lunes, 24 de agosto de 2015

ILUSIONES ROTAS

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Ilusiones rotas. 
En estos días, he estado escribiendo el epílogo del mismo que subiré en fecha próxima.
Como el final me parecía que era demasiado largo, he decidido dividirlo en dos partes. La primera parte, la subo hoy. La segunda parte, no sé cuándo la subiré.
Aquí os dejo con Ilusiones rotas. 

                                    La isla de Poplar contaba con una pequeña capilla. Zayra y mistress Karen acudieron una tarde a rezar a ella. Lloraban por todo lo que habían perdido.
                                    Las dos habían decidido, de manera tácita, abandonar la isla.
                                   Mistress Karen parecía no tener miedo a enfrentarse a los bombardeos que estaban asolando todo el país. Su idea era instalarse en Bradford. Zayra recordaba que le quedaban unos pocos parientes allí.
-Quiero que vengas conmigo-le pidió mistress Karen en voz baja.
                                 Estaban en la capilla. No había casi nadie allí. Nadie se fijó en la figura de las dos mujeres que iban completamente vestidas de negro. Se habían arrodillado detrás del último banco.
-Podríamos morir mientras nos dirigimos a Bradford-se inquietó Zayra.
-Lo he perdido todo-confesó mistress Karen-Sólo me queda esperar a que venga La Muerte a buscarme. Que sea ya.
-Yo...No sé qué pensar.
-No te sientas culpable por querer seguir viviendo, querida Zayra.
                                 Mistress Karen palmeó el hombro suavemente de su hermanastra.
                                 Zayra sintió cómo su corazón se encogía. Una parte de ella, deseaba estar muerta. Había perdido a su adorada Sophie. Se resistía a pensar en el niño deforme que su hija había traído al mundo. Un niño que era su nieto.
                                 Las lágrimas asomaron por sus ojos. Después de todo, otra parte de ella, deseaba seguir viviendo. De aquel modo, Sophie no moriría del todo. Su madre debía de vivir. Debía de recordarla cada segundo de su vida. De esta manera, Sophie seguiría, de algún modo, viva.
                               Mistress Karen lo entendió. Ella también debía de vivir para recordar a su pequeño Ferdinand y a Alexander, el hijo de su corazón.
-He puesto la casa en venta-le comunicó a Zayra.
-¿Y qué vamos a hacer?-se asustó la mujer.
-Viviremos en ella hasta que la compre alguien. Entonces, nos marcharemos a Bradford. Ya te he dicho que quiero que vengas conmigo. Te necesito, Zay. Eres la única familia de sangre que me queda. Y no quiero morir sola.
-¿Y qué pasa con sus parientes?
-Dudo mucho que se acuerden de mí cuando me vean y es muy difícil que se establezca un lazo de cariño entre nosotros. Por favor...Di que vendrás conmigo.
-Está bien.
                                 Mistress Karen lanzó un suspiro de alivio.
                                 Abrazó a Zayra.
-Gracias, hermana-le dijo.
                                  Sentía que todo era más fácil teniéndola cerca.
                                  Le dio un beso en la mejilla.
-Vamos a empezar una nueva vida-le anunció, intentando fingir un entusiasmo que estaba muy lejos de experimentar.



-¿Qué haré contigo en Bradfort?-le preguntó Zayra.
-Sobre todo, me harás compañía. No serás nunca más una criada. Desde hace mucho tiempo, quiero que el mundo sepa la verdad. Que eres mi hermana.
-¡Será todo un escándalo!
-Eso ya no me importa, mi querida Zay.

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