lunes, 11 de agosto de 2014

UN SABOR AGRIDULCE

Hola a todos.
Hoy, os traigo este nuevo fragmento de mi relato Un sabor agridulce. 
Espero que os guste.

                                 Lorenzo estaba en el jardín. Vio a María Catalina salir del interior de la casa.
-Hola...-lo saludó la joven-No podía estar más tiempo metida dentro. Me ahogaba. Me gusta salir al jardín. Contemplar las rosas.
                                 Los pasos de María Catalina eran suaves y delicados y Lorenzo pensó que la joven parecía caminar de puntillas. Los ojos de María Catalina brillaron cuando contempló el jardín y vio las rosas que estaban en flor. Llevaba el cabello negro suelto. Caía como un manto sobre sus hombros.
                               Lorenzo se atrevió a coger la mano de María Catalina. En ocasiones, la joven sentía que no entendía nada. Lorenzo debió de haberse enamorado de María Elena.
                               Era mucho más hermosa que ella.
-Elenita se ha retirado temprano a su habitación-le explicó a Lorenzo.
-No se siente bien-se lamentó el joven-No termina de recuperarse.
-No soy ciega.
-En el fondo, le duele irse. No quiere dejarte.
                             El Sol estaba comenzando a esconderse por el Oeste. En el horizonte...
                            Rosario estaba en la habitación de María Elena. No pensaba abandonarla.
                            La joven yacía acostada en su cama, donde se había quedado profundamente dormida nada más acostarse. Rosario cogió una silla para sentarse a su lado, junto a la cama.
-Ay, mi niña-suspiró Rosario-¿Por qué no te recuperas? ¿Por qué no te pones buena? Podrías casarte de nuevo. Tener otro hijo. Estás mal.
                             Lorenzo contempló a María Catalina. Tuvo la sensación de que estaba viendo a un ángel.
                             María Catalina no sabía lo que le pasaba cuando estaba cerca de Lorenzo. Había leído algunas novelas de amores que le había prestado María Elena. Pero nunca antes había estado enamorada.
                             Y él le sujetaba con suavidad la mano.
-¿Tú te irás con ella a Solán de Cabras?-quiso saber María Catalina.
-No creo que me vaya con ella a Solán de Cabras-contestó Lorenzo.
-Me apena mucho saberlo.
-Elenita quiere estar sola. La acompaña Rosario. Pero, para Elenita, Rosario es como una segunda madre. No puede estar sin ella. La necesita.
-Entiendo.
-Y...Yo no podría estar lejos de ti, Cati.
                             Lorenzo suspiró. Con su vestido de color verde claro, María Catalina estaba muy bella. Había algo en ella casi sobrenatural. Su belleza sobrecogía a Lorenzo.
                               Se inclinó y lo besó con suavidad en los labios. Lorenzo llenó de besos el rostro de María Catalina.



-No...-murmuró María Catalina, aterrada.
-Lo siento, Cati-se disculpó Lorenzo-De verdad...Yo...
                        Su actitud aturdió al joven.
                       María Catalina era extraña. Muy rara...
                       La joven se dio media vuelta. Le latía muy deprisa el corazón. ¿Qué me está pasando?, se preguntó María Catalina así misma. Me estoy enamorando. Me estoy enamorando de Lorenzo.
                       Se metió dentro de casa. Tuvo que apoyarse contra la pared del recibidor. Todo su cuerpo temblaba de manera violenta. Deseaba estar con Lorenzo. Hablar con él. Y empezaba a desear mucho más de él. Eso era lo que más la asustaba. María Elena podía entender lo que significaba el deseo.
                         Había deseado de manera intensa a Santiago antes de casarse con él.
                        Está mal, pensó María Catalina. No volverá a pasar.
                         Ignoraba que Lorenzo, en aquellos momentos, estaba pensando en ella. Pensaba que María Catalina era especial.
                          Era la mujer más extraordinaria que jamás había conocido. Había algo en ella que la hacía única a sus ojos. Y era, además, la mujer más hermosa que jamás había conocido.
                          Era verdad. Se había enamorado.
                          Estaba realmente enamorado de María Catalina y lo único que deseaba era poder ser feliz a su lado. Estaba conquistando poco a poco su corazón. María Catalina también estaba realmente enamorada de él. Era algo que Lorenzo notaba.

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