domingo, 19 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Berkley Manor está más centrado en Eleanor y sus problemas para conseguir que Victoria acepte su relación con Justin.
Espero que os guste.
A partir de ahora, no sé si voy a poder publicar tan de seguido. Tengo que corregir muchas cosas. Pero no quiero perder el ritmo.
Todavía queda mucho que ver.

-¡Tenemos que hablar!-insistió Eleanor-¡No puedes seguir ignorándome por más tiempo! ¡Está en juego mi felicidad, Vicky!
                La joven había encontrado a su hermana junto a la fuente de piedra que se encontraba en el centro del jardín. Un pez de mármol escupía agua. Victoria estaba sentada en la fuente. Procuraba no mojarse el vestido que llevaba puesto. Tenía un libro que había sacado de la biblioteca de los condes en la mano. 
              Eleanor la estaba buscando por toda la mansión. 
             Cuando la encontró, decidió que era necesario hablar con ella. Se encontró con que Victoria no la miraba a la cara. Lo cual la descolocó. 
-Sé que no apruebas mi relación con Justin-dijo Eleanor-Pero yo le amo. 
               Su hermana la ignoró y Eleanor no pudo contener un bufido de rabia porque Victoria podía llegar a ser muy terca. 
-¿Es que no me estás escuchando?-le espetó. 
-Dejé de escucharte cuando me insultaste-le replicó Victoria-¿O es que lo has olvidado? Por cierto... También me diste un bofetón. No me lo merecía. 
-Lo siento, Vicky. ¡Lo siento de verdad! Perdí los nervios. ¡Perdóname, por favor!
              Eleanor se sentó a su lado en la fuente. Victoria seguía sin mirarla. 
-Eres más joven que yo-prosiguió-Y olvido que hay cosas que no entiendes. Pero acabarás conociendo a un hombre muy especial. Y te enamorarás. Y él te querrá mucho. 
                  Victoria era ya toda una belleza y Eleanor pensó que tendría un gran éxito el día en que fuera presentada en sociedad. Pero Eleanor no quería viajar a Londres si no era con Justin. 
-Te has enamorado de un cochero-le recriminó Victoria-¿Cómo has podido caer tan bajo?
-Justin no es ningún arribista-le aseguró Eleanor. 
                  Las mejillas de la joven se encendieron con el recuerdo de lo ocurrido la noche antes. Justin la había rechazado. Ella había querido acostarse con él deseando engendrar un hijo suyo. Lo había besado con gran pasión. Lo había abrazado. Se había atrevido a acariciarlo. Se habría abandonado de buena gana  a sus brazos. Pero Justin no había querido deshonrarla. 
-¿Y tú cómo lo sabes?-inquirió Victoria. 
-Anoche...-Eleanor se ruborizó-Estuvo a punto de pasar algo. ¡Pero no pasó!
-¿Qué quieres decir?-Victoria estaba empezando a asustarse. 
-Justin es todo un caballero. 
                  Eleanor se retorció las manos con nerviosismo. Le contó a Victoria lo ocurrido la noche antes en el sótano. 
-¿Cómo pudiste rebajarte a ese nivel?-gritó Victoria. 
-Amo a Justin con toda mi alma-afirmó Eleanor-Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de estar con él. 
-Obviamente, ese cochero sabe lo que hace. Hizo bien al rechazarte. Debe de estar pensando lo peor de ti. ¿No sabes que una dama no puede ofrecerse nunca a un caballero? ¡Acabará pensando que es una cualquiera! ¿Te has vuelto loca? 
-Estoy loca de amor, Vicky. 
                    Ignoraba que Justin había pasado toda la noche en vela intentando no pensar en lo ocurrido. Se decía así mismo que su relación con Eleanor tenía que terminar. Ella había ido a Berkley Manor para conocer a buenos partidos. 
                  Pensó en su rostro en forma de óvalo perfecto. En su piel suave...En su adorable y perfecta nariz...En sus grandes ojos de color verde...En su rizado y brillante cabello de color rojo fuego...Un cabello que él había acariciado. 
                 Aquel romance era una locura. Pero era incapaz de dejar a Eleanor. 
                Victoria también pensaba que aquella relación sólo podía ser nefasta para Eleanor en particular y para su famila en general. ¿No se daba cuenta de ello? 
-Tan sólo te pido que me entiendas-le rogó Eleanor a su hermana menor. 
-No puedo aprobar esa relación, Ellie-afirmó Victoria-Lo siento. Pero no puedo. 
-Soy plenamente consciente de cuál es mi deber. Tendría que estar pensando en hacer un buen matrimonio. Pero he encontrado el amor. Y no pienso renunciar a él. Deseé anoche poder estar entre los brazos de Justin. Y él me rechazó porque no quería ensuciar el buen nombre de nuestra familia. Vicky...Eso dice mucho a favor de él. 
                 Pensó que la buena dote de Victoria y su belleza le otorgaría muchos galanes. Pero...¿Dónde estaba el amor? 
                  El bello rostro de Eleanor estaba serio. 
-¿Qué quieres que te diga?-le preguntó Victoria, con gesto cansado-¿Quieres que te diga que me alegro por ti? ¡No puedo hacer eso, Ellie! 
                 Su hermana mayor bajó la vista. Sabía que intentar hacer entrar en razón a Victoria iba a ser muy difícil. 
-Te pido tan sólo que lo entiendas-le rogó-Nada más... 
                 Durante unos minutos, tan sólo se oía cómo el pez de mármol escupía el agua de la fuente. Un sonido que se mezclaba con el canto de los pájaros que estaban posados en las ramas de los árboles. Los días pasados habían sido un Infierno para Victoria. Recordaba el momento en el que Eleanor la abofeteó. Los insultos que le profirió. A ello...Había que unirle el silencio en el que estaba sumida la mansión. Ningún criado cantaba. Eran doscientas personas que vivían sumidas en un profundo mutismo.
                 La duquesa parecía una sombra de sí misma. Iba vestida de negro. A Victoria le recordaba a un alma en pena. Vagaba por la mansión sin apenas hablar con nadie. Sin querer nada de nadie. Y no sabía dónde estaba el duque. Supuestamente, seguía encerrado en su habitación. Por lo menos, comía. El ama de llaves y el mayordomo le estaban buscando un nuevo ayudante de cámara. No dijo nada tras la marcha de Humphrey. Se limitó a encogerse de hombros.
                  Pero había oído el rumor de que el duque parecía un esqueleto.
                  Y, luego, veía a Eleanor. Su hermana estaba besando al cochero. Y Victoria creía que todas las mriadas se posarían sobre ella. La condenarían al ostracismo si aquella relación salía a la luz. 
                 Victoria creyó que se iba a volver loca. 
                 Por las noches, no había sido capaz de conciliar el sueño. Tenía pesadillas en las que se veía así misma siendo señalada por todo el mundo. 
                 Odiaba el silencio. Odiaba no poder hablar con su hermana mayor. Odiaba estar en aquella mansión. Quería irse a casa. Quería olvidar lo ocurrido durante aquellas semanas. Creía que así Eleanor volvería a ser como era. Como había sido siempre. Su hermana mayor...
-Todo el mundo espera de ti que hagas un buen matrimonio-dijo la chica-Eres hermosa. Puede que no seas una aristócrata. Eso no importa. Tienes una buena dote. Y, además, tu carácter puede ser tranquilo cuando te lo propones. Eso es lo que buscan los caballeros en una futura esposa. 
-¿Y qué pasa con el amor?-le increpó Eleanor. 
-Hemos visto el matrimonio de nuestros padres. Vemos los matrimonios de nuestros hermanos. No hay amor. Pero están juntos porque es su deber estar juntos. Hay que impedir que haya un escándalo que manche el buen nombre de nuestra familia. Eso es lo único que debe de importar. 
-No debe de ser lo más importante. Tiene que haber amor en un matrimonio. Si no hay amor, no puede haber paz y felicidad en un hogar. 
                    Victoria se preguntó si acaso su hermana tenía razón. Desde que tenía uso de razón, recordaba que sus padres hacían vidas separadas. 
                    A lo mejor, es verdad lo que Eleanor dice, pensó. 
                    Pero no podía dar su brazo a torcer.
                   Aún así, Eleanor se dio cuenta de que Victoria podía flaquear de un momento a otro. 
                  Muy a su pesar, Victoria la quería. 
                   Deseaba que fuera feliz. 
                  Pero Eleanor sólo podía ser feliz al lado de Justin. Y eso era algo que Victoria tenía que entender. Le daría todo el tiempo del mundo para que lo entendiera. A lo mejor, podía convertirla en su cómplice. La ayudaría a verse a escondidas con Justin. 
-No le contaré nada a padre-decidió Victoria-No le he escrito todavía. Y he decidido que no le diré nada. 
-¡Oh, Vicky!-exclamó Eleanor, visiblemente aliviada-¡Muchas gracias! ¡No sé cómo agradecértelo! ¡Qué contenta estoy!
                Pero la joven no había terminado de hablar. Eleanor se dio cuenta. Se puso rígida. 
-No puedo aprobar tu relación con el cochero-dijo Victoria-Puede que estés enamorada de él. Puede que él se comporte como un caballero contigo. Pero no puedo aprobar que una Derrick esté enamorada de un sirviente. ¡Lo siento! No me pidas que haga eso. 
-Te pido que lo entiendas-insistió Eleanor-No te pido mucho. 
-Lo lamento, Ellie. Pero no puedo entender que te hayas enamorado de nuestro cochero. ¡Eso es algo que no me entra en la cabeza!
                   Su hermana la abrazó con cariño. Eleanor necesitaba el apoyo de Victoria más que nada en el mundo. 
-Lo comprenderás cuando te enamores, Vicky. Entonces, mandarás al Infierno el sentido común.
-Me estás pidiendo demasiado-suspiró la aludida-Y...Me temo que no puedo hacerlo. Lo siento mucho. 
                  Victoria cerró el libro y se puso de pie. 
                   Se alejó de la fuente y de su hermana mayor. Eleanor le estaba pidiendo demasiado. 
                  La joven suspiró con pesar al verla alejarse.
                 Se puso de pie. Empezó a caminar por el jardín. Le dolía mucho la cabeza. Sentía que le iba a estallar. Pensaba que Victoria no estaba siendo justa. Pero, por lo menos, no la iba a delatar. Guardaría silencio y no le contaría nada a su padre. Lo cual era todo un alivio. Eleanor meditó acerca de la situación en la que se encontraba. Tenía mucho miedo de perder a Justin. 
                   De momento, tenía el silencio de Victoria. Pero no tenía su aprobación. Eleanor necesitaba la aprobación de su hermana. Se dijo que Victoria acabaría cediendo. Era cuestión de tiempo. Desea mi felicidad, pensó Eleanor. Cederá sólo por verme feliz.
                También pensó en Justin.
                Sin él, no era nada. Justin era lo que la impulsaba a levantarse. Era quién la hacía realmente feliz. El único hombre al que siempre amaría.



                    Su amado nunca la abandonaría.
                   En aquel momento, Eleanor se dio cuenta de que no estaba sola en el jardín. Vio una figura completamente vestida de negro. Se sobresaltó al verla. Luego, reconoció quién era. Era lady Christine.
-Buenas tardes, milady-la saludó.
                 Le hizo una correcta reverencia.
-Está empezando a hacer frío-comentó lady Christine-¿Por qué no pasas dentro?
-Me apetecía estar un rato sola-contestó Eleanor-No se puede hacer gran cosa aquí. ¡Oh, discúlpeme, Excelencia! No quería hablar. Yo sólo...
-Entiendo lo que quieres decir. Viniste aquí como todos. Buscando diversión. ¿Y qué es lo que has encontrado? Un hogar sumido en el dolor...Pero no es culpa tuya. No es culpa de nadie. Lo ocurrido ha sido la peor tragedia que le puede ocurrir a unos padres. Eso...Une a la gente. O la separa definitivamente. Tú no te has ido. Te has quedado.
                   Eleanor bajó la vista. Ella había deseado irse de aquella mansión. Se había quedado allí sólo porque Victoria y Melanie así lo habían decidido. Se sentían obligadas a permanecer al lado de los duques después de haber perdido a su único hijo.
-Excelencia...-murmuró Eleanor.
-Espero que no hagas caso de los rumores que circulan por ahí-le pidió lady Christine.
-¿De qué rumores se tratan?
-No me hagas mucho caso. Los criados son unos chismosos. Y los aristócratas...Me temo que toda la gente que conozco habla mucho de mi marido. Y de mí...No tienes que hacerles caso. Mienten mucho. O engordan mucho la historia.
                Dicho esto, lady Christine se dio media vuelta. Se alejó del lado de Eleanor.
                Pero no entró en casa.
                Quería dar un paseo por el jardín. Lady Christine quería respirar un poco de aire fresco. Se asfixiaba dentro de casa. Agradecía poder sentir el suave viento en la cara. Hacía un poco de frío. Pero no le importó. 

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