
-Me llamo Melanie Melinda Livingston-se presentó la chica. Chris, por respeto, le besó la mano a modo de saludo-No soy familia de los duques. He venido como invitada a pasar una temporada aquí.
                Chris pensó que no era el momento para estar de fiestas.
                Pero pensó que el nombre de Melanie era curioso. ¿Por qué estaba pensando eso precisamente ahora? Le pareció absurdo. Melanie Melinda...Era una de las invitadas a Berkley Manor.
                Los duques acostumbraban a recibir a numerosos invitados en su mansión. Sin embargo, en cuestión de días, sus vidas habían dado un dramático vuelco. Chris había llorado cuando supo que el pequeño Toby había muerto.
               Se sentía impotente. ¿Cómo podía ayudar de manera espiritual a un matrimonio que había perdido a su único hijo? Estaba seguro de que ni lady Christine ni lord Duncan querrían escucharle. Estaban demasiado aturdidos y demasiado furiosos con el mundo como para prestar atención a las palabras del vicario.
-He oído gritar a una mujer antes-comentó Melanie.
-He de hablar con los duques-dijo Chris.
-Sea comprensivo con ellos, señor. Están sufriendo mucho. Por cierto, no me ha dicho quién es.
-Soy Christopher Christian Pemberton. El vicario...
-¡Vaya!
               Melanie no pudo evitar exclamar. Le había parecido un chico muy serio, pero...¿Un vicario? ¿Qué edad debía de tener? Menos de veinticinco años...Tenía una mirada cargada de bondad. Vestía de un modo más bien sencillo.
¿Es usted nuevo?
-Llevo poco tiempo.
-No le conocía.
-Ya me conoce, señorita Livingston. Si me disculpa. Tengo que hablar con los duques. Y espero que me escuchen.
-Por supuesto...
                  Le vio subir la escalera. Tenía la vista clavada en él.
                  Su trato con los jóvenes había sido prácticamente nulo. Hablaba con el médico al que ayudaba a cuidar enfermos. Pero el hombre tenía cincuenta años. Estaba felizmente casado. No tenía hijos. Y tanto él como su esposa veían en Melanie a una especie de hija. Nadie la había cortejado. Nadie le había dicho un piropo. Absolutamente nadie...O eso pensaba Melanie. No sabía lo que podía pasar por la mente de un hombre.
                  En aquel momento, Eleanor salió al recibidor.
-¿Se puede saber qué estás mirando?-preguntó.
                   Melanie se giró sobresaltada. No debía de mirar así a un siervo de Dios. Se preguntó si los vicarios podían casarse.
-Entre el viaje y la noticia, me estoy volviendo loca-respondió la muchacha-Pienso en tonterías. ¡Tengo que centrarme!
-Yo quiero irme de aquí-le comunicó Eleanor.
-¿Te marchas?
-Tendría que irme con Victoria. Pero la muy tonta se niega a marcharse. ¡Dice que quiere quedarse hasta que la duquesa esté bien! No tenemos nada que hacer aquí.
-Podemos quedarnos y consolar a los duques. Pienso en que a mi hermana Annie le puede haber pasado lo mismo. ¡Y la angustia me mata!
             Hablaba en serio.
             Melanie se preguntó si Anne estaría bien.
-¿Tú también te quedas?-se escandalizó Eleanor.
-Sólo serán unos días-le aseguró Melanie-Tú puedes irte si quieres.
-¡Me niego a irme sola! No podría llegar a mi casa y contarle a mis padres lo que ha pasado. ¡No me creerían!
-Pues peor para ellos. Yo pienso quedarme aquí.
-¡Haz lo que quieras!
                Eleanor entró de nuevo en el salón. Melanie la siguió.
                Tenía la extraña sensación de que nada de lo que estaba pasando era real. La muerte del pequeño Toby...La aparición del joven vicario...Era una sensación extraña.