lunes, 27 de julio de 2015

ILUSIONES ROTAS

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Ilusiones rotas. 
Veamos qué ocurre.

                                  Verse a escondidas en un lugar donde vivía tan poca gente les parecía una temeridad.
-Mistress Karen y mi madre no tardarán en enterarse-le comentaba con cierto temor Sophie-No lo aceptarán.
                                Estaban tumbados en el suelo, sobre la hierba. Lo bueno de vivir en aquella isla era que estaba repleta de árboles. Nadie podía distinguir el lugar donde se encontraban.
                                Alexander miró con dulzura a Sophie.
                              La estrechó con fuerza entre sus brazos.
-Ya se ha pasado de moda la época donde dos enamorados se fugaban a Gretna Green a casarse-bromeó-Ahora, es más fácil. Basta con ir al juzgado de Reading.
-Aún así, seguiría siendo un escándalo-se lamentó Sophie.
                              Ninguna de las dos aceptaría aquella relación de buen grado. Sophie tenía la sensación de que aquella historia iba a tener un final trágico. Como solía ocurrir en las radionovelas que solía escuchar mistress Karen con aire distraído. Sin embargo, a pesar de todo, no podía evitar sentirse feliz.
                            Incluso, el río Támesis, a su paso por aquella pequeña isla, parecía susurrar que debía de alejarse lo antes posible de Alexander.
                             Pensaba en lo bonito que sería tener entre sus brazos a un hijo de Alexander y se recriminó por tener tales pensamientos.
                            De quedarte embarazada de él, acabarías de patitas en la calle, pensó.
                            Sin embargo, Alexander la estaba besando con pasión en los labios y Sophie se dejó llevar.
                           Se dejó arrastrar por sus sentimientos cuando llenó de besos su rostro.
                           Mistress Karen estaba asomada a la ventana.
                           Sabía, por lo que los vecinos le habían contado, la clase de escena que había tenido lugar en aquel lugar entre Sophie y Alexander.
                             Debió de haber sospechado algo. Pero no supo nada hasta que Alexander fue obligado a partir al frente. Entonces, una aterrorizada Sophie le confesó que estaba esperando un hijo suyo.
                          Mistress Karen no era quién para juzgar los actos de nadie.
-Te ayudaremos en todo lo que podamos-le prometió a la asustada joven-Vas a dar a luz al heredero de esta mansión.
                           Era lo único que les quedaba: la mansión.
                           Su hijastra se encargó de dilapidar la fortuna familiar. Mistress Karen sintió cómo la bilis le subía por la garganta. Trató de llamarla por teléfono a su última dirección. Vivía en Slough. Pero la muy maldita no le cogió el teléfono.
                          Todavía no sabía que su único hijo estaba muerto y que su único nieto no había llegado a nacer.
                          Mistress Karen sabía lo que era perder a un hijo. Las lágrimas rodaron sin control por sus mejillas.



-Hermana...-la llamó Zayra.
                       Acababa de entrar en el salón. Venía de visitar la tumba de Sophie y de su nieto. Alexander había sido enterrado días antes a su lado.
                       Mistress Karen no se sentía con fuerzas para visitar la tumba del joven.
-Pasas mucho tiempo sola-observó Zayra.
-Tan sólo quiero recordarles-alegó mistress Karen.
                        Zayra supo que se estaba refiriendo a Sophie y a Alexander.
-Se amaban-añadió mistress Karen con tristeza.
-Ahora, sé lo mucho que se amaban-se lamentó Zayra.
-Pero no pudieron ser felices. No sé quién tuvo la culpa. Ya eso no importa. Sólo sé que están juntos para siempre. Aunque sea así.

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