miércoles, 5 de agosto de 2015

ILUSIONES ROTAS

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Ilusiones rotas. 
Los recuerdos continúan y hoy veremos la despedida de Alexander y Sophie.

                               Alexander se alistó en el Ejército cuando era un adolescente.
                               De algún modo, quería demostrarle a su madre que podía vivir perfectamente solo. Nunca la había necesitado. Mistress Karen quería pensar que Claudine, la madre de Alexander, a su modo, lloraba su muerte. La radio que había en el saloncito estaba conectada.
                               El televisor ya no se encendía. A Alexander le entusiasmaban los programas que emitía la BBC. Pero Alexander ya no volvería a ver nunca más la televisión. ¿De qué servía tenerla enchufada? Alexander ya no se sentaría nunca más en el sofá. Está con Ferdinand, pensó mistress Karen, deshecha. Y están los dos con su padre.
                              Sophie y Alexander se despidieron un día nuboso.
                              El Ejército le había llamado a filas. Alexander no quiso ir voluntario al frente. Antes, habría ido gustoso a enfrentarse con mil soldados nazis él solo. Pero las cosas habían cambiado.
-No me quiero ir-le confesó a Sophie cuando salieron de casa.
-Volverás pronto-le aseguró ella.
                               La guerra debía de terminar, pensó la joven. Se vieron en la parte trasera de la casa.
                               Zayra estaba en contra de aquella relación. Mistress Karen sospechaba que había algo entre ellos. Pero optó por no decir nada. Sabía lo que era vivir una historia de amor secreta. Sólo podía apoyar a aquella pareja de enamorados tan idealista. Confiaba en que Alexander volvería a casa sano y salvo. Se casaría con Sophie. Y, con un poco de suerte, se marcharían los dos lejos de allí.
-Te quiero, Sophie-le confesó Alexander a su amada-Y no imagino mi vida sin ti.
-Cuídate-le rogó ella-Y vuelve.
-Te lo juro. Volveré.
-Y yo estaré aquí esperándote.
                              Alexander abrazó con fuerza a Sophie.
                             En aquellos momentos, él pensó que volvería. Que estaría otra vez con ella.
-Te amo-le susurró.
                              Besó largamente y con ardor a Sophie en los labios, al tiempo que ella se entregó a aquel beso sin reservas.
                              Fue el último beso que se dieron.
                              Mistress Karen se paseó por el saloncito con aire ausente. Recordaba haber visto a Alexander subir a la barca de alquiler.
                              Ella estaba en el jardín. Los dos alzaron la mano al mismo tiempo para despedirse.
                              El corazón de mistress Karen se desgarró al recordar aquel momento. Al verle con el uniforme de militar, se sintió llena de orgullo.
                               Deseó creer que aquel joven tan valiente era su hijo. Que ella lo había albergado en su vientre.
                               Que ella le había traído al mundo. No quería odiar a Claudine.
                               De algún modo, aquella mujer también estaba sufriendo la muerte de su único hijo. Por culpa de Claudine, Ferdinand estaba muerto. Por culpa de Claudine, mistress Karen estaba sola. Las lágrimas rodaron sin control por sus mejillas. Y tuvo la sensación de que Claudine había convertido en un mausoleo aquella casa.
                               Sólo estaba habitada por los recuerdos de las personas que vivieron allí.
                               Y se habían ido.

 

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