viernes, 8 de agosto de 2014

UN SABOR AGRIDULCE

Hola a todos.
Hoy, os traigo un pequeño fragmento de mi relato Un sabor agridulce. 
Aunque sea a trompicones, quiero que esta historia avance. Me he propuesto terminarla a lo largo del mes que viene.
En el fragmento de hoy, María Elena le cuenta a Lorenzo sus planes.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                       Lorenzo encontró a María Elena recostada en la chaise longue del jardín. La joven se sentía cansada y se había recostado un rato. Sentía que la enfermedad podía volver a ella en cualquier momento.
                                       Lorenzo se puso de cuclillas a su lado.
                                       María Elena se percató de la presencia de su cuñado en el jardín. Lorenzo todavía no sabía nada acerca de sus planes de marcharse al balneario de Solán de Cabras.
-Me marcho, Lorenzo-le comunicó la joven-En unos días, me marcharé al balneario de Solán de Cabras con Rosario.
                                     La noticia dejó de piedra a Lorenzo. Había creído que María Elena acabaría regresando con él llegado el momento. O que, por el contrario, se quedaría a vivir para siempre en el Peñón de Alhucemas. Si no quería vivir ni con sus tíos ni con su prima María Catalina, podría buscar una casa donde vivir con Rosario. Y buscar algún trabajo. O vivir de la herencia que le había legado su padre cuando murió.
-¿Es que te encuentras mal?-le preguntó Lorenzo a su cuñada alarmado.
-No termino de curarme-respondió María Elena-Es cierto que no tengo fiebre y puedo salir a pasear. Pero las fuerzas no regresan a mí. No estoy bien.
                                  Además, María Catalina estaba completamente volcada en cuidar de ella. María Elena sentía que eso no era justo.
                                  María Catalina no podía desperdiciar su juventud. Merecía ser feliz.
                                 Lorenzo le cogió la mano a su cuñada.
-Quiero pedirte un favor-dijo María Elena-No soy ciega. Estás enamorado de Cati. Y sospecho que mi prima corresponde a ese amor.
-Cati no sabe nada-se lamentó Lorenzo.
-Entonces, quiero pedirte que hagas algo al respecto. Habla con sinceridad con Cati. Y lucha por ella. En el amor, hay que luchar todos los días. Hay que cuidarlo, como la más frágil de las plantas. Santiago nunca cuidó nuestro amor.
                                 Al recordar a su marido, una lágrima rodó por la mejilla de María Elena.

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