domingo, 12 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR

Hola a todos.
Melanie y Chris han vivido su primera noche de amor. Ahora, los dos se preguntan qué es lo que va a pasar con ellos.
El fragmento de hoy es bastante breve. Espero compensarlo en los próximos días. Iré subiendo más fragmentos. Y así hasta llegar al final.
Espero que os guste.

                         Chris se apartó suavemente de encima del cuerpo de Melanie.
                        Ella sentía un pequeño dolor en su bajo vientre. Había sido desvirgada. Antes de su noche de bodas...Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
                       Chris sentía que aquel acto le había unido más que nunca a Melanie. No se atrevía a decirle nada. Tan sólo quería mirarla. Cerciorarse de lo que había pasado entre ellos no había sido sólo un sueño.
                        Siempre había reprimido su instinto sexual. Lo había considerado un terrible pecado. La luz blanca de un relámpago iluminó el cuerpo desnudo de Melanie. Tuvo la impresión de estar viendo a una diosa. A Venus desnuda...
                       Ella se tapó con la sábana y con la manta de la cama mientras escuchaba cómo la lluvia golpeaba con fuerza los cristales de las ventanas del castillo. ¿Qué hemos hecho?, se preguntó. Deseaba sentir vergüenza por su comportamiento. ¡Qué Dios la perdonara! ¡No la sentía!
-¿Te arrepientes de lo que ha pasado entre nosotros?-le preguntó a Chris.
-No...-respondió el joven-Siento que esto es algo que debía de pasar. ¿Te arrepientes de lo que hemos hecho, Melly?
-No sabría qué decir.
-Alguien dirá que hemos pecado. Pero no se puede llamar pecado a algo que se ha hecho con amor.
-¿Con amor?
-No hace falta que digas nada. Sólo quería repetirte lo mucho te amo, Melly.
                     Una lágrima se deslizó lentamente por la mejilla de la chica. Se tapó los pechos con la sábana. No se atrevía a mirar a Chris. Estaba gloriosamente desnudo. No se había tapado con nada.
-Ahora, tendrás que casarte conmigo-se lamentó Melanie.
-¡Y quiero casarme contigo!-afirmó Chris-Hablaré con tu madre.
-¡No hables todavía con ella! Yo...-Melanie titubeó-Esto podría terminar. No siempre voy a estar en Berkley Manor. Algún día, tendré que volver a casa. Y nuestros caminos se separarán.
-Eso no va a pasar. Te he encontrado, Melly. No quiero perderte.
                  El sonido de un trueno retumbó en todo el castillo. Melanie se asustó. Chris, por el contrario, se sentía eufórico. Había imaginado en diversas ocasiones su noche de bodas con Grace. Intentaba no pensar en aquel momento.
                    Imaginaba la frialdad con la que debía de unirse a Grace y prefería pensar en otra cosa. En cambio, con Melanie, todo había sido distinto.
                    Había jurado ver cómo los fuegos artificiales estallaban a su alrededor. Depositó un beso en el hombro desnudo de Melanie mientras escuchaba el aullido del viento. La besó suavemente en el cuello. La besó de nuevo en los labios.
                   Melanie tenía marcas de sus labios en sus pechos. Tenía marcas de sus labios en el cuello. Sus labios estaban hinchados por los besos que le había dado Chris. Besos cargados de pasión...Había recorrido con sus labios cada porción de la piel de Melanie.



                    Se hizo el silencio entre los dos. Melanie lo agradeció. Pensó que Chris se había quedado dormido. Lo miró. Pero el joven no estaba dormido. Miraba al techo. Parecía estar contento. Contento por lo que había pasado entre ellos. Con su brazo, rodeó los hombros de Melanie. La atrajo hacia sí. Le dio un beso en la sien. Ella consideró seriamente la idea de abandonar la habitación. Pero no lo hizo. ¡Se estaba tan bien acostada al lado de Chris! Sentía algo muy fuerte por aquel joven serio y, al mismo tiempo, dulce y delicado.
                    No se parecía en nada a su padre. Chris no la abandonaría. No haría lo que le hizo sir Marcus a Kate.
                    A pesar de la manta y de la sábana que la cubrían, Chris admiró las curvas del cuerpo de Melanie. Ella se le había entregado con miedo y con rubor. Pero llena de confianza en él...Con el deseo a flor de piel. Con Grace habría sido todo muy distinto. Chris lo sabía. La luz del relámpago iluminó la silueta del cuerpo de Melanie. Abrazó a la muchacha con fuerza y la besó de nuevo en la sien.
                    Aquella noche, había hecho suya a Melanie. Y ella, a su vez, lo había hecho suyo. Se habían entregado mutuamente en cuerpo y alma. Lo he leído en El Cantar de los Cantares, pensó Chris. La Esposa que se entrega sin miedo al Esposo. La unión de los cuerpos en un festival de alegría...La unión de las almas bajo la bendición de Dios...Lo que ha pasado esta noche no puede ser pecado. No es pecado cuando Dios bendice nuestro amor.
                ¿Cómo puede ser el amor pecado?
                Y se sintió profundamente dichoso de haber perdido su virginidad con una mujer tan maravillosa y tan especial como lo era Melanie.
                Decidió no pensar en una cosa. Melanie todavía no le había dicho que lo amaba.

sábado, 11 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR

Hola a todos.
Lo prometido es deuda. Tras unos días que he tenido los blogs abandonados, he vuelto con las pilas cargadas.
Hoy, vamos a ver lo que pasará entre Melanie y Chris en el castillo de Sandown.
Espero que os guste.

                      Chris se inclinó sobre Melanie. Sus labios rozaron suavemente los labios de la muchacha. Ella se puso tensa.
-¡No!-pidió casi como un grito ahogado.
-Lo siento-se disculpó Chris.
-Yo...Nunca...
-Lo sé. Yo tampoco he estado antes con una mujer.
                  Melanie estaba toda roja cuando, al ser consciente del bochorno que estaba sintiendo Chris, le dio un beso en la mejilla.
                  Los dos se quedaron mirándose a los ojos.
-Hace algún tiempo, conocí a una joven-decidió contarle Chris-Se llamaba Grace. La estuve cortejando.
-¿La amaste?-quiso saber Melanie.
-Pensé que la amaba. Me convencí a mí mismo de que la amaba. Pero no era amor lo que sentía por ella.
                 Melanie se dijo así misma que no estaba celosa.
-¿Y qué pasó?-inquirió.
-Apareciste tú en mi vida-contestó Chris-Y supe que no quería vivir una mentira. Grace tampoco me amaba.
-No estás con ella.
                 Sentía cómo la sangre hervía en el interior de sus venas. Chris notó palpitaciones en lugares de su cuerpo que creía desconocidos. Los años de formación habían reprimido cualquier tipo de deseo sexual. Lo veía como un pecado. Hasta que conoció a Melanie. Y supo que el deseo con amor no podía ser un pecado. Melanie era un ángel.
                Se acercaron todavía más. Los ojos de la chica brillaban. No quería sentir miedo.
-Melly...-susurró Chris.
                 Tragó saliva al entender cuán lejos había llegado en aquella relación. Hacía poco que la conocía. Pero nunca antes había sentido tanta conexión con una persona. Besó con ardor a Melanie y ella correspondió a aquel beso.
                 No podían dejar de besarse.
-Me casaré contigo-le susurró Chris al oído.
-No pienses en eso ahora-le pidió Melanie.
-Es la verdad. Te amo, Melanie. Te amaré siempre.
-Chris...
                    Él estaba enamorado de ella. Melanie cerró los ojos. Ella no podía enamorarse de él. Luchaba contra aquel sentimiento que estaba naciendo en su corazón.
                    Los dos se despojaron mutuamente de sus ropas. Chris acostó a Melanie sobre la cama. No dejaba de admirar la desnudez de la muchacha. Y ella vio por primera vez a un chico desnudo. Se ruborizó. Chris era perfecto físicamente.
                    El joven llenó de besos el rostro de Melanie. Su mano acarició el cabello suelto de la chica. Ella se estremeció. Colocó su mano en la cintura de Chris. Le devolvió beso por beso. Se dejó acariciar por las manos de él.
                   Los besos que le daba Chris en la boca eran cada vez más apasionados. Melanie sentía cómo la felicidad inundaba su cuerpo. Cómo se estremecía de arriba abajo.
                    La lengua de Chris empezó a recorrer cada rincón del cuerpo de Melanie sin dejar nada sin recorrer. Ella abrió mucho los ojos. Se besaron en los labios.
-Tienes una boca deliciosa-le susurró Chris.
                 Melanie se echó a reír. Chris volvió a besarla.
-Me gustaría beber de ella durante toda la vida-le confesó el joven.
                Aquella confesión le llegó al corazón.
-Vivamos el momento-le pidió.
                 Tenía razón.
                Chris besó repetidas veces el cuello de Melanie. Tenía un cuello largo. Delicado...Le recordaba al cuello de un cisne. No dejaba de mirarla. Era bellísima.
                   Besó muchas veces los pechos de Melanie. Sus pechos eran firmes. Eran redondos. Chupó sus pezones con auténtica ansia.
-Parecen melones-le susurró al oído.
                    Besó su vientre. Era un vientre liso. Hurgó con la lengua en su ombligo. Melanie lo contemplaba con cierto interés. ¿Por qué quiere besarme todo el cuerpo?, se preguntó. No lo entendía.
                     Chris besó el sexo de Melanie. Era la primera vez que veía desnuda a una mujer. Nunca se había imaginado su noche de bodas con Grace. Con Melanie, todo era distinto. Todo era maravilloso. La quería en su cama. La quería en su vida.
                     La escuchó gemir. Y se asombró. Era él el que le provocaba aquellos gemidos. Todo lo que sentía era placentero. Actuaba movido por el amor que sentía por aquella joven. ¿Cómo podía aquel sentimiento ser pecado? La besó de nuevo en la boca con pasión desenfrenada. Sus labios recorrieron la espalda de Melanie.
                   Ella se pegó a su cuerpo. Le besó en el cuello. Le besó también en los hombros.
-Tengo miedo-le confió Melanie.
                   Chris lo sabía. Él también tenía miedo. No quería hacerle daño.
-No te preocupes, Melly-le pidió el joven.
-Confío en ti-afirmó ella-Sé que todo lo que hagas estará bien.



                    Entonces todo ocurrió. Poco a poco, Chris se fue introduciendo en el interior de Melanie. Era consciente de muchas cosas. Ella era virgen. Él también era virgen. Actuaba movido por lo que sentía por ella. Por el deseo que Melanie despertaba en él. Encontró la barrera de su virginidad. Y procuró ser delicado en aquel momento. Ella estaba húmeda. Le estaba dando la bienvenida.
                 Sintió dolor. Pero aquel dolor pasó enseguida. Poco a poco, los dos empezaron a moverse. Se movían al unísono. Parecía que estaban bailando. Melanie tenía los ojos muy abiertos. Chris tenía la vista clavada en ella. Poco a poco, el baile se fue haciendo cada vez más rápido.
                Más agitado...Más desenfrenado...
                Melanie creyó que estaba volando por la habitación. Que podía verse así misma acostada en la cama, debajo de Chris. Se oyó así misma gritar. Oyó a Chris gritar. Todo estalló alrededor de ellos. Habían llegado a la cima.
                La cabeza sudorosa de Chris descansó sobre el hombro de Melanie. Le costaba trabajo recuperar la respiración.
-¡Dios mío!-exclamó el muchacho-¡Ha sido maravilloso!
-No sé qué decir-dijo Melanie atónita y maravillada.
               Se echó a reír.
-Me ha gustado mucho-afirmó-No me lo imaginaba de así. De este modo...
-¿No?-se asombró Chris-¿Lo dices en serio?
               Se miraron fijamente a los ojos. ¿Cómo voy a ser capaz de mirarle a la cara después de lo ocurrido esta noche?, se preguntó Melanie. ¿Por qué siento que todo lo que ha pasado entre nosotros debía pasar? ¿Por qué no me arrepiento de nada? ¿Por qué he tenido que conocerte?
                 Chris la miraba con adoración.
-Apenas he podido hablar con mi madre sobre este tema-se sinceró Melanie.
-Siempre pensé que llegaría virgen a mi noche de bodas-admitió Chris.
-Me temo que ninguno de los dos va a llegar virgen a su noche de bodas.
                  Chris se echó a reír. Su carcajada sonó alegre.

viernes, 10 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Antes que nada, me gustaría pediros perdón por haber estado tanto tiempo sin dar señales de vida. Prometo que no volverá a pasar.
En la entrada que he hecho en mi blog "Un blog de época" cuento el porqué de mi ausencia. Pero no me olvido de vosotros. Ni de esta historia que tengo en el aire desde hace ya mucho tiempo.
A partir de ahora, no voy a estar tanto tiempo desaparecida y voy a colgar más de seguido.
La noche promete ser muy larga, no sólo en el castillo de Sandown. También en Berkley Manor. ¿O es que creíais que me había olvidado de Eleanor?
Veamos lo que pasa.

                       Victoria se asomó por la ventana de su habitación a la espera de ver llegar al joven vicario montado a lomos de su caballo. Melanie vendría con él. Victoria pensó que la joven había sido una estúpida. ¿Cómo se le ocurría salir sola de paseo con un hombre? Olvidaba que aquel hombre era un vicario. Un hombre de Dios, como diría su padre.
                  Melanie le había asegurado que no pasaba nada. Después de todo, el vicario Pemberton era precisamente un vicario, un hombre incapaz de dar escándalo alguno ni de relacionarse a nivel íntimo con una mujer.
                 Victoria creía que Melanie se equivocaba. La lluvia era cada vez más fuerte. Lord Duncan no había salido de su habitación en toda la noche. Y lady Christine se había retirado muy pronto. No había preguntado por Melanie. Cosa que Victoria agradeció.
                Victoria se preguntó dónde estaría metida Eleanor. Su hermana era como Melanie. Las dos iban a acabar metidas en un gran lío por culpa de hombres que no le convenían. En aquel momento, vio pasar por el pasillo a su hermana. Eleanor se había puesto para cenar un elegante vestido de color verde claro, a juego con sus ojos. Victoria apretó los puños. Decidió que no iba a dejar las cosas como estaban. Era preciso enfrentar a Eleanor y hacerle ver la locura que estaba cometiendo.
               Vio a la joven descender por la amplia escalera. Victoria tuvo el presentimiento de que iba a reunirse con Justin. ¡Esta vez no!, pensó con rabia. ¿Acaso Eleanor y Melanie no eran capaces de pensar con propiedad? ¿Qué era lo que Eleanor había visto en el cochero? ¿Por qué Melanie había accedido a salir con el vicario?
                 Victoria llevaba su cabello pelirrojo escondido debajo de su cofia. Había decidido que empezaría a usar cofia a partir de aquel momento. Ya había estado en un entierro. Se sentía muy madura para su edad.
                 Se cogió la falda de su amplio vestido de color naranja claro para poder bajar la escalera sin caerse. Oyó cuchicheos que procedían del hueco de la escalera. ¡Son ellos!, pensó Victoria. Intentó hacer el menor ruido posible.



                       Se situó delante de la pareja que estaba en el hueco de la escalera. El instinto no le había fallado a Victoria. Eran Eleanor y Justin. Se estaban besando apasionadamente.
                    Victoria carraspeó con fuerza.
                    Eleanor y Justin se apartaron rápidamente. Al girarse para ver quién les interrumpía, Eleanor se puso mortalmente pálida. Era Victoria.
-¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó con voz aguda.
-Eso mismo podría preguntarte yo-respondió Victoria-¡Qué vergüenza! ¡Quita las manos de encima a mi hermana, miserable! ¡Ellie! ¿Qué has hecho?
-Vicky...
                   Su hermana no la escuchó.
                   Victoria empezó con su retahíla de reproches. ¿Cómo se le ocurría a una joven de buena familia como lo era Eleanor liarse con un cochero? ¿Acaso pretendía hundir el buen nombre de su familia en el fango? Eleanor estaba visiblemente alterada. Temblaba de puro terror. Justin miraba a Victoria con los ojos fuera de sus órbitas.
-Soy un hombre honrado-intervino el joven-Y amo a vuestra hermana, señorita Derrick. Lo que más deseo es hacer feliz a Ellie.
-¡No verá ni un penique de su dote!-le amenazó Victoria-Hablaré con mi padre. ¡Será despedido!
-No necesito la dote de Ellie para poder vivir.
-¿Y de qué piensa vivir, entonces?
-De mi trabajo...Llevo toda mi vida trabajando en cualquier cosa. No me asusta la idea de trabajar. Sólo quiero que Ellie no sea desdichada.
-¡Ja!
                 La risa que se le escapó a Victoria sonó seca e irónica. No se creía nada de lo que Justin le estaba diciendo.
                  El joven estaba furioso. Eleanor estaba a punto de echarse a llorar. Victoria era capaz de delatarles.
                   Victoria siguió con su retahíla de reproches.
                    Acusó a Justin de ser un arribista. Sólo quería arruinar a Eleanor por algún motivo oscuro que ella no terminaba de comprender. Lo único que perseguía era la dote de la joven. No estaba realmente enamorado de Eleanor.
                   Entonces, Eleanor perdió la paciencia.
                   Le propinó a Victoria una fuerte bofetada.
-¿Cómo se te ocurre hablarle así a Justin?-le increpó.
                   Victoria se quedó de piedra. Era la primera vez que Eleanor le daba una bofetada. No supo reaccionar. Se quedó mirando a su hermana con expresión atónita. Le ardía la mejilla.
-Eres una envidiosa-le reprochó Eleanor-Tienes envidia de mí. A ti nadie te corteja. Y me envidias porque Justin y yo nos queremos. ¿Puedes decir tú lo mismo de alguien? No...¿Verdad?
-¡Ese cochero no te conviene!-afirmó Victoria-Lo único que vas a conseguir es arruinarte. ¿No lo ves?
-No me importa arruinarme con tal de poder estar a su lado.
                  Dicho esto, besó a Justin con fuerza en la boca.
                   Se apartó de él. Subió por la escalera. Estaba muy nerviosa. La discusión con Victoria la había alterado.


                        No había querido pegar a su hermana.
                       Ella y Victoria siempre se habían llevado bien. Quizás, no eran las hermanas más unidas del mundo. Pero se tenían la una.
                      Hasta que Justin llegó a su vida.
                     Eleanor se encerró en su habitación.
                    Se preguntó qué pensaba hacer Victoria. ¿Sería capaz de delatarla? Se dijo que tenía que calmarse.
                     Intentaría hablar con ella al día siguiente. Después de todo, Victoria era su hermana. Tenía que alegrarse por ella. Se trataba de su felicidad. De poder estar al lado del hombre que realmente amaba. Y ese hombre era Justin. Victoria acabará entendiéndolo, pensó Eleanor. Hablaré con ella. Le pediré perdón. Hoy no...Estamos las dos muy nerviosas.
                  Se sentó en la cama. Tengo que hablar con Vicky, pensó Eleanor. No puedo hablar ahora. ¡No querrá escucharme! Mañana...Estaremos más calmadas. Podremos hablar con más tranquilidad.

Mañana, por fin, el esperado capítulo de Chris y Melanie.

lunes, 6 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Tras un pequeño paréntesis, hoy veremos lo que va a pasar en el castillo de Sandown entre Melanie y Chris. 

                  Melanie estaba aterrorizada. Se maldecía así misma por haber accedido a salir con Chris aquella tarde. Se preguntaba una y otra vez si alguien la echaría de menos en Berkley Manor. Lord Duncan parecía estar saliendo de su estado catatónico. Y lady Christine ya salía de su habitación. 
                  Además, estaban también Eleanor y Victoria. Sus amigas estarían preocupadas por ella. Se habrían dado cuenta ya que de estaba lloviendo con fuerza. 
                 Melanie no les había dicho adónde iba. Ni con quién estaba. 
                Se preguntó si darían aviso a su madre de lo que estaba pasando. Aquel pensamiento la asustó. ¡Kate se moriría del disgusto! Melanie sabía lo que pasaría después. La obligarían a casarse con Chris. Dirían que su reputación estaba empañada. 
                Y se vería atrapada en un matrimonio sin amor. Melanie estaba asustada. Chris se le había declarado. Pero podía estar mintiendo. Los hombres tendían a ser unos mentirosos. Era algo que había aprendido de su padre. 
                 Dieron cuenta a la hora de la cena de las piezas de frutas que Chris había traído consigo en una mochila hecha con piel de ternero. 
-¿Qué va a pasar?-preguntó Melanie. 
-Tendremos que quedarnos aquí a pasar la noche-respondió Chris-No podemos regresar.
                Se dio cuenta de que Melanie estaba asustada. 
-¿Por qué estás temblando?-le preguntó. 
                 Melanie no supo qué responder. Le daba miedo exponerle a aquel chico lo que estaba pasando en aquellos momentos por su cabeza. Tendrían que pasar la noche en aquel castillo tan alejado de Berkley Manor. Y estarían los dos solos. 
-Hay muchas habitaciones-le recordó Chris-Ni siquiera tendríamos que vernos. 
               Pero él sabría que ella estaba allí, pensó el muchacho. 
-No quiero que hablen mal de nosotros-admitió Melanie. 
                Chris entendía a Melanie. A él le pasaba lo mismo. 
-Te prometo que no daremos motivos de escándalo-le aseguró él.
-Te creo-suspiró Melanie. 
                Chris notó que él también estaba temblando. ¡Todo era por Melanie! La cercanía de ella le intimidaba. Le asustaba. 


                  Melanie se retiró a una de las habitaciones. Chris le había dicho que dormiría en otra. Pero eso no les bastaba. 
                  Melanie se despojó del vestido de montar de color escarlata. Pensó que nunca antes había tenido un traje como aquel. No sabía montar a caballo. La lluvia era cada vez más insistente. Melanie empezó a temblar de puro terror. Escuchó el sonido de un trueno. Ahogó un grito de terror. Sin ser consciente de lo que estaba haciendo, Melanie salió corriendo de la habitación. 
-¡Chris!-gritó-¡Chris! 
                 En aquel momento, el joven se había despojado de su ropa. Estaba desnudo de cintura para arriba. Iba a acostarse. Su habitación se encontraba en la misma planta donde estaba la habitación de Melanie. 
                  Escuchó los gritos que le llamaban. Salió de la habitación. Vio cómo Melanie se dirigía corriendo hacia él. Al llegar a su altura, se arrojó en sus brazos. La abrazó con fuerza. Melanie se apretó contra su cuerpo. 
                  Sólo llevaba puesta la camisola interior. 
-¿Qué te ocurre, Melly?-le preguntó. 
                  La hizo pasar a su habitación. Melanie se sintió estúpida por su arranque de cobardía. 
-He oído un trueno y me he asustado-respondió-¡Soy una tonta! 
                   Chris la hizo sentarse en una silla y él se puso de rodillas a su lado. La camisola no disimula su cuerpo esbelto. Le cogió la mano y se la oprimió con suavidad. Sentía cómo la sangre hervía en el interior de sus venas. 
-Es normal tener miedo, Melly-afirmó Chris-Siento mucho todo lo que está pasando. 
-Hacía Sol cuando salimos-le recordó la chica-¿Quién iba a decirnos que acabaría lloviendo? 
                  La lluvia golpeaba contra los cristales de las ventanas. 
                  El viento azotaba las ramas de los árboles. Melanie también estaba temblando de frío. Había salido corriendo de su habitación sin ponerse nada encima de la camisola. La oscuridad se cernía sobre la isla. Le daba miedo asomarse a la ventana. 
                 De estar en casa, Anne y ella estarían contando historias de fantasmas. Su madre y la tía Regina las estarían escuchando. Deseó estar de nuevo con ellas. 
                  Es joven, pensó Chris. Su mano acarició el antebrazo de Melanie. Deseó llegar más arriba. Es hermosa, pensó. 
                  Su corazón empezó a latir más deprisa. 
-Mañana, volveremos a Berkley Manor-le prometió Chris. 
-Gracias...-dijo Melanie. 
                 Chris se perdió en la belleza de la cara de la muchacha. En sus adorables facciones...Su piel era muy blanca. Su rubio cabello caía en cascada sobre su espalda. Se atrevió a acariciar con la mano la delicada garganta de Melanie. Los ojos de la chica tenían una expresión de puro terror. Chris se inclinó sobre ella y la besó en la frente. 
-No te preocupes-le susurró al oído-Todo irá bien. Estoy contigo. 
                  Aquel pensamiento tranquilizó a Melanie. Al separarse, se quedaron mirándose a los ojos. No se oía nada en el castillo. Melanie escuchó los latidos acelerados de su corazón. ¿O eran los latidos del corazón de Chris lo que estaba escuchando?
               No quiso pensar en la lluvia que golpeaba los cristales de la ventana de la habitación. No quiso pensar en el viento que azotaba los árboles. No quiso pensar en los truenos que retumbaban con fuerza en el castillo. Ni quiso pensar en los relámpagos que lo iluminaban todo con su luz antinatural. Tan blanca...
              Chris le acarició las manos.
             Está temblando, pensó Melanie. También él está nervioso. 

Como soy algo bruja, mañana veréis cómo acaban las cosas entre Chris y Melanie. ¿Se dejarán llevar por la pasión? ¿Retrocederán por miedo a las consecuencias? 
¡Mañana lo sabréis! 

sábado, 4 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
¿Cómo es la vida en Berkley Manor después de que Chris se le declarase a Melanie? En este fragmento, lo vamos a descubrir.
Espero que os guste.

                     La semana que siguió transcurrió de manera tranquila. Lady Christine ya no permanecía tanto tiempo encerrada en su habitación. Algunas damas de la aristocracia que no habían asistido al entierro de Toby fueron a verla. Lady Christine las recibía en el salón.
-¡Oh, querida!-le decían nada más verla-¡Lo siento mucho! ¡Te acompaño en tu pena!
-Gracias...-se limitaba a contestar lady Christine.
-Me habría gustado haber venido antes. Pero no he podido.
-Lo entiendo.
                  Estaban en Londres asistiendo a fiestas y a recepciones. Lady Christine entendía la situación. Las visitas, por suerte, duraban muy poco. Las damas no podían soportar el ambiente lúgubre que se respiraba en la mansión. El dolor estaba presente allí. Y pesaba como una losa. Salían de la mansión en cuanto podían.
                  Los días pasaban y lady Christine no había visto todavía a su marido.
                   Lord Duncan parecía estar reaccionando. Comía un poco. Pero seguía encerrado en su habitación. El mayordomo era el encargado de ayudarle a lavarse y a vestirse. Una mañana, lord Duncan consintió en que le afeitaran. No había preguntado todavía por Humphrey.
                  El secretario personal del duque era el encargado de buscarle otro ayudante de cámara.
                  Humphrey había sido su valet desde hacía muchos años.
                  Era casi imposible buscarle en tan poco tiempo otro ayudante de cámara que fuera como él.
                  Lady Christine no se atrevía a pisar la habitación de lord Duncan. Aquel hombre le recordaba demasiado a Toby. Lady Christine había sido su cómplice en la mentira que envolvió al niño desde el momento en que nació. Se enteró tarde de la verdad. Y, aún así, decidió ayudar a su marido. Habían vivido durante mucho tiempo aquella farsa. A su modo, habían sido felices. Nadie sabía nada. Ella había callado muchas cosas. Había guardado mucho silencio. La muerte de Toby la hacía libre en ese aspecto. Pero el niño había sido su hijo. Su última oportunidad de hacer realidad su sueño de ser madre. Era una mujer incapaz de albergar vida en su interior.



                De alguna manera, a lo largo de aquellos días, la vida iba poco a poco abriéndose paso.
                Victoria era testigo de aquel milagro. Veía a Eleanor y a Melanie más contentas que de costumbre. Pero ninguna de las dos quería contarle nada. Y Victoria no se atrevía a preguntar. Estaba convencida de que Eleanor seguía viéndose a escondidas con Justin.
                ¿Y quién sería el amor secreto de Melanie?, se preguntaba Victoria.
                Estaba segura de que la muchacha se estaba viendo con alguien.
                Pero no podía decir de quién se trataba. Victoria lo ignoraba. Además, tenía que vigilar de cerca a Eleanor. Su hermana se estaba volviendo muy temeraria.
                 Eleanor estaba enamorada. Justin y ella hacían planes de futuro. Todavía no se había entregado a él.
                 En aquel aspecto, Eleanor se contenía. Tenía miedo. Podía quedarse embarazada. Y Justin podía huir. Era mejor esperar.
                 Eleanor y Justin se veían a escondidas en el jardín. Pasaban largas horas sentados a la sombra de un árbol abrazados. Los dos hacían planes de futuro. Pensaban en huir juntos. Huirían a Gretna Green, donde había una capilla. Se casarían allí mismo.
-Buscaré otro trabajo-le decía Justin a Eleanor-Vivirás como una Reina.
-No quiero vivir como una Reina-replicaba la joven-Sólo quiero vivir contigo. No le pido nada más a la vida.
-Ellie, a veces, sigo pensando que soy muy poquita cosa para ti.
-¡Eso es mentira! Tú lo eres todo para mí. De no ser por ti, me habría vuelto loca en este mausoleo. Se respira tanta tristeza aquí.
              Eleanor apretaba con desesperación las manos de Justin.
-Estoy aquí-le aseguraba él.
                 Eleanor le miraba y le sonreía con dulzura. Justin nunca la dejaría, se dijo.
                 Se besaban con dulzura en los labios.
                 Justin era más realista. Aún con la cabeza de Eleanor apoyada sobre su hombro, Justin seguía pensando que aquella relación era imposible.
-Tu padre nos separará-se inquietaba.
                 Eleanor se ponía de pie al escuchar aquel comentario. Empezaba a caminar de un lado a otro.



                   Se resistía a creer que Justin pudiera tener razón.
-Hablaré con él-decía Eleanor.
-No te escuchará-le replicaba Justin.
-Soy su ojito derecho. Nunca me ha negado nada.
-No lo entenderá. No podrá entender que tú y yo nos amemos, Ellie.
                 Justin se colocó al lado de la joven. Eleanor se detenía.
                 En su fuero interno, sabía que su amado tenía razón. Pero no quería pensar en esas cosas. Quería pensar en que ella y Justin estaban juntos. Debía de conformarse con los minutos que le robaban al día para verse. No podían hacer otra cosa. Estar juntos durante un rato y soñar despiertos.
-Gracias por quedarte-le decía Eleanor a Justin.
-No te habría dejado sola en este lugar por nada del mundo-le aseguraba él.
-Me daba miedo quedarme sola aquí. Están Vicky y Melly. Pero...No es lo mismo.
-Te adoro, Ellie.
                 Y volvían a besarse con dulzura y con amor en los labios.

                 Los dos habían salido aquel día de Berkley Manor temprano. Chris quería enseñarle a Melanie lugares de la isla que estaba convencido de que jamás había visto. Melanie y Chris se subían al lomos del caballo de él. Ella se sentaba en el regazo del joven y descubría un mundo que le había estado vetado hasta aquel momento.
                Melanie llevaba puesto un traje de montar que le había prestado lady Christine. Era de color escarlata. No sabía montar a caballo, pero confiaba en cómo Chris guiaba a su caballo.
                Ella le habló de su casa, situada a las afueras de Newport.
-Sé que hay cerca una villa romana-le confió a Chris-Pero nunca he estado allí.
-Te llevaré a verla-le prometió el joven.
-¿De veras?
                     Los ojos azules de Melanie brillaron al pensar que vería algo que nunca antes había visto. Hasta aquel momento, Melanie no se había atrevido a abordar con Chris la declaración que le había hecho el día del entierro de Pamela. Chris respetó su silencio. Ignoraba que Melanie no podía conciliar el sueño pensando en aquella declaración. Tenía la sensación de que todo estaba yendo demasiado deprisa.
                  Una noche, soñó que volvía a tener dos años. Y que su hermano Peter estaba a su lado. El niño la abrazaba con cariño antes de despedirse de ella.
                   Melanie y Chris daban paseos frecuentes. Se cogían de la mano para caminar y Chris se sentía más unido a Melanie de lo que había estado nunca antes a otra persona. Le invadía el deseo de huir a lomos de su caballo con Melanie y no mirar para atrás. Le gustaba la dulce sensación de montar con ella. Teniéndola en su regazo. Disfrutando de la cercanía de su suave cuerpo.
                 Se robaban besos a escondidas por las calles de Newport. Melanie no era consciente del hombre que la observaba a gran distancia. Un hombre que la veía desde la ventana de la posada.
-Es ella-pensó sir Marcus.
                  Era su hija mayor. E iba acompañada de un joven al que sir Marcus recordaba haber visto en otras ocasiones.
                 Escuchaba el sonido de su risa. Melanie ignoraba que su padre había vuelto a la isla. Y que vigilaba sus paseos con Chris.
                  Aquella tarde...
                  Melanie y Chris dieron un paseo hasta el castillo de Sandown, en la ciudad de Cowes. Melanie se quedó sin habla. Oyó cómo Chris le contaba la historia del castillo. Había sido construido como una fortaleza para proteger Inglaterra de una posible invasión por parte de España y Francia tras el divorcio del Rey Enrique VIII de Catalina de Aragón.
-La firma de la Paz de Niza entre España y Francia alimentó esos temores-le contó Chris.
                La puerta del castillo estaba abierta. La pareja penetró en su interior.
-¡Es hermoso!-exclamó Melanie-Y muy grande...
                Aquella semana había sido la más feliz de sus vidas. Chris recordaba cada beso que le había robado a Melanie. Cada vez que sus manos habían cogido las manos de la joven. El perfume de su pelo... Sus brazos que la abrazaban. Cada momento que los dos habían compartido.
               Y Melanie, mientras, se preguntaba qué era lo que debía de hacer a continuación. Chris se le había declarado, pero ella era incapaz de dar un paso. No quería sufrir como había sufrido su madre. Había visto a Kate consumirse por culpa del desamor de sir Marcus.
-Eso también puede pasarme a mí-pensaba Melanie-¡No quiero sufrir como ha sufrido mi pobre madre!



-¿Qué te parece por dentro?-le preguntó Chris.
-Nunca antes había visto nada semejante-respondió Melanie-Mi madre, a veces, me contaba cuentos de Príncipes y de Princesas. Y yo me imaginaba cómo serían los castillos en los que vivían. Fantaseaba con la idea de vivir en un castillo.
                 Melanie caminaba por delante de Chris. Los dos estaban solos en el castillo, que hacía mucho que estaba deshabitado. Los pasos de ambos retumbaban.
                 Melanie contemplaba con fascinación los cuadros que estaban colgados de las paredes. Los tapices que adornaban aquel lugar le permitían imaginarse cómo habría sido la vida allí. Imaginaba grandes banquetes. Imaginaba magníficos torneos de lanzas y de justas. Enrique VIII y Ana Bolena habían estado en aquel lugar, pensó Melanie.
-Los franceses intentaron invadir Inglaterra-le contó Chris-Frente a este castillo, tuvo lugar una feroz batalla entre el Ejército inglés y el Ejército francés.
                Melanie empezó a subir por la escalera. El polvo se amontonaba en los muebles. Había telarañas cubriendo las paredes. Pero parecía que el tiempo no había pasado por aquel lugar.
-Este lugar es muy viejo-le dijo Chris a Melanie-Estamos en uno de los castillos del Rey Enrique. El castillo de Sandown...
-¡Es precioso!-exclamó Melanie.
-Dos siglos de vida tiene.
-Nunca antes había venido a este lugar-le confesó la muchacha-Mi madre rara vez me deja salir sola de casa. Excepto cuando cuido a enfermos. Soy voluntaria en el Hospital de la Caridad. No hago mucho. Paso pañuelos mojados en agua por la cara de los pacientes. Intento animarles. Pero se me da mal lo de animar a los demás.
-¿Cuidas a enfermos?
-Sí...Pero no puedo hacer nada por ellos.
-Les das consuelo. Les das cariño. Creo que haces mucho por esa gente.
-Eres muy amable.
                Durante el trayecto, Chris había observado con preocupación cómo el cielo empezaba a cubrirse de negros nubarrones. El entusiasmo que mostraba Melanie por aquella excursión le hizo seguir adelante. Al llegar al primer piso, un enorme estruendo retumbó en todo el castillo.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Melanie, nerviosa.
               Después, oyó cómo el agua empezaba a caer. Caía con mucha fuerza.
-Ha sido un trueno-respondió Chris.
                Se asomó a una ventana.
-No podemos regresar-le informó a Melanie-Ha empezado a llover. Tendremos que quedarnos aquí a pasar la noche.
                La joven se sobresaltó al escuchar aquellas palabras. Se iba a quedar a pasar la noche en aquel castillo. Lejos de Berkley Manor...Y con Chris...


viernes, 3 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Una bomba de relojería está a punto de estallar en la casa de Melanie después de que sir Marcus hablara ayer con Anne. ¿Cuál será la reacción de Kate?

                  Los remordimientos le acosaban.
                  Sir Marcus creía que no era capaz de sentir remordimientos. Había obrado siempre a su antojo.
                  No había medido las consecuencias de sus actos.
                   No le había importado destrozarle el corazón a Kate.
                  Su enfermedad le había cambiado. Le había hecho mirar en su interior. Le había hecho recordar sus acciones pasadas. Se revolvió en el estrecho jergón en el que dormía. Estaba soñando.
-¡Marcus!-chilló la voz desgarrada de una mujer-¡No te vayas! ¡No me dejes!
                 Sir Marcus se despertó con el corazón latiéndole muy deprisa. Había jurado escuchar en sueños la voz de Kate. Era la voz de su esposa que le imploraba que no la dejara. Sir Marcus se sentó en la cama. Estaba empapado en sudor. 
-Katie...-susurró. 
                Los remordimientos le hacían obrar de aquel modo. Remordimientos porque no se había portado bien con ella. Le dolía mucho el pecho aquella noche. Sentía que le faltaba el aire. 
                Kate había sido una belleza cuando la conoció. Sir Marcus se sintió atraído por ella. Posiblemente, Kate no poseía la clase de belleza que estaba empezando a ponerse de moda en aquella época. Y su personalidad era fuerte hasta que apareció aquel hombre en su vida. Melanie no se parecía en nada a ella porque la chica tenía los ojos azules. En cambio, Kate tenía los ojos de color verde esmeralda y estaban moteados de ámbar. Sus ojos tenían una curiosa forma almendrada que también tenían sus hijas. Su cabello era rojo y estaba rizado de manera natural. Hasta donde sir Marcus recordaba, Melanie era rubia. La piel de Kate era blanca como la leche. Pero había unas cuantas pecas salpicando alegremente su naricita. Su boca era roja como una frambuesa. Y era, además, carnosa. 
               Era imposible no fijarse en ella. 
               Sir Marcus se levantó de la cama. 
               No podía seguir acostado. 
               El encuentro con Anne le había afectado. Le había dolido comprobar que su hija no sabía quién era él. 
                Posiblemente, Kate no le hablaba de él. O, a lo mejor, le hablaba mal de él. 
                ¿Acaso podía echárselo en cara? Sir Marcus se hundió. Merecía el desprecio de sus hijas. ¿Qué estoy haciendo aquí?, se preguntó así mismo. Empezó a toser. Buscó un pañuelo. 
                Se había portado como un cerdo con Kate. Se sentó en la cama apartó el pañuelo de su boca. Lo miró a la luz de la luna. Pequeñas manchas de sangre salpicaban la tela de color blanco de hilo fino. Aquellas manchas de sangre iban en aumento. El médico se lo había dicho. Estaba condenado. No podía hacer más nada por él. Tantos años de exceso le estaban pasando factura. Por favor, Señor, rezó sir Marcus. No quiero morir sin haber visto antes a mis hijas. No me quiero morir sin saber que ellas me perdonan.

                   

-Confieso que no me gustaría estar en esa mansión-admitió Kate-Compadezco a la pobre duquesa. Tiene que ser muy triste perder a un hijo. Sobre todo, cuando es un hijo tan pequeño. Y de una manera tan rápida...E inesperada...
-¿Por qué no te gustaría hacerle una visita?-inquirió Regina.
-Porque me traería malos recuerdos a la cabeza.
               Kate optó por no seguir hablando. Su hija menor estaba delante. En opinión de Kate, había ciertas cosas que era mejor no hablar delante de una niña.
-Vamos a cambiar de tema-decidió Regina, dándose cuenta de lo que estaba pensando su sobrina-Y vamos a empezar a planificar lo que vamos a hacer este fin de semana. ¡Ya es viernes!    
            Kate se fijó en que Anne no atacaba con entusiasmo sus tostadas untadas con mermelada de frambuesa, tal y como tenía costumbre hacer.
-¿Te duele algo, cariño?-le preguntó.
-No, mamá-respondió Anne-Estoy bien.
-Pero te noto preocupada, Annie.
                  Tía Regina bebió un sorbo de su taza de café. También ella se había percatado de que Anne estaba rara.
-¿Te has peleado con alguna de tus amigas?-quiso saber la mujer.
                 Anne negó con la cabeza. Le dio un mordisco desganado a su tostada. Pensaba una y otra vez en el hombre que había visto la tarde antes en el jardín. Aquel hombre se llamaba igual que su padre. Incluso, parecía conocer su nombre.
-No sé si lo puedo contar-dijo Anne.
-¿El qué no puedes contar?-se extrañó Regina.
-Annie, puedes contarnos lo que sea-la invitó Kate-¿Qué ha ocurrido, cariño?
               Anne decidió sincerarse.
-Ayer, vino un hombre-atacó la niña.
-¿Un hombre?-se extrañó Kate.
                 Regina estuvo a punto de atragantarse con el café.
                 Anne asintió con vehemencia.
-Sabía cómo me llamo-le explicó a su madre-Me llamó Annie. ¡Y es la primera vez que lo veía, mami!
                 Kate vio cómo su tía se ponía muy pálida. Una sospecha empezó a nacer en su corazón.
-¿Qué fue lo que te dijo ese hombre?-inquirió la mujer.
-Se llama Marcus-contestó Anne-Igual que mi padre...
               Kate se puso blanca como la cera. Igual que Regina...
-Mamá, ¿estás bien?-le preguntó Anne.
               Kate tenía la sensación de que el comedor daba vueltas. Regina sintió que su corazón empezaba a latir con furia dentro de su pecho. Maldijo a sir Marcus. Aquel hombre se había colado en su casa. ¡Y había tenido la osadía de hablar con Anne!
-Annie, cariño, termina de comerte las tostadas-le pidió Regina a la niña-Se te está haciendo tarde.
-Se ha puesto blanca-observó Anne, con preocupación-¿Qué le ocurre? Es por lo que he dicho. ¿Verdad? ¿Quién era ese hombre?
-Sólo se ha mareado un poco. No te preocupes. Se le pasará. Me quedo aquí cuidando de ella. ¡Y no pienses más en ese hombre! Ya me encargaré yo de que no se acerque a ti. Es malo. Ahora, vete a clase. Ya te lo contaré todo cuando vuelvas.

                    La criada criada recostó a Kate en el sofá. La otra criada que tenían le pasó un pañuelo empapado en colonia por la cara. Hablaron de ir a buscar al médico. Kate no se había desmayado. Pero le faltaba poco para hacerlo. Estaba blanca como la cera. No dejaba de temblar. Regina estaba de rodillas a su lado. Le cogía la mano y se la frotaba.
-¡Vamos, Katie!-la instó-No es el momento de desmayarte, querida.
-Marcus...-murmuró Kate.
                   Regina se puso tensa. A Kate le había costado una vida olvidar a aquel miserable. ¡Pero había tenido que regresar sólo para hacerla sufrir a ella y a las niñas! Si se acerca de nuevo a esta casa, lo mato, se juró Regina en silencio. Sir Marcus no iba a acercarse a su familia. No volvería a hacerle daño a su sobrina.



-¿Dónde está Annie?-preguntó Kate.
-Se ha ido a clase-respondió Regina.
                   Kate se sentó en el sofá. Tenía la sensación de que iba a vomitar el desayuno. ¡Sir Marcus había vuelto a la isla! En otro momento, Kate se habría puesto muy contenta. Pero conocía demasiado bien a su marido como para alegrarse.
-No quiero que se acerque a mis hijas-afirmó-¡Tía, no lo permitas! ¡Seguro que quiere hacerles daño!
-¿No quieres volver a verle?-inquirió Regina.
-En otro momento, me habría arrojado a sus brazos sin dudarlo. Pero...No quiero saber nada de él. ¡Y no quiero que mis hijas sepan nada de él!
                   Regina se alegró de oír hablar así a su sobrina. Kate había decidido pasar página en su vida. Ayudó a Kate a sentarse en el sofá.
-Estás haciendo lo correcto, cariño-afirmó Regina.
-Me gustaría creerlo-suspiró Kate.
                    Cruzó las manos con nerviosismo sobre su regazo.
                  De pronto, miró a su tía. Tenía la sensación de que Regina le estaba ocultando algo.
-Tú lo sabías-comentó.
                 No se trataba de una acusación. Era, más bien, una observación.
-Sí, querida-admitió Regina-Lo sabía. Lo sé desde hace unos días.
-¿Y por qué no me has dicho nada?-la interrogó Kate-¿Qué era lo que pensabas? ¿Que me iba a ir con él?
-Hasta hace poco, tu mayor deseo era volver al lado de ese hijo de perra.
-Ya no quiero saber nada de él.
-Eso es lo que dices ahora. Pero en el corazón no se manda. Tu marido ha regresado. ¡Dios sabe el porqué lo ha hecho! Lo estará persiguiendo el marido de alguna de sus amantes. O no tendrá dinero. O querrá quitarte a las niñas.
-¿Puede hacerme eso?
                   Regina negó con la cabeza. Tenía que admitir que sir Marcus estaba hecho un esqueleto andante.
-No lo creo-admitió la mujer-Pero te pido que tengas cuidado. No quiero que te haga daño.
-No me hará daño-le prometió Kate.
                  Regina no estaba tan segura. Había hablado con ella. Había hablado con Anne. Sir Marcus no se detendría hasta conseguir hablar con Kate. ¡Y sabía Dios lo que podría pasar en aquel encuentro!
-Evítale a toda costa-le aconsejó a su sobrina-No dejes que se acerque a Annie. Y yo me encargaré de que no vuelva a traspasar la verja del jardín.
-Así lo haré, tía-le aseguró Kate. 

jueves, 2 de mayo de 2013

BERKLEY MANOR (EDITADO)

Hola a todos.
Hoy, después de un parón por el puente, continuamos con Berkley Manor. 
Este fragmento corresponde al encuentro entre sir Marcus y Anne. ¿Qué pasará?

                      La puerta de la verja del jardín estaba entreabierta. Sir Marcus vio, a través de las rejas, cómo Anne correteaba de un lado a otro del jardín. Estaba jugando al volante. Una amiga suya quería enseñarle a jugar a este juego. Anne estaba practicando por su cuenta para darle una sorpresa. De esta manera, se enfrentarían en un partido. Y Anne tendría alguna ventaja, porque su amiga sabía mejor que ella jugar al volante.
                   Sir Marcus no veía que hubiera nadie con ella. La niña estaba sola. No supo porqué decidió entrar.
                    Normalmente, se habría echado para atrás.
                    Sin embargo, la debilidad, de alguna forma, le confería nuevas fuerzas. Quería despedirse de Anne.



                    La niña se sobresaltó al darse cuenta de que no estaba sola. Ante ella se encontraba un hombre que iba todo vestido de negro. Estaba pálido y ojeroso. La miraba de un modo que a Anne le resultó extraño.
-Hola...-le saludó.
-Hola, Annie-le devolvió el saludo sir Marcus.
-¿Cómo sabe mi nombre?
               Un nudo se formó en la garganta de sir Marcus. ¡Qué alta que estaba Anne! Se la veía una niña alegre y sana. Una niña que había crecido feliz sin su padre.
-Porque lo sé todo sobre ti. Sé que vives en esta casa. Que vives con tu mamá y con tu tía Reggie. Y que tienes una hermana mayor.
-Sí...Melly...Pero no está en casa. Partió hace unos días. No sé cuándo volverá.
                   Sir Marcus se sintió frustrado. Le habría gustado ver de nuevo a Melanie. ¿Se acordaría de él? Su hija tenía siete años cuando la abandonó sin mirar atrás. Y Anne no le reconocía. Era tan sólo un bebé cuando él se marchó definitivamente a Londres.
                   Se fijó más en Anne. Desde luego, la niña era la que más se parecía a él porque los dos tenían el mismo color de pelo y los mismos ojos. Melanie había salido a la familia de Kate por la rama paterna. Pero también tenía algo del padre de sir Marcus.
-Es una pena-dijo el hombre.
                   En los últimos días, sir Marcus se había imaginado cómo sería su encuentro con sus dos hijas y creía que ninguna de las dos querría saber nada de él.
-Mi madre dice que Melly regresará casada-le contó Anne-Adonde ha ido va la gente a hacer buenos matrimonios. Al menos...Eso es lo que dice mi madre.
-Entiendo.
-¿Quién es usted?-quiso saber Anne.
-¡Qué falta de educación! No me he presentado. Me llamo Marcus-contestó el hombre.
-Es curioso. Mi padre también se llama Marcus.
-Y...¿Dónde está tu padre, pequeña?
                   Anne se encogió de hombros.
-Mi madre dice que está en Londres-contestó-No lo sé. No le conozco. Nos abandonó cuando yo era un bebé. A decir verdad, casi me alegro de no conocerle.
-Dios mío...-susurró sir Marcus.
                    Los grandes ojos de Anne parecían escrutar al hombre que tenía delante de ella. No parecía sentir miedo de él. Algo en su interior le decía que podía estar tranquila. No sabía el porqué lo sentía así. Sir Marcus contuvo las ganas que tenía de echarse a llorar. De haber podido dar marcha atrás, habría intentado ser un buen padre. No habría abandonado nunca a sus hijas. Deseó con todas sus fuerzas poder abrazar a Anne. Estrechar entre sus brazos a Melanie. Pedirles perdón.
-Mi tía Reggie dice que no nos quería-prosiguió Anne.
-Tu tía Reggie se equivoca-replicó sir Marcus.
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que tu padre era un hombre que no sabía lo que quería. Que pensaba que la vida era eterna. Que se divertía mucho. Que era un irresponsable. Pero que se ha dado cuenta de lo que de verdad importa. Y se siente mal porque ha perdido mucho tiempo. La vida es demasiado hermosa, Annie. No vale la pena destrozarla.
-¿Por qué dice eso? ¿Conoce a mi padre?
                   Al hombre se le formó un nudo en la garganta.
                   Sus ojos se llenaron de lágrimas. Apenas pudo reprimirlas.
                   Mi hija, pensó. Y no me conoce. ¿Qué es lo que le habrán contado de mí? ¡La verdad!
                   Abrió la boca para decir algo. Quería confesarle la verdad a Anne. Quería decirle que él era su padre.
-¡Annie!-oyó una voz que la llamaba-¡Es ya la hora del té!
                    Sir Marcus se estremeció al escuchar aquella voz. Era la voz de Kate. Habían pasado diez años. Pero la recordaba con total nitidez.
-Mi madre me está llamando-dijo Anne-¿Quiere pasar dentro y conocerla? A ella le gusta conocer a gente que sepa cosas de mi padre.
-No puedo, Annie-se disculpó sir Marcus-Tal vez...En otro momento...
                   Salió corriendo.
                  Abandonó el jardín dejando a Anne atónita.
                   Se dijo así mismo que era un cobarde. Pero no era capaz de mirar a Kate a la cara después de todo el daño que le había hecho. Se había burlado de las cartas de amor desesperadas que su mujer le había escrito.
                  ¿Cómo podía presentarse ante ella e implorarle perdón?
                   Mientras tanto, Anne entró en la casa. Miraba una y otra vez hacia atrás. Hacia el jardín...El hombre que había visto antes se había ido. ¿Quién sería?, se preguntó.
-Ya no está-le dijo a la criada que le abrió la puerta.
-¿A quién te refieres, niña?-inquirió la criada.
                   Anne no supo qué contestar.